MEJOR EL GRADUALISMO QUE LOS SHOCK

Del Potro revirtió lo que parecía una derrota sellada para imponerse al número seis del mundo y marcar el camino que llevaría a la Argentina a ganar la Copa Davis, por primera vez en la historia. Si cuando perdía dos a cero se le hubiera consultado a un economista sobre las probabilidades de triunfo del tandilense, posiblemente la respuesta no hubiera sido positiva. Pero el análisis no debe reducirse a datos aislados sino que debe dejar la puerta abierta a otras variables que inciden en el resultado final. Hoy los principales indicadores como las exportaciones, la inversión y la actividad no muestran un contador favorable, pero al partido le quedan instancias para una definición victoriosa.
Un punto central que a veces se pierde de vista es que al Gobierno le tocó una tarea formidable. Debe, al mismo tiempo, hacer dos cosas que ya son difíciles cuando hay que hacerlas por separado: estabilizar la macroeconomía y realizar un cambio de régimen macroeconómico. Hay que estabilizar la macro porque la inflación era alta, existía dominancia fiscal y hubo un shock externo negativo por la pérdida de exportaciones a Brasil y la caída del precio de la soja. Hay que realizar un cambio de régimen económico porque hay que desarticular y refundar una buena parte del marco institucional de la economía. Y hay que hacer todo esto minimizando los efectos distributivos porque casi 30% de la población es pobre.
Es posible que el Gobierno se siga equivocando y dando la impresión de perder el rumbo porque la teoría de cómo hacer un cambio de régimen y estabilizar la economía al mismo tiempo está por escribirse. Puede hacer las cosas bien o perder de verdad el rumbo, pero no hay manual. Lo que sí se sabe es que al gradualismo le ha ido mejor que a la terapia de shock. Y si no comparemos la estrategia chilena para bajar la inflación y fundar un régimen de metas de inflación con el shock de imponer la convertibilidad, que parecía maravillosa para bajar la inflación de un día para el otro en nuestro país.
Cuando se interpretan algunas medidas oficiales parece lógico pensar que los obstáculos son enormes y el contexto es incierto. Pero lo que la actual gestión tiene a favor es que puede explicar cada medida que toma porque está tratando de moverse en la dirección que apunta al crecimiento sostenible, utilizando criterios de racionalidad que toman en cuenta no sólo la economía sino también, la política.
El principal desafío de Argentina para 2017 es volver a crecer de manera sostenida en un tablero internacional caracterizado por incógnitas, con la incertidumbre generada por el Brexit, el reciente triunfo de Trump, un Brasil que lentamente comienza a recuperarse y un año electoral en el que el gobierno plebiscita la gestión.
Pese a los avances en términos económicos (fin del cepo, acuerdo con hold-outs, eliminación de mayoría de restricciones al comercio), la economía este año no repuntó. Son varios los factores que demoran la recuperación. El contexto externo no ha sido favorable: Europa y EE.UU. continúan con una economía en desaceleración, China crece menos que en el pasado y Brasil despedirá el año con una recesión cercana a 3,2%. En este escenario, las exportaciones no sólo no han repuntado luego de la depreciación y el fin del cepo, sino que se espera que caigan cerca de 2%, por la baja de las ventas al país vecino y por los menores precios de los productos primarios. En cuanto a los factores domésticos, el consumo es un gran protagonista del retraso de la bonanza. La inflación ha sido el factor clave de la recesión, generando una reducción de la masa salarial, a pesar de los intentos oficiales de amortiguar el impacto mediante aumentos en las asignaciones sociales e ingresos a los jubilados.
Es cierto que el camino de gradualismo fiscal elegido por el Gobierno genera dudas respecto a la sostenibilidad de la economía en el mediano plazo. Sin un sendero claro para el déficit fiscal, con pocas definiciones respecto a los precios relativos y un tipo de cambio apreciado no es sorprendente que algunos prefieran ahorros financieros (Lebacs) y activos dolarizados en lugar de la compra de bienes y de inversión productiva. El triunfo de Trump en EE.UU. introduce un elemento adicional de inquietud. Los mercados anticipan una política financiera restrictiva y un dólar más fuerte y ambos fenómenos impactarían en la región, presionando a la baja los precios de commodities, aumentando las presiones sobre las monedas regionales y reduciendo la llegada de capitales. Y el contexto externo es crucial para viabilizar la actual estrategia de crecimiento, focalizada en impulsar las exportaciones y la inversión.
La clave para 2017 pasará por la capacidad de las autoridades de reducir estos factores de incertidumbre. El Gobierno apuesta a un triunfo en las elecciones de medio término para consolidar el cambio de rumbo e impulsar la confianza del sector privado, especialmente de la inversión extranjera.
Por el lado positivo, algunos sectores donde se han clarificado las reglas de juego han empezado a reaccionar (agro, energías renovables), pero para el resto será clave que el Gobierno despeje algunas incertidumbres relacionadas con las condiciones sectoriales de inversión: regulaciones, coordinación Nación-provincias y actualización tarifaria en el caso de energía y minería, apertura y condiciones de competencia en sectores industriales, y algunos ejes transversales de competitividad como los costos laborales, tributarios y logísticos.

Por Dante Sica. Economista. Director de ABECEB, ex secretario de Industria, Comercio y Minería

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