ALGUNOS DE LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE (Y LAS IDEAS QUE QUIEREN REFORMULAR EL ORDEN MUNDIAL)

“La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos está comprometida a que los trabajadores americanos obtengan una oportunidad justa en la competencia global. Trabajamos para rediseñar el escenario de la política comercial para que funcione para todos los americanos. En un campo de juego nivelado los americanos pueden competir justamente y ganar. La nueva política comercial de América Primero hará que las compañías deseen quedarse aquí, crear trabajos aquí, pagar impuestos aquí, y reconstruir nuestra economía. Nuestros trabajadores y las comunidades en que habitan prosperarán de nuevo, a medida que las compañías compitan para establecer la industria en Estados Unidos, contraten a nuestros jóvenes y les brinden esperanzas y auténticas oportunidades nuevamente.” (traducción propia de lo que informa la remozada cara del sitio web de la dependencia mencionada).

Los hombres

Para Stephen Bannon Donald Trump representa la restauración del auténtico capitalismo americano, que durante décadas fue erosionado por políticas socialistas y antinacionales promovidas por élites liberales y aristocráticas que manipularon los resortes estatales, con especial perjuicio para las otrora emprendedoras y autosuficientes clases media y trabajadora norteamericanas al desinteresar sus inversiones de la economía real y nacional y apostar en el casino global de las finanzas virtuales. La restauración del auténtico capitalismo va de la mano con la de los valores judeo-cristianos. Bannon considera que atravesamos los primeros tiempos de una guerra global entre Occidente y el “fascismo islámico”. Guy Verhofstadt, representante de la Unión Europea en las negociaciones para la salida del Reino Unido, acusa a Bannon de organizar referéndums con el mismo objeto de fuga del Brexit en París y Berlín. Esto último tiene sentido, ya que Bannon asocia el proyecto unionista europeo con el multiculturalismo apreciado por las élites que combate, que habilita las inmigraciones que presionan a la baja los salarios locales y comprometen los valores tradicionales que fortalecen el verdadero y tradicional capitalismo. Como sucede con las teorías conspirativas su imaginario cautiva porque -circularmente- cierra. El ex documentalista y financista Stephen K. Bannon fue designado Director de Estrategia de la Casa Blanca, cargo especialmente creado para él por el ex animador de realitys shows devenido en presidente.

Peter Navarro cree que hay que “deglobalizar” la cadena manufacturera de suministros de los Estados Unidos. Es junto con Wilbur Ross coautor del programa dado a conocer durante la campaña Esbozando el plan económico de Trump: impactos normativos, comerciales y energéticos. Allí informan que desde que comenzó la “era de la globalización” la fuerza de trabajo industrial ha caído de un 22% en 1977 a un 8% en Estados Unidos. Navarro y Ross descartan que esto sea consecuencia de la automatización y ponen como ejemplo a Alemania y Japón, líderes mundiales en robótica que sin embargo mantienen entre un 20% y un 17% de sus trabajadores ocupados en el sector industrial. Consideran que el declive americano resulta de una combinación de regulaciones e impuestos excesivos y políticas comerciales externas injustas. Despotrican contra la Organización Mundial del Comercio y el democrático sistema que la caracteriza de un país-un voto, ante el cual Estados Unidos “efectivamente entregó su soberanía”. Al respecto, sugieren como justa una injerencia proporcional a la dimensión económica de su patria. Denuncian la existencia de un orden global comercial dominado por actores tramposos, y son lapidarios con la gran potencia reemergente: “No es coincidencia que China sea el país más tramposo del mundo y también la responsable del mayor déficit comercial que padece Estados Unidos”. Anticipan que las tarifas deben aplicarse transitoriamente para desalentar ese comportamiento, pero definitiva y recargadamente si no cesa. Prometen la materialización de otras políticas que revertirán las tendencias de cuatro décadas de globalización que han transferido riquezas desde los trabajadores a los “propietarios móviles” del capital, lastimando el poder adquisitivo de los norteamericanos. Peter Navarro es el director del documental Muertos por China (título homónimo al best seller del que es autor y en el que se basa el film) y fue designado por Donald Trump como Director del Consejo Nacional de Comercio de la Casa Blanca, organismo especialmente creado para él por el ex especulador inmobiliario. Wilbur Ross, por su parte, ha sido nominado como Secretario de Comercio.

