SINDICALISMO ARGENTINO EN EL SIGLO XXI

Es indudable la importancia de los sindicatos en la historia de nuestro país. Su rol es destacado tanto en materia de estructura económica, en el sistema de salud e incluso desde mitad de siglo XX a esta parte, ha sido fundamental para lograr frente a las distintas dictaduras militares el retorno de la democracia. Por eso el sindicalismo argentino es materia de análisis en todo el mundo.
Sobre ese bagaje histórico los sindicatos deben repensarse en su rol en un mundo que cambia a pasos agigantados y en el que instituciones como la Iglesia Católica toman definiciones que parecían impensables. Las innovaciones tecnológicas y los nuevos modos de comunicación nos obligan a ser autocríticos para estar a la altura de los nuevos desafíos en nuestro país.
En primer lugar los gremios necesitan mostrar y transparentar su rol social para legitimar su rol político. El Sindicato de Peajes, organización a la que pertenezco, tiene una historia corta pero rica donde se practican elecciones en forma constante y cada trabajador se siente parte de la organización.
Cada actividad requiere nuevas herramientas para elaborar un relato que pueda hacerse carne en los trabajadores con sus propias características. Esa pertenencia que logramos es lo que garantiza la fortaleza de la organización de trabajadores de concesiones viales. Esa es la base que nos dio la posibilidad de plantear el debate acerca de la democracia sindical y la limitación de los mandatos. Discusión que se debe dar hacia adentro de cada gremio, cuidadosos para no debilitarlos, pero conscientes de que la sociedad exige mayor transparencia. La autonomía de los sindicatos aportará mayor previsibilidad a nuestro país y fortalecerá la institucionalidad.
El otro gran desafío es el de las innovaciones tecnológicas, que obligan a que cada vez se produzca más con menor fuerza de trabajo. Una sociedad en la que cada vez son menos los que acumula y más los que necesitan, presenta desafíos a todo el mundo del trabajo.
La Argentina es un país con dos características que la potencian: la calidad de su recurso humano y un mercado interno pujante que lleva a muchas empresas a radicarse en nuestro país para colocar sus productos. Por eso es que no hay desarrollo posible sin distribución del ingreso, porque la acumulación en manos de unos pocos no genera consumo, sino estancamiento.
Para pensar un sindicalismo moderno que mantenga su centralidad como organizador social es fundamental tener iniciativa y consenso social. Al pedido de productividad, pedir la reglamentación de la participación en las ganancias, para colaborar tanto en la planificación como en la inversión. Al de la tecnologización la distribución de las horas de trabajo y la capacitación.
El desafío es que las organizaciones gremiales puedan contribuir a crear un círculo virtuoso entre la tecnología y la distribución del ingreso, como base para un verdadero desarrollo sustentable.

Facundo Moyano (Diputado nacional y dirigente sindical)

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