ALGO DE FILOSOFÍA, PARA EMPEZAR 2017

No quería empezar con la política cotidiana, juego fascinante como es.

Me dio el ejemplo el talentoso Oscar Cuervo. En su blog vuelca cine, música, filosofía y política. Es extraño, o no. Se puede decir que es un hombre de una izquierda humanista, hasta cristinista. Sobre todo si se lo compara conmigo, y mi inclinación por la realpolitik. Pero, como no pocos de ese palo, especialmente los más cultos, tiene una fascinación por Nietzsche. Recién vi esto que subió; no es su pensamiento, pero sí el del filósofo alemán:

Somos, con mucho, los más fuertes entre los fuertes. Ni siquiera necesitamos la mentira: ¿qué otro poder podría prescindir de ella? Una fuerte seducción lucha por nosotros, quizás la más fuerte que haya: la seducción de la verdad… ¿De la verdad? ¿Quién me puso esta palabra en la boca? Pero ya la vuelvo a sacar, desdeño la orgullosa palabra: no, tampoco necesitamos la verdad, llegaríamos al poder y a la victoria también sin la verdad. El encanto que lucha por nosotros, el ojo de Venus que cautiva y enceguece hasta a nuestros enemigos, es la magia del extremo, la seducción que ejerce todo extremo: nosotros, inmoralistas, somos los extremos“.

Hay algo real ahí: la seducción de los extremos. Cuando se junta con una filosofía y una moral rígida -la leninista, o la salafista- ha motivado a muchos hombres y mujeres jóvenes a matar y a morir.

Pero también hay algo falso, y conviene marcarlo para, quizás, evitar muertes estúpidas. Con el respeto que merece el filósofo que quiso sacudir la complacencia consigo misma de la Europa del siglo XIX, se dejaba llevar por sus imaginaciones de fuerza y violencia, y no las enfrentaba en la realidad. Él también le hizo decir a Zaratustra: “¿Vas con mujeres? no olvides el látigo“. Pero, aparentemente, cuando iba con Lou Andreas-Salome, el látigo lo tenía ella.

Cada cual tiene sus fantasías, y si le sirven… Pero la obligación de los grandes es ponerlas en su lugar. Muchos señalaron -recuerdo Chesterton, hasta algún bloguero- cómo Shakespeare anticipó algunas de las ideas centrales de Nietzsche. En Macbeth, muy claramente en Ricardo III:

La consciencia no es más que un término para uso de los cobardes, inventado originalmente con el fin de mantener a los fuertes a raya. Sean los brazos vigorosos nuestra conciencia, y las espadas, nuestra ley“.

Pero el gran William las pone donde corresponde: en la boca de un rey imaginario (el Ricardo III real no era así) valiente y desesperado, justo antes de su derrota final.

Baldomero Fernández, Abel

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