LOS HOMBRES DE PRO

Mucho antes de nacer los que hoy merecen tal nombre, los hombres de Pro, ya existían en la literatura. Es que así se llama una de las muchísimas novelas de José María de Pereda y Sánchez Porrúa (1833-1906) quien además militó en política y siempre dejó una observación de época.
Esta novela de costumbres no anticipa nada, lo que es más que obvio. Pero es llamativo como concluye: “don Simón había sido expulsado … por haber dicho en pleno Senado … estas sencillísimas palabras, hijas legítimas de sus desengaños que tan caro le costaban: “El mal no esta en que, por casualidad, salga un mal tabernero de buen ministro, o un gran alcalde, o un perfecto modelo de hombres de sociedad; la desgracia de España, la del mundo actual, consiste en que quieran ser ministros todos los taberneros …” .
Los taberneros, que ahora suena medio “despectivo”, eran emprendedores, empresarios, managers de entonces. Pymes o empresas medianas o empresas lisas y llanas, los dueños o CEOs, pueden estar en un ámbito capaz de proveer funcionarios o ministros, dependiendo de sus calificaciones, vocaciones y capacidades. Calificación moral, vocación de servicio y capacidad política.
Pero, como dice don Simón, no debería ser la de tabernero o la de ejecutivo – en términos contemporáneos – una condición para tornar en ministro. Nadie lo duda.
Pero salvando las distancias Mauricio Macri eligió su equipo básicamente en función de la experiencia de sus hombres en el mundo de los negocios. Y naturalmente los eligió entre los exitosos. Para todos, el cargo público, fue un ascenso. Del anonimato al estado público, de la hoja de balance de un negocio al Presupuesto de la Nación. Ascenso.
Y los ascensos están sometidos al principio de Peter que dice que “todos alcanzan el nivel de incompetencia”. Ese es el momento en que no cabe ningún ascenso porque, a pesar de haber sido brillante antes, ocurre que a muchos, es evidente, el cargo lo sobrepasa. Y eso ocurre aunque falte una sola condición. Por ejemplo “la capacidad política¨ que requiere calcular la reacción de los otros más allá de la quinta iteración. Guau.
Y si bien Mauricio Macri cree haber elegido a los mejores y que gracias a la interrelación virtuosa entre ellos habrían conformado el mejor equipo del reino de nunca jamás, la realidad es que los errores de todo tipo, muchos de ellos rectificados, lo que se postula como virtud y otros mantenidos inexplicablemente, a pesar de la evidencia del error, nos señalan que muchos han alcanzado el nivel de incompetencia y que el ámbito excluyente donde se ha realizado la cosecha de “mejores” no ha tenido alto rendimiento. Hay que buscar los frutos “en otra quinta”. Esta me parece es una frase de mi amigo el embajador Guillermo Jacovella, claro que en otro contexto y referida a otras cosas. Pero me vale aquí.
Los errores le están costando demasiado, más allá de la virtud de la rectificación, y van reduciendo la “confianza” que Macri creía que su equipo sería capaz de brindar.
Sin resultados, difícil de conseguir, aflojando la confianza, ese fenómeno de más apoyo al gobierno que votos a los candidatos, el que hasta aquí ha dado gobernabilidad, corre el riesgo de amainar. Y eso no es bueno para nadie.
Para Macri, lo ha dicho, el equipo es mas importante que los hombres. Es decir la relación entre ellos es central. Por eso apenas se produjo una fisura en la homogeneidad, expulsaron al heterogéneo. Lo diferente no va ( A. Prat Gay, C. Melconian).
Previendo las fallas de homogeneidad el Presidente ha extendido su persona con más ojos, más cabeza, etc., personificada en los coordinadores de la Jefatura de Gabinete que reciben el influjo gratuito del gurú ecuatoriano, nacido de izquierda según sus dichos, J. Duran Barba. Uf. Uf.
Reitero, primero elegimos los mejores y después los homogeneizamos. Eso es el equipo que genera confianza. Y punto. Lo adicional lo brinda el gurú.
El gurú confiesa que él prepara “equipo para ganar elecciones”, es especialista en “triunfos electorales”. No en cuestiones de gobierno. Macri no tiene un gurú para “triunfos de gobierno”, es decir, un alma con una visión que proponga un programa con de objetivos de política. No cree que sea necesario. Alcanza con equipo mas confianza.
Pero sí, el Presidente, tiene un filósofo de cabecera, Alejandro Rozitchner, quien dice venir de “la marihuna y el rock” y que reconoce que “Tal vez no hay un programa del PRO ni tratados escritos, sino algo más saludable, una posición más existencial” y agrega que le “gusta pensar en el objetivo de la presidencia como una mutación psicológica de la Argentina”…” tenemos que superar la valoración de la tristeza” ¿Revolución de la Alegría?
Lograr esa mutación existencial, según el filosofo, se basa en que “Macri hizo 20 años de psicoanálisis” (El País, 14 de febrero de 2017)…Veinte años, un período emblemático como más adelante veremos.
Tenemos entonces gran “capacidad electoral”, los mejores, un equipo que genera confianza y nos proponemos producir una mutación existencial, pero sin programa y, además, sin responsable de “la economía” que en nuestro país es una cuestión existencial.

