LOS MISILES DE MALVINAS Y LA POLITICA DE HUMILLACION

Frente a los ejercicios con misiles desde las Malvinas, anunciados por los ingleses, cabe hacer algunas reflexiones.

A.UNA PERSPECTIVA HISTORICA
Bertrand Badie, especialista francés en relaciones internacionales, afirma que el mundo globalizado que nos toca vivir promueve la política de la humillación de los países débiles, practicada por quienes tienen un mayor poder.
Su análisis parte del mundo de principios del siglo XIX, momento en que los Estados que interactuaban mediante la cooperación, el comercio o la guerra, lo hacían considerándose, en el fondo, iguales. Una muestra de esto es el Congreso de Viena de 1815, que da por terminada la convulsión político-militar provocada en el mundo europeo por Napoleón. La Francia derrotada se sienta a la mesa y participa de los arreglos que establecen el nuevo mapa de Europa.
Más adelante en el siglo XIX comienza otra política, la de la humillación del más débil. Ejemplos de esto son la guerra del opio, en la que las poderosas Inglaterra y Francia obligan a la China a comprar el opio producido por la colonia británica de la India, o la instauración del Imperio Alemán al final de la guerra franco-prusiana de 1870, ocasión en la que el nuevo emperador alemán es coronado en Versailles, para humillar a la derrotada Francia. Alemania, a su vez, recibe su cuota de humillación cuando, perdedora de la primera guerra mundial, es excluída de la mesa de negociación de Versailles y es obligada a aceptar las durísimas condiciones impuestas por los vencedores. Dicho sea de paso, estas condiciones humillantes, lejos de ser exitosas, conducen al rearme alemán impulsado por Adolf Hitler.
Según Bertrand Badie, en un análisis muy certero, el mundo posterior a la guerra fría y el bipolarismo Estados Unidos – Unión Soviética está lleno de ejemplos de humillación.
Para explicar de modo sencillo esta teoría cabría recordar la máxima que, en la clásica novela “Rebelión en la granja” pone George Orwell en boca de los dominantes cerdos: “Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”. Demostración palmaria de esto es la organización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en el que cinco países tiene derecho a veto en las cuestiones atinentes a la paz y la guerra en el mundo.

B. QUÉ HACER
Frente a ese mundo desigual, en el que humillar a los Estados más débiles es un juego habitual, pueden adoptarse varias posiciones.
La primera: creer que si “somos buenos” los grandes nos van a querer. Es la actitud típica de los nuevos gobiernos, que después de períodos de aislamiento internacional, intentan “hacer buena letra”. Este es el caso de Alfonsín, por ejemplo, que creyó que los socialdemócratas europeos, que veían a su gobierno con simpatía, iban a ayudarnos a solucionar la pesada deuda que nos había dejado la inmoral e ineficiente dictadura militar. La respuesta, en términos prácticos, fue: la nueva Argentina nos resulta simpática, paguen su deuda y después hablamos. Con muy pocas excepciones, la ayuda europea fue igual a cero. Lo mismo está ocurriendo ahora, en el gobierno de Mauricio Macri. Después de las sonrisas de simpatía con que acogen a nuestro novel gobierno – ya no tan novel – el mensaje no puede ser más claro: paguen lo que deben y luego veremos.
La segunda actitud frentre a “los grandes” y humilladores es la de “mojarles la oreja”, como hizo nuestro canciller Héctor Timerman, frente a un envío presumiblemente indebido que pretendía introducir la embajada de Estados Unidos. Timerman no se limitó a rechazarlo, lo cual habría sido lógico y legal, sino que, munido de un temible cortaplumas concurrió personalmente a Ezeiza a abrir los paquetes cuestionados, pretendiendo humillar al gigante del Norte, que miraba socarronamente. Igualito a Galtieri cuando amenazó al principito inglés.
Ahora estamos frente a otro episodio de inútil intento de seducción: luego de acordar un horroroso Comunicado Conjunto para congraciarnos con el invasor de nuestras islas (septiembre 2016), este nos responde haciendo prácticas con sus misiles en nuestras aguas, diciéndonos con la característica flema del imperio decadente: la pérfida Albión no considera a la Argentina un interlocutor serio. Por más que ahora nos prometa todo lo que queremos, nosotros no cambiamos ni cambiaremos.
Por suerte, hay una “tercera vía”: hacerles, en paz y con tranquilidad, la vida difícil a los usurpadores. Esto, por supuesto, no es fácil. Pasa por construir una verdadera fuerza económica y política en la región. Esto tiene, en la práctica, un nombre: consolidar el MERCOSUR, en lugar de diluirnos en un vago acuerdo Transpacífico diseñado para favorecer a Estados Unidos y quebrar la cohesión regional. No ayudaría, tampoco, promover alternativas retóricas a la integración económica que plantea el Mercosur, como hicieron, vía la declamatoria UNASUR, nuestros hipernacionalistas ministros y viceministros del pasado, que resultaron funcionales al Imperio del Norte.
Sin agresiones ni excesos verborrágicos, tomar el ejemplo de los mejores años del gobierno de Lula que, sin alharacas, se plantó en más de una ocasión frente a las pretensiones norteamericanas. Si, en vez de Brasil o Argentina solos, existiera una verdadera posición regional común, la resistencia frente a posibles humillaciones sería mucho mayor. Un ejemplo de esto: ¿Se atrevería alguien, hoy, a humillar a la poderosa China, como lo hicieron en el Siglo XIX en la guerra del opio?
En concreto, con respecto a las Malvinas: un acuerdo regional amplio tendría la virtud de hacer más difícil la vida de los guapos usurpadores ingleses: nada de vuelos con escala en Chile o Brasil, nada de reabastecimiento de buques en Montevideo. Un acuerdo regional en serio, un MERCOSUR fortalecido, haría la vida más difícil a los usurpadores de nuestras islas.
El día en que tengan que viajar a Londres para comprar cigarrillos, nos mirarán con más respeto.

VICTORIO TACCETTI octubre 2016
Nota: Bertrand Badie dictó recientemente una conferencia en la Universidad Nacional de Tres de Febrero, para referirse a su nuevo libro “El tiempo de los humillados” (Buenos Aires, EDUNTREF, 2016)

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