ESTADOS UNIDOS SE VUELCA HACIA ADENTRO

EE.UU. se vuelca hacia adentro. Este giro estratégico lo fija la prioridad que adquirió recuperar el crecimiento económico, cuando la expansión desde julio de 2009 ha sido de 2,2% por año y cayó a 1,1% en los primeros 6 meses de 2016. La tasa de crecimiento potencial disminuyó a 1,2% anual, una perspectiva depresiva de largo plazo.
Esta es la única forma de enfrentar el principal desafío que tiene hoy la sociedad norteamericana: 1 de cada 3 hombres adultos en condiciones de trabajar se halla hoy fuera del mercado de trabajo o ha dejado de buscar empleo.
Ocurre que han virtualmente desaparecido, sobre todo en la manufactura, los puestos de trabajo de baja calificación, y este sector redundante –5 millones de operarios– ha sido eliminado por el cambio tecnológico y el auge del capital humano. Esta es la base social del “fenómeno Trump” y es el desafío que obliga a EE.UU. a volcarse hacia adentro.
Esto no significa que EE.UU. se sumerja en el proteccionismo y se aísle del sistema mundial. EE.UU. es el centro del sistema – el país-frontera por definición –, donde el futuro ocurre primero y en el que se suceden las innovaciones y los descubrimientos del capitalismo más avanzado del siglo XXI.
El vuelco hacia adentro de EE.UU. desata una nueva fase de la globalización, ante todo en el comercio y las inversiones. Se modifica el proceso de acumulación global.
La causa fundamental del debilitamiento del comercio internacional en los últimos 5 años ha sido el bajo crecimiento global (+3% anual), con una caída más que proporcional de la tasa de inversión (-30%).
Así, el volumen del comercio internacional de bienes y servicios se ha expandido 3% anual desde 2012, la mitad del promedio de crecimiento de las últimas 3 décadas y la tercera parte del alza que logró entre 2003 y 2007 (9,2% anual).
Entre 1960 y 2015, el intercambio mundial creció 6,6% por año, mientras que el PBI global se expandió a la mitad (3,4% anual); y luego, entre 2003 y 2007, el comercio internacional se triplicó (9,2% anual). Finalmente, tras el colapso de Lehman Bross. en 2008, se sumergió en el actual nivel de estancamiento y retroceso, con un auge de 2,8% en el primer semestre del año.
Significativamente, el sector del comercio mundial que más pronunciadamente se hundió entre 2008 y 2015 ha sido el de equipos de capital y bienes intermedios, cruciales en el proceso de globalización. El FMI estima que ¾ partes de la caída de los bienes reales importados en la economía mundial es obra del derrumbe de la tasa de inversión.
El papel de EE.UU. es decisivo en la disminución del comercio internacional. El valor de los bienes y servicios globalmente intercambiados disminuyó -10,5% en 2015 como consecuencia directa de la apreciación del dólar estadounidense (+20% en 18 meses), que frenó las exportaciones, mientras el precio del petróleo se debilitaba en 15%.
Prácticamente la totalidad de la industria trabajo-intensiva estadounidense ha salido del país y se ha dirigido a Asia, México y América Central. Por eso, el comercio mundial de estos bienes ha caído a los niveles previos a 2001 (ingreso de China a la OMC); y a esto se suma la disminución de la demanda mundial metalífera, que ha caído 40% debido a la desaceleración de la economía china.
La excepción en la demanda global de commodities es el auge exponencial de importaciones chinas de granos para la alimentación animal (soja, harina de soja, maíz), sustento de la gigantesca transición dietaria (vuelco al consumo de proteínas cárnicas) que experimenta la República Popular.
El vuelco de EE.UU. hacia adentro abre la posibilidad de recuperar el crecimiento económico y por esa vía aumentar la tasa de inversión. Quizás esta próxima fase de la historia norteamericana sea lo que necesita la economía mundial para su recuperación.

Jorge Castro (Clarín, 6-11)

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