Es evidente que “la economía” como tal no está pensada, por el PRO, como un sistema. Para el equipo, no hay tal cosa como “la economía” sino parcialidades autónomas o parecido. Hay homogeneidad de las personas pero no visión global de la gestión.

Además de las interpretaciones acerca del carácter de la gestión, y esta es una de las tantas posibles, están los hechos.

Entre los hechos predomina “el borrador”. Notable. José María de Pereda en “Los hombres de Pro, relata “el Presidente hojeando la instancia en borrador”. Es como si hubiera una premonición literaria: taberneros y borradores.
Por lo que hemos estado presenciando las decisiones pueden ser de una manera por la mañana. Pero si hay un cimbronazo en la tarde, a la noche cambiamos. Cambiemos, del que PRO es el núcleo duro, vendría a ser un continuo sin fin, un cambio tras otro. Y aquí se desprende el riesgo que la virtud de cambiar, por abuso, se convierta en vicio. ¿Estamos llegando ahí?

Los ejemplos abundan. El último es el caso del Correo cuyo final es puro suspenso. O la relación con Donald Trump que pasó de “No somos más duros con Trump porque Méjico no lo pide” (Susana Malcorra, El país) y, 5 minutos después, gloria telefónica de Mauricio con Donald. Todo en borrador. Es cierto. Pero con todo no es lo principal. Los cambios no ordenan, desordenan. Pero hay elementos ordenadores. Los que inciden.

En economía, el principal de los hechos ordenadores, a pesar de escarceos de funcionarios y coordinadores, es la acción que lleva adelante el presidente del BCRA. El sí expone un objetivo cuantificado, determinado en el tiempo, definido por instrumentos que son aplicados sin anestesia. El objetivo es “la inflación” y el instrumento es la política monetaria.

Lo principal es que a este objetivo y a esos instrumentos, sucumben todas las intenciones y declaraciones públicas. Nada ha logrado rectificar ese rumbo. Nada ha adquirido la misma jerarquía de objetivos.

Tan es así que el propio Presidente – haciendo honor a lo emblemático de los 20 años – ha declarado que la “pobreza cero” se transformó en “Necesitamos 20 años de crecimiento para salir de la pobreza” (Perfil, 2 de febrero de 2017) . La “pobreza cero” es algo que no está al alcance sino de 5 períodos presidenciales. O lo que es lo mismo que el objetivo inflación predomina y de su obtención depende todo lo demás.

La reducción a cero del número de pobres ocurrirá, si se cumple el “PROnóstico”, “el PROpósito Macri”, en el año 2036.

