EL MUNDO IMPREVISIBLE DE TRUMP

Como bien lo expresó el candidato ganador, su apuesta consiste en “renovar el sueño americano”. El mundo, para los votantes de Trump, en gran medida sería el responsable de la decadencia norteamericana, de manera que la política exterior puede convertirse en uno de los ejes de la nueva administración. No se trata de pulsiones intervencionistas, se trata de cerrarse. Por esa razón la doxa del pensamiento estratégico norteamericano no lo acompañó en la campaña y todo hace pensar que tampoco lo hará el día después.
Los extranjeros, que se apropiarían de los empleos; China y México, que invaden el mercado interno y las élites globalizadas “bien pensantes” fueron identificados como los enemigos de una América profunda, blanca, nostálgica y desinformada, que adhirió al repliegue inviable ofrecido por un candidato que importó el populismo que asuela a Europa. En ese sentido el Brexit balizó la ruta del trumpismo.
Con esos antecedentes Trump accederá a la Casa Blanca. Ahora bien, ¿por qué puerta lo hará? En el Congreso tiene mayoría, pero no todos los republicanos coinciden con él y esto se puso de manifiesto en la campaña electoral. En lo inmediato, seguramente probará suerte en la dimensión comercial. No firmará ningún Acuerdo de Comercio y tratará de revisar los vínculos con el NAFTA. En México tendrá lugar el primer examen de consistencia: Trump pretenderá aplicar aranceles y expulsar indocumentados. ¿Construirá el muro? Sin duda, el tsunami Trump golpeará primero en esas costas. Regresarán los que partieron con esperanza buscando una vida mejor; caerá el empleo; bajarán las inversiones y se reducirán las remesas que provienen del Norte. La devaluación es el termómetro y la relación con EE.UU. estará muy presente en la próxima elección presidencial. Nacionalismo mexicano a la vista.
El segundo destino del tsunami Trump es China: se comprometió a aplicarle aranceles y convenció a sus votantes de que sin esa competencia desleal la industria norteamericana resucitaría. Como siempre, el populismo ofrece respuestas simples a problemas complejos. Ahora bien, ¿evaluó Trump que existe una asimetría de poder entre el D.F mexicano y Pekín? El presidente Xi celebra que el soft power norteamericano se haya debilitado, porque se deterioró el formato de democracia liberal y se benefició el autoritarismo, pero en pleno ajuste del modelo económico un mundo proteccionista no es el mejor escenario para China. Devaluar el yuan puede resultar tentador, habilitando una guerra de monedas con devaluaciones en cadena. Más oferta mundial y menor demanda es el corolario del trumpismo. En el caso de la relación Washington/Pekín, las nubes del comercio se pueden trasladar rápidamente al mundo de las finanzas: los bonos norteamericanos circulan por las venas chinas. Adicionalmente, Trump ofrecería argumentos a quienes sostienen, en el seno del Partido Comunista, que China debe ser más una potencia revisionista que reformista. China no se aislará, lo hizo en el siglo XV y por eso no lideró la primera fase de la globalización. El aislamiento de Trump beneficiará a China. Muchos países al advertir que en Washington se instaló el parroquialismo, en código realista optarán por tributar al poder emergente. Entre el cielo y la tierra mediará el “viejo Imperio del Medio”, que organizaba el orden internacional. Menor globalización, fracturas y modelos de organización basados en nuevos valores y ejes, devaluarán estratégicamente a los EE.UU. y al espacio civilizatorio occidental.
La incertidumbre económica global obligadamente afectará otras dimensiones de la política internacional. El vacío que ofrecen las promesas de Trump afectará particularmente a Europa. El proyecto europeo sufrirá el proteccionismo y se incrementarán los temores. La Unión es una potencia comercial que ahora deberá lidiar con las implicancias del divorcio Brexit, con la incertidumbre que se generará en torno al euro y con el desafío de los populismos antieuropeos que contarán con vientos más favorables.
En materia de seguridad internacional, el simplismo de las promesas trumpistas abruma. Juró acabar con el Estado islámico; aliarse con todos los que luchan contra él, incluyendo al régimen sirio; prometió desvincularse del Acuerdo firmado con Irán y condenó a muerte a la OTAN al no garantizar su financiamiento. Sin los aportes norteamericanos, el 70% del presupuesto, la Organización dejará de existir dejando a Europa expuesta a los designios de un personaje que El dice respetar y que según todos los indicios apostó a su favor, Vladimir Putin. La invasión a Georgia (2008) y a Ucrania (2014) abonan los temores más profundos en Europa, particularmente en los países Bálticos. Decididamente el mundo de Donald Trump será más hobbesiano que kantiano. Muchas causas quedarán devaluadas, por ejemplo las medio ambientales, y muchas turbulencias acompañarán el creciente desorden internacional.

Carlos Pérez Llana (Clarín)

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