LA PERUANIDAD DE LOS ARGENTINOS

El 20 de noviembre de 1542, es una fecha patria olvidada y que me llevó a titular este artículo. ¿Podemos plantearnos una superposición de identidades? La costumbre insertada en nuestras mentes, de ver el mapa de la patria por sus límites geográficos sin tomar en cuenta los límites culturales e históricos ancestrales, nos impide ver una característica más amplia de lo que somos y de lo que podemos hacer.

Nuestra tierra fue modificando su mapa desde 1776. En ese año, nuestro rey, Carlos III, funda el Virreynato del Río de la Plata. Tal era la impronta de este monarca en la tradición popular que, en 1812, Belgrano toma los colores de este soberano para diseñar nuestra bandera. Y las ordenanzas militares de Carlos III, estuvieron vigentes en nuestro ejército hasta que los políticos empezaron el desmantelamiento de las FFAA argentinas a partir de 1984.
Siempre me llamó la atención el trato fraterno que hemos tenido los peruanos y los argentinos, desde siempre. Un afecto que exterioriza un origen común. Ya Perón hablaba en su primer gobierno de una alianza política con Lima.
Cuando niño en que comencé a estudiar nuestra historia, encontré este pasado común entre 1542 y 1776. Y empecé a hacerme preguntas, para dolor de cabeza de alguna docente: ¿Qué pasaba en el Océano Pacífico durante nuestro virreinato del Río de la Plata? ¿Qué monedas usábamos si todos éramos partes de España? Andando el tiempo, descubro que luego del triunfo español americano al reconquistar Buenos Aires el 12 de agosto de 1806, la Real Audiencia le ofrece a Lima volver a la antigua administración; es decir, constituirnos nuevamente como parte del Virreynato del Perú, idea que no se concreta y que nos hubiera permitido mantenernos unidos. Luego, en 1807, el virrey del Perú, marqués de Abascal, nos envió una importante partida de armas y municiones para enfrentar a la segunda invasión inglesa. Armas que sospechosamente, alguien en Buenos Aires consideró innecesarias. Luego en 1982, la ayuda incondicional peruana con sus acciones diplomáticas y con el envío de armamento y de cazas de combate, fue una gran emoción para nosotros; nos sacamos un velo que nos impedía ver la historia y me dije: “…si en realidad somos un mismo país dividido artificialmente desde la batalla de Ayacucho”.
Por eso, el título de este artículo, es sobre un aspecto de nuestra identidad histórica que los rioplatenses tenemos olvidado y que uruguayos y argentinos, bolivianos y paraguayos debemos reivindicar. También podría hacerlo Chile y Ecuador y todos juntos caminar por la unidad sudamericana, para conformarnos en una sola potencia bioceánica y antártica. Y entre todos enarbolar la causa de Malvinas como prenda de unión entre nuestros pueblos. Si hasta bandera común tenemos, las Aspas de Borgoña, roja y blanca que hoy flamea oficialmente en Chile (Valdivia), Bolivia (Chuquisaca), Argentina (Regimiento Patricios) y está en el origen de la bandera peruana. San Martín diseña la primera bandera peruana como una leve modificación de las Aspas, para tratar de que el pueblo peruano la acepte.
Nuestra civilización sufrió numerosas agresiones de las cuales salimos mayormente victoriosos. Las guerras contra Inglaterra se libraron entre 1585 y 1604; entre 1625 y 1630, entre 1655 y 1660; entre 1700 y 1713; entre 1727 y 1729; entre 1739 y 1748; entre 1756 y 1770; entre 1779 y 1783 y entre 1806 y 1807.
Y en medio de esas fechas, Lima y el Río de la Plata estuvimos unidos desde 1542 hasta 1776. En esos años y como españoles peruanos, los rioplatenses vencimos a Francia en su intento de invadir Buenos Aires en 1655, a Dinamarca en 1702. Bajo el mando de Pedro de Cevallos, gobernador del Río de la Plata, recuperamos de manos lusitanas la Colonia del Sacramento en 1762, vencimos a Inglaterra en 1763 en Buenos Aires y en 1770 en Malvinas, con una flota que zarpó desde Maldonado, provincia de Montevideo. El mismísimo Artigas nació peruano, pues vino al mundo antes de 1776. O para ser más precisos, nació súbdito de la corona, en el espacio geográfico del Virreinato del Perú, que luego se transformó en el virreinato del Río de la Plata siendo él muy joven. Y los habitantes de estas tierras estaban unidos por la identidad. Pues todos éramos “católicos y súbditos del rey”, gozábamos de una fuerte entidad, no teníamos gentilicios; estos aparecieron con las independencias y solo nos trajeron problemas siquiátricos y económicos. El Protector de los Pueblos Libres nació el 19 de junio de 1764 en Montevideo, Banda Oriental y entregó su alma al Creador el 23 de septiembre de 1850 en Asunción, Paraguay. Falleció sintiéndose argentino. Se sentía parte de esa Argentina inconclusa que quedó como un sueño incumplido hasta el presente.
Un acontecimiento que deberíamos recordar.
Hace 471 años, el 20 de Noviembre de 1542 el Rey Carlos I firmó las Leyes Nuevas, que incluían entre otras cosas la creación del Virreynato del Perú.
El desmembramiento comienza tres siglos después, el 28 de Julio de 1821, día que se recuerda como la fecha de la separación de España. Y a partir de entonces podemos ver el empobrecimiento del Perú. De emitir la moneda más poderosa que regía en todo el comercio del área Asia-Pacífico, a poseer veinte monedas distintas en veinte países separados y que se devalúan constantemente. Una vez que Cochrane le quita apoyo a San Martín, este abandona Lima, luego de entregarle el tesoro del Perú al almirante-espía inglés y de dejar a una nación antes rica, endeudada por generaciones con la banca inglesa. Por eso, viendo tantos desaciertos ¿No ha llegado la hora de preguntarnos qué hacemos todos juntos y a la vez separados? ¿No ha llegado la hora de construir puentes entre nosotros y conformar una sola gran potencia que se pueda medir de igual a igual con quienes nos siguen queriendo despedazar desde afuera? La unidad americana existió en aquellos tiempos de comunicaciones dificultosas; hoy tenemos toda la tecnología para facilitarla. ¡Hagámoslo una realidad antes que sea tarde y terminemos, chilenos y argentinos, perdiendo la Patagonia y la Antártida!! Busquemos un destino de grandeza para recuperar nuestra identidad y así poder plantarnos ante el mundo con fortaleza, seguridad y dignidad recompuesta.
Autor: Patricio Lons

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