Una manera de visualizar ese propósito es imaginar un escenario de reducción del número de pobres de cada año en un veinte por ciento y así sucesivamente cada año. La pobreza no puede reducirse de “a poco” porque “el poco” es superado por a tasa de reproducción de la pobreza que nos sorprende: superponga el mapa de las Villas Miseria de 2000 al de 2016 y apaga la computadora.
El plazo de veinte años requiere, es un camino, que en este año deberíamos bajar la pobreza en 2,4 millones de personas y 2018 amanecería con 9,6 millones de pobres y no 12 millones como ahora.
Y durante 2018 habría que reducir la pobreza en otro 20 por ciento, es decir,1,9 millones de pobres menos.
Y así sucesivamente cada año el 20 por ciento sobre el saldo remanente hasta 2036. Para entonces, si hoy son 12 millones las personas que sobreviven bajo la línea de pobreza, quedará un remanente de 140 mil en esa condición para una población de más de 50 millones de habitantes. Casi cero. Objetivo logrado. Pero dentro de 20 años.

En ese recorrido de aumento de la población y reducción del número de pobres, habría una primera estación importante en 2024, año en el que, a ese ritmo, alcanzaríamos a reducir la pobreza al 4 por ciento de la población.
Habrán pasado 50 años desde que el país abandonó el objetivo central del Estado de Bienestar, tiempos en habíamos logrado reducir la pobreza al 4 por ciento a base de política económica basada en objetivos e instrumentos múltiples. Eso fue en 1974. Volvamos al futuro. Es cierto el “futuro deseado” podría ser 1974 lo que habla de nuestros fracasos.
Al ritmo de reducción del 20 por ciento por año sobre el remanente de pobreza de cada año, en 7 años habríamos de lograr retornar a nuestros niveles de sociabilidad y civilización de hace medio siglo.
Entonces habríamos salido de una tragedia colectiva caracterizada por haber sufrido el flagelo de la pobreza creciente durante toda la Dictadura y toda la Democracia. No fue un accidente sino la lógica consecuencia de un enfoque de política económica que predominó en continuado desde 1975: rodrigazo, militares, radicales, menemistas, aliancistas y kirchneristas.

En 2024 podríamos retornar al 4 por ciento; y para llegar a pobreza cero harían falta 12 años más. Pero, como bien ha dicho el Presidente, para alcanzar esa meta, hoy tan pero tan lejana, es necesario crecer de manera extraordinaria. Pero volvamos al futuro del calendario no el de los deseos que por estar en decadencia queda atrás.

Para lograrlo hace falta crecer ahora a mucha velocidad.

Macri empezó su gobierno con 30 por ciento de población en condiciones de pobreza, el primer año lo aumentó. Pero si se cumple esta proyección habría logrado reducir en casi 6 millones el número de pobres en una gestión y la pobreza a su término representaría el 14 por ciento de la población. No sería “pobreza cero” pero sería un éxito extraordinario. Seguramente, en ese caso, la reelección sería altamente probable. ¿Será?

Es decir, haber puesto la meta “cero en 20 años” implica, en un sendero secuencial, reducir la pobreza a la mitad en este período presidencial. Puede que no sea exacto pero la demografía y la velocidad de reproducción de la pobreza exigen un bajón de entrada: de a poco no va, la tasa de reproducción gana.

Puede que la meta cero se lograra en un período mas breve. Pero de ninguna manera podría llegar a cero, en ese plazo, si no ocurre esta reducción acelerada en lo que resta de la presidencia Macri. Preste atención. ¿Estamos tratando de hacerlo?

Esto implica que – efectivamente – la tasa de crecimiento de la economía debe ser muy elevada en lo que resta del período para que se puedan incorporar al sistema, del que están excluidas, 6 millones de personas. “No hay estado sino continua mutabilidad en todo. 0 se crece o se declina, desvariando siempre con tanto variar” Baltazar Gracian

El crecimiento elevado es una condición necesaria. Pero hacen falta muchas otras condiciones más.

Abatir