MACRI EN APUROS: DE TRUMP AL MUNDO INTERIOR

Algunos escenarios económicos, preliminares y tentativos, han empezado a dibujar en despachos oficiales sobre el impacto que podría tener aquí la victoria de Donald Trump. Quedó claro que el resultado no entraba en los cálculos del Gobierno y, por lo mismo, puede suponerse que no había tomado recaudos suficientes.
Ya dan poco menos que descontada una suba en la tasa de interés de EE.UU., leve, durante la reunión que la Reserva Federal sostendrá antes de que el 20 de enero Trump asuma la presidencia. “Será una muestra de coherencia de la Fed en su política monetaria, sin ninguna relación con las elecciones”, dicen funcionarios del área económica.
Aún así, la tasa norteamericana no es un motivo de preocupación inmediata, pues ratifican que la Argentina ha cubierto sus necesidades de financiamiento en dólares y no saldrá al mercado de crédito externo en lo que resta del año. “Habrá colocaciones en pesos acá, a plazos e intereses muy ventajosos, tal cual hacemos hace un tiempo”, comentan.
¿Y el año próximo”, preguntó Clarín.
Respuesta: “Por más que Estados Unidos levante la tasa, no pensamos que vaya a superar el 5% que ya estamos pagando. O sea, no alteraría demasiado la ecuación que venimos manejando”.
Con un poco de ayuda del bono que queda dentro del blanqueo, mayor desde luego a la magra cosecha reportada por el que ya venció, los funcionarios calculan en US$ 15.000 millones las necesidades de financiamiento internacional en 2017. “Son demasiado optimistas”, afirman especialistas privados.
Todo esto nos toca, obviamente. Pero tanto o más nos toca en perspectiva la relación que Trump establezca con China y el modo como ella le pegue a la economía china, porque en ese tren está la Argentina. Importa mucho, también, que haya un fuerte corrimiento de las inversiones hacia EE.UU. en perjuicio de la alternativa argentina. “El triunfo de Trump ha cambiado el escenario mundial, pero todavía no sabemos cuánto ni cómo articulará Macri frente al nuevo tablero”, dicen los analistas.
Eso fue sorpresa y media, pese a que el Brexit de junio, o el voto británico a favor de una salida de la Unión Europea, ya había plantado una semilla potente contra la globalización.
Larvado, el Brexit y el impacto muy desigual de las políticas económicas sobre las poblaciones fue comentario en la cumbre de los líderes del G-20, a comienzos de septiembre , en China, según cuentan quienes participaron del encuentro. Por lo visto, semejante antecedente quedó enclaustrado, parecido a un detalle más de otro encuentro improductivo en sus efectos.
Claro que una economía que derrame mal o derrame demasiado desparejo no es un detalle y menos un dato sin consecuencias.
A propósito y ya del mundo interior, el macrismo ha decidido jugar un buen número de cartas a una remontada del consumo. Justamente, porque la economía doméstica no termina de arrancar y si algo ha mejorado, como sostienen, todavía luce imperceptible.
Para ese lado apunta, así sea parte de otra discusión, el bono de fin de año que el Gobierno pagará a los estatales nacionales. La propuesta oficial, hasta ahora rechazada por los gremios, consistirá en un plus de 2.000 a 3.000 pesos que será mayor para los sueldos más bajos. El promedio da 2.500 pesos.
Aún con sus complicaciones, es un extra difícil de igualar en gran parte de las provincias, si no imposible en varias de ellas. El costo mayor cae entre las que tienen un elevado número de empleados, como Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, pero si la medida de cálculo es la carga por habitante, esta vez el peso más fuerte va sobre Santa Cruz, Tierra del Fuego, Neuquén, La Rioja y Catamarca. La conclusión surge de un trabajo detallado del Iaraf, un instituto especializado en el análisis de las cuentas públicas. Unos más otros menos, todos los Estados del interior andan con las cuentas apretadas y pagar el bono implicará recortar otros gastos o pedir auxilio a la Nación.
El raid sigue con los municipales y el problema financiero, con los intendentes. Vista la suma de factores, nadie puede descartar el riesgo de conflictos.
En el mismo sentido de fogonear demanda y reparar el impacto de la inflación opera, de hecho, el plus de 1.000 pesos por familia que habrá en la Asignación Universal por Hijo. Bajo presión de las organizaciones sociales, el Gobierno está dispuesto a sumarle un adicional de 200 pesos por cada chico. Bonos ampliados al sector privado; plan Ahora 18; jubilados que han comenzado a cobrar deudas del Estado; trabajadores que arreglan reajustes salariales pendientes; incremento del gasto en planes sociales y un programa de obras públicas que se plantea ambicioso. Todo agrega, en la gran aspiración oficial de sacar a la actividad económica del pozo y llegar a las elecciones en alza. El punto es que en más de un sentido ese todo está por verse. Y acaba de verse que la inflación todavía reparte coletazos, tanto porque el 2,4% de octubre sonó a mucho como porque, excluidos el aumento del gas y las variaciones de precios estacionales, la llamada inflación núcleo pasó del 1,5% de septiembre al 1,8%. Ahí entra arriba de las dos terceras partes de la canasta del INDEC.
Ese es el indicador que el Banco Central emplea para fijar la tasa de interés y si subió, como se ve, cuesta entender por qué la entidad acaba de bajar la tasa. Si fue una concesión a quienes le reclaman a Federico Sturzenegger que ayude a superar la recesión, fue una concesión extraña a los principios que levanta el jefe del BCRA.
Pongamos que la economía repunta, ¿cuándo de verdad la gente va sentir la mejora?, preguntó Clarín en despachos oficiales.
Respuesta: “Eso ocurrirá entrado el primer trimestre de 2017 y será bien patente durante el segundo”. O sea, ya no se habla siquiera del último trimestre de 2016.
Cierto auxilio de la estadística acompaña la hipótesis. Los datos del primer trimestre serán comparados con los muy bajos del mismo período de este año, y los siguientes con los aún más bajos del segundo trimestre. “Y esto será registrado por los medios”, subrayan los funcionarios.
Pero al está por verse le falta un dato nada intrascendente: los futuros incrementos en las tarifas del gas y la electricidad. Ahora la respuesta es que el Gobierno decidirá los nuevos cuadros hacia fin de año y que “iremos por aumentos graduales”. Queda claro de todos modos que aumentos habrá.
Es posible que en la lista entre una baja en el precio interno del petróleo, acoplada al repliegue de la cotización internacional. Los costos de importación anotados por el INDEC cantan una caída del 30% en el tercer trimestre contra el mismo período del año pasado. Luego, si este es el parámetro se justificaría recortar el valor interno del petróleo. Y será para ver, entonces, qué pasará con el precio de los combustibles; por ahora, pasa que hay una suba en lista de espera.
Está claro que a Macri se le juntan varias cuestiones bravas. Entre ellas, que el mundo no es igual al que pensaba abrirse y, luego, cuáles son las fuerzas que desde lo concreto tiene y califican para enfrentarlo.

Alcadio Oña

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