Robert Lighthizer ha comunicado su absoluto compromiso con la misión encomendad por Donald Trump para nivelar el campo de juego comercial y diseñar mejores políticas para beneficio de “todos los trabajadores americanos”. En un artículo publicado el 6 de marzo del 2008 en The New York Times criticó la adhesión de las élites liberales y de las editoriales de los grandes diarios con el libre comercio. Reafirmando su convicción conservadora destacó las figuras de Jesse Helms y Alexander Hamilton, tan conservadores como proteccionistas, como también lo fue el Partido Republicano durante los 100 años posteriores a la Guerra Civil. Para que no queden dudas de las ideas que defiende rescata una cita de Theodore Roosevelt: “la perniciosa celebración de la doctrina del libre comercio inevitablemente produce el grasoso degeneramiento de la fibra moral”. Para salvar sus antecedentes laborales (sirvió a la administración Reagan) diferencia la retórica aperturista de Ronald Reagan de sus políticas comerciales y recuerda que el ex presidente fue el hombre que con el Acuerdo de Plaza de 1985 consiguió encarecer las importaciones japonesas por medio de una revaluación del yen. “Por el contrario, los librecambistas modernos, abrazan su ideal con una pasión que hace que Robespierre parezca un moderado”. Les imputa un dogmatismo bobo que lleva al extremo de convertir a China en una superpotencia, contrariamente a Hamilton y Reagan que siempre comprendieron que la política comercial es tan sólo un instrumento para construir una nación fuerte e independiente con una próspera clase media. El ex embajador de Ronald Reagan Robert Lighthizer fue designado titular de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos.

Los programas

Se verifica un programa ideológico consistente en sujetos influyentes y conductores de áreas relevantes en el gobierno de Trump. Es factible que exista improvisación o déficits en la ejecución de las decisiones presidenciales, pero no debe subestimarse una coherencia de fondo. Sólo puede conjeturarse la intensidad de la resistencia burocrática que las reformulaciones perseguidas con seguridad encuentran.

Es posible (para nada necesario) que como consecuencia de las políticas que se promueven se fortalezcan sectores poco competitivos y extractivos y se perjudiquen las empresas tecnológicas, lo que beneficiaría a las regiones de Appalachia, Texas y del Medio Oeste que prefirieron electoralmente a Trump. En tal supuesto se incrementaría el caudal de votos que puede asegurar el dominio en el Colegio Electoral para una eventual reelección.

Es recomendable que los países más afectados por el nuevo temperamento mercantilista de Washington (entre ellos los latinoamericanos) edifiquen alianzas en defensa de la vigencia de la Organización Mundial de Comercio y del régimen un país-un voto, que quisieron ser boicoteados por los acuerdos transoceánicos de la etapa Obama y quieren ser definitivamente suprimidos por las bilateralidades preferidas por la novel etapa Trump.

No se debe acompañar la libertad comercial incentivada por China, porque la aplican en su territorio con una inteligente discriminación que no admiten muchas de las economías occidentales, en especial algunos de los muy dogmáticos gobiernos conservadores sudamericanos. Tampoco es modelo a emular el predicado por Alemania, que conmina fronteras afuera a “austeridades” socialmente desestabilizantes, mientras que recurre a la inversión de la banca pública para llenar el vacío de la privada cuando es necesario, a la vez que habilita injerencias obreras en el gobierno y proceso decisorio de sus empresas (política que evalúa introducir la conservadora primera ministra británica Theresa May en su país).

Es inútil y contraproducente insistir con ingenierías que son crecientemente rechazadas y padecidas por las poblaciones occidentales, en especial por parte de las economías centrales. Los esfuerzos deben dirigirse al mantenimiento de los mecanismo democráticos existentes en el orden global y a su perfeccionamiento y expansión.

Donald Trump y los nacionalismos excluyentes europeos son una desafortunada señal de comprensibles agotamientos ciudadanos que deben ser registrados. Las estrategias de las economías dependientes occidentales sustentadas en una inteligencia económica global que fue abolida o transitoriamente suspendida (es temprano para saberlo, pero para el caso es lo mismo) y a la que no se incorporaron oportunamente sólo pueden ser calificadas como insensatas.

Fredes Luis Castro

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