GUÍA PARA LEER EL MUNDO QUE VIENE

La complejidad de la política mundial, la volatilidad de la economía internacional y el exceso de información obligan a actualizar permanentemente los diagnósticos. Se trata entonces de jerarquizar los temas de la agenda internacional, colocando el cursor sobre las cuestiones más relevantes que permiten identificar tendencias y escenarios.
Decididamente se destacarán, en el último bimestre del 2016, el resultado de las elecciones norteamericanas y los anuncios que provendrán de la cúpula del poder chino. Las encuestas marcan en los EE.UU. una ventaja apreciable para los demócratas, pero ¿cuán válidos son estos instrumentos en sociedades crecientemente inclinadas a elegir en base a pasiones y no en función de razones?
Las implicancias de un triunfo de Donald Trump son casi imposibles de evaluar. En el mundo de “la post-verdad”, donde se miente en campaña, el candidato puede luego no cumplir lo que prometió. Pero más allá de los detalles, lo cierto es que si cumple, Pekín y Moscú festejarán, y quienes manejan grandes activos verán evaporar en segundos una parte apreciable de sus riquezas.
Lo que parecía impensable podría corporizarse: la retirada norteamericana del mundo. Algo parecido a lo que sucedió en China en el siglo XV. En pleno liderazgo de las comunicaciones marítimas, un nuevo Emperador decidió destruir flotas y astilleros. España y Portugal se hicieron cargo de esa fase temprana de la globalización.
El mundo de Hillary Clinton obligadamente será distinto al de Obama. Ella no asumirá cargando una herencia como la que legó Bush en el 2008. La economía norteamericana está sólida, lo que está mal es la política. Internamente un sector de la sociedad entiende que la globalización económica la ha perjudicado, y no deja de tener razón. Externamente, Washington no podrá ignorar dos realidades: China desafía su liderazgo económico mundial y Rusia la provoca en el espacio de la seguridad.
La respuesta económica pasará por más gasto público, por ejemplo, en infraestructura. Externamente, la nueva habitante de la Casa Blanca debería matizar su discurso, que para satisfacer a los seguidores del senador Sanders la llevó a distanciarse de sus creencias pro libre comercio. Ella sabe que los muros no protegen, encierran.
En materia política los cambios que puede impulsar Hillary irán en el sentido de tratar de recuperar liderazgo. Seguramente enviará algunas señales de cambio en la dimensión de la seguridad internacional. La Presidenta estaría obligada a “verticalizar” a sus aliados aplicando una política de “smart power”, donde confluyen “hard y soft power”. Las geografías donde podría experimentarse esta nueva política son dos: Asia (¿castigo a Corea del Norte con mensaje a Pekín incluido?) y Oriente Medio (¿mensaje a los autócratas asiáticos- Putin y Erdogan- y al fundamentalismo político?).
En China, el año culmina con dos grandes interrogantes. Contra usos y costumbres, todavía no se conoce la conformación de la nueva cúpula del Partido Comunista. El presidente Xi Jinping tiene garantizado un nuevo período, pero ya se debería estar sabiendo quiénes lo acompañarán. De ese núcleo debería surgir su futuro sucesor. Algunos observadores conjeturan que la regla de la “circulación de las élites” podría no cumplirse. Xi estaría pensando romper con la política de sólo una reelección, una garantía que se estableció para impedir el advenimiento de un “nuevo Mao”.
Lo cierto es que algunas señales confluyen en ese escenario: con el pretexto de luchar contra la corrupción en el Partido, la “limpieza interna” no cesa mientras se profundiza la represión contra los opositores. Menos Marx, más Confucio y creciente apelación al nacionalismo constituyen el tríptico de un Presidente lanzado a poner en valor el capital económico al servicio de ambiciones externas que van en un sentido: China en materia de orden internacional es reformista y revolucionaria al mismo tiempo.
El tema es la sustentabilidad del modelo económico. Un reciente Informe de “Economist Intelligence Unit” alude a ese punto: el riesgo de un “hard landing” sería cada vez más probable, pronostica que la economía china crecerá un 6% en el 2017 y 4,2% en el 2018. Si estos escenarios se confirman las implicancias globales serían enormes.
En un nivel inferior se destaca el renacimiento del conflicto entre clases sociales. En paralelo a las desigualdades crecientes, en el mundo desarrollado el descontento de las clases medias bajas crea demandas que no satisface la socialdemocracia. Sin “ascensor social” estas clases votan populismos de derecha, los regímenes políticos crujen y las democracias pierden calidad. En Europa esa realidad impregna elecciones y referéndums, peligro en Italia en el próximo diciembre. En América Latina, el colapso del populismo también llevará a redefinir el formato de las fuerzas de izquierda.
Finalmente, para la Argentina el gran interrogante es Brasil. ¿Podrá el gobierno de Michel Temer ejecutar el ajuste en el que está empeñado? Sin él, nuestra salida económica se retrasará y puede emerger un escenario de turbulencias políticas inmanejables en la región. ¿Venezuela, Colombia?

Carlos Pérez Llana (Clarín)

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