“LA HISTORIA ES MEJOR PARA PREDECIR UNA ELECCIÓN”

Lo dice Allan Lichtman, historiador que predijo el triunfo de Donald Trump.

La historia de las elecciones 2016 es la de una derrota impresionante: pero no solo la de Hillary Clinton sino también la de los encuestadores, expertos y periodistas que predijeron de manera apabullante su victoria. Pero al menos un académico, Allan J. Lichtman, vio venir las dos derrotas.
Lichtman, historiador en la American University en Washington, es el co-creador de un modelo basado en la historia y que predijo con exactitud al ganador del voto popular en las últimas ocho elecciones presidenciales. Fue también quien en septiembre pasado predijo el triunfo supuestamente impensado de Donald J. Trump.
El modelo –desarrollado en 1981 junto al matemático y geofísico ruso Vladimir Keilis-Borok y explicado en el libro Predicting the Next President: The Keys to the White House 2016– es aparentemente simple en su superficie. Deja de lado las fórmulas complejas en favor de 13 premisas que los consultados deberán decir si son verdaderas o falsas y que miden la fuerza subyacente que Lichtman, basado en análisis de elecciones desde 1860 a 1980, cree que es la que realmente importa en las elecciones estadounidenses: la fuerza del partido que está en el ejercicio del Poder Ejecutivo.
Entre las premisas hay frases como “La economía no está en recesión” o “El gobierno actual no sufre ningún fracaso en las relaciones exteriores o militares”. Seis o más respuestas que digan que esas frases son mayoritariamente falsas “predicen conmoción,” afirma Lichtman.
-Lo han llamado el “único historiador político importante” en predecir la victoria de Trump. ¿Tener la razón es una satisfacción?
-Realmente, no. Pero lo que más me gusta de haberla tenido es que pone presión a los expertos tradicionales, que creo que tienen una influencia perniciosa para nuestra nación. Su conocimiento no tiene base científica sino que simplemente reacciona ante las últimas encuestas, que pasan por alto los fundamentos de una elección y que realmente impulsan a nuestra política.
-Incluso los expertos están llamando a la elección una impresionante derrota para las encuestadoras. ¿El éxito de su modelo es también una victoria de la erudición histórica sobre la llamada ciencia política cuantitativa?
-Sí. Mucha de la ciencia política impulsada por las datos y cifras también se equivocó. Esas personas que decían, “Hillary tiene una probabilidad del 75 por ciento” –incluso un tipo en la Universidad de Illinois dijo que era del 99 por ciento– son simplemente recopiladores de encuestas. No estoy diciendo que la historia sea perfecta, pero es mejor para predecir una elección y para comprender cómo funciona.
-Usted desarrolló su modelo en 1981, en colaboración con el geofísico ruso Vladimir Keilis-Borok, que fue el experto del mundo en predecir terremotos, ¿lo buscó específicamente por ese aspecto?
-Todo lo que sabemos acerca de las elecciones lo hemos robado de la Geofísica; hablamos de temblores de cambio, de elecciones volcánicas. A lo que apunta nuestro modelo no es a “republicanos versus los demócratas” o a “liberales versus conservadores” o “una personalidad versus otra” sino a la estabilidad del partido en el poder.
-Su enfoque en el partido de gobierno va drásticamente en contra de la narrativa de la elección de este año, que enfatizó la supuesta implosión del Partido Republicano o al menos de su liderazgo ¿Toda esa atención al estado del partido estaba totalmente fuera de lugar?
-Lo anticipé, en una de mis columnas para The Hill, que el peligro real era para el Partido Demócrata: si perdían la presidencia también perderían el Senado, la Cámara de Diputados y la capacidad de darle forma a la jurisprudencia durante una generación. El otro gran peligro es para el legado de la presidencia de Barack Obama. Si los republicanos controlan todo (como lo harán) será como si Obama no hubiera existido durante ocho años. Pueden borrar cada parte de su legado: desde la política climática pasando por la reforma de la inmigración hasta la jurisprudencia liberal o el Obamacare, el plan de salud. Pero contrario a todos los expertos, Donald Trump ganó no por Donald Trump y su campaña, sino a pesar de eso. No hay que culpar a Hillary Clinton por la derrota. Los demócratas son un partido fracturado. No soportan nada. Además se socavarían a sí mismos y se pulverizarían si culparan a Hillary Clinton por esta derrota. Ella no hizo nada mal. Ganó los tres debates. Pero iba contra una fuerza mayor.
-Muchos de los comentarios acerca de Trump por parte de sus colegas historiadores tenían que ver con analogías: ¿Trump es el nuevo Hitler? ¿Mussolini? ¿George Wallace? ¿Le ve algún sentido a las comparaciones históricas?
-Yo no hablo en esos términos. Creo que es superficial. No es ninguno de ellos, aunque puede ser un peligro para sí mismo y el resto. O tal vez no. Espero que no. Ciertamente despertó los peores elementos en Estados Unidos. ¿Quién podría haber pensado que el Ku Klux Klan respaldaría a un candidato de un partido importante como sucedió en la campaña?
-¿Hay algo en los resultados reales de la votación que lo sorprendió?
-Puede ser que Trump ganara más del voto hispano de lo que se esperaba, pero realmente no quiero analizar eso. El escenario mayor es que el resultado es totalmente inexplicable basado en el análisis convencional. Algunos de los encuestadores son buenos amigos, y buena gente, pero durante la próxima elección, espero que los mandemos a una muy linda isla en el Pacífico para unas buenas vacaciones.

Jennifer Schuelssler. The New York Times.

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