LA DOCTRINA DE LA NEUTRALIDAD ACTIVA

La Argentina no habría votado una declaración unilateral redactada por Israel y sus aliados. Por igual razón no votó por la de Palestina y los suyos.

Las amenazas a la paz mundial son hoy muy distintas de las que existieron desde el fin de la Segunda Guerra mundial hasta el colapso de la Unión Soviética. En ese período era casi imposible ser neutral. Es que la Guerra Fría no se limitaba al expansionismo territorial y la carrera armamentística. Lo que estaba dirimiéndose, por detrás del afán imperial de dos superpotencias, era el tipo de organización social que tendrían los países en el futuro, según se impusiera una u otra. El conflicto era universal. Naciones Unidas y sus varios organismos habían nacido para promover la paz, pero la guerra latente estaba dentro de ellas mismas. Resuelta aquella feroz competencia a favor del capitalismo, hoy no hay una amenaza universal a la paz. Estados Unidos, Rusia, China, tienen competencias no exentas de riesgos pero el mundo tiene en el presente una notoria estabilidad.

Las amenazas a la paz son focales. Y la mayoría no tiene raíz económica sino cultural, como es el caso de los conflictos nacidos de regionalismos o religiones antagónicas. Es lo que ocurre en Medio Oriente, que también era un área convulsionada en tiempos de la Guerra Fría, pero que ahora se ha convertido en epicentro de guerras de las que nacen terrorismos. Esos conflictos afectan en principio a un número de Estados miembros, pero no a la mayoría de los 193 que componen la Naciones Unidas. Esa mayoría tiene la posibilidad (y el deber) de construir puentes entre los beligerantes. Sobre todo en un órgano como la UNESCO, dedicado a la educación, la ciencia y la cultura, ámbito ideal para el “diálogo de civilizaciones”.

Sin embargo, los estados miembros se plantean con frecuencia, ante un conflicto focal, si deben apoyar a una parte o a la otra. No es lo que corresponde. Como tampoco corresponde abstenerse en una votación, sólo para sacarse el problema de encima y olvidarse de él hasta que haya que votar de nuevo. La Argentina propuso la semana pasada, en la UNESCO, el Principio de la Neutralidad Activa, que consiste en no tomar partido en un conflicto, pero desarrollar incesantemente un esfuerzo silencioso y pragmático por promover el diálogo y el entendimiento entre Estados miembros enfrentados. Ese principio fue puesto en práctica el jueves último en París.

La organización debía apoyar o no un proyecto de resolución, “Palestina ocupada”, redactado por un grupo de países árabes, que contenía graves acusaciones sobre la discriminación y la violencia que Israel estaría ejerciendo, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, contra los fieles musulmanes y sus sitios sagrados. La posición argentina fue tajante: “Nosotros no votaríamos a favor de un proyecto unilateral, redactado por Israel y sus aliados con ataques a Palestina. Por exactamente las mismas razones, no podemos votar un proyecto unilateral, de iguales características, redactado por Palestina y los suyos”. La delegación argentina reclamó que Israel acepte la visita de una comisión técnica que verifique las condiciones en las que viven los palestinos.

Este es un viejo proyecto de la UNESCO, al que Israel se opone por temor a caer en una trampa, sometiéndose a una visita politizada que sólo sirva para propaganda de sus oponentes. La Argentina propuso y ofreció integrar un grupo de embajadores ante la UNESCO –cada uno de los cuales debería ser aceptado por israelíes y palestinos—que acompañe a la Comisión como garantía de que ella no sea utilizada con fines políticos. El país se abstuvo de tomar parte en la disputa y planteó un curso de acción, ofreciéndose a sí mismo para seguirlo. Se trata de neutralidad y acción.

En una carta de fecha 14 de junio de 2016, la Delegación Permanente de Palestina ante la UNESCO expresó su preocupación por los obstáculos que, según las informaciones, limitaban la libertad de acceso a la mezquita de al-Aqsa/al-H aram al-Shari¯f. La Secretaría envió estos informes a la Delegación Permanente de Israel ante la UNESCO, solicitando más información. En una carta de 28 de julio de 2016, la Delegación Permanente de Israel ante la UNESCO respondió a la Secretaría que la información no era fidedigna.

Cuando hay dos o más Estados miembros enfrentados, la mayoría no involucrada debe com- prometerse a promover el diálogo sistemático con ambas partes, en búsqueda de, como mínimo, una aminoración del conflicto. Nosotros no votaríamos a favor de un proyecto de resolución redactado por Israel y sus aliados. Por exactamente las mismas razones, no podemos votar un proyecto redactado por Palestina y los suyos. Pero cuando hay fuertes enconos, las partes suelen juzgar así: “El que no está conmigo está contra mí”. Y cuando, en un ámbito como éste, esperan un voto favorable, consideran que la abstención equivale al “no”.

No es así. La neutralidad, si es activa, puede beneficiar a ambas partes. En el caso que nos ocupa creemos que una visita de la Comisión de Monitoreo Reactivo de la UNESCO podría proveer elementos objetivos, que nos permitirían salir del estancamiento en el que nos encontramos, sometidos al cruce de versiones opuestas de uno y otro contendiente. Israel tiene temor de que la visita se politice y sea indebidamente utilizada por su contraparte. La Argentina propone y ofrece integrar un grupo de embajadores ante la UNESCO –cada uno aceptado por ambas partes—que acompañe a la Comisión como garantía de que ella no sea utilizada con fines políticos sino que cumpla estrictamente su misión de verificar el estado del patrimonio y las amenazas a las que puede estar sujeto. Esta propuesta es una manifestación de la neutralidad activa que defendemos.

Rodolfo Terragno (Clarín, 16/10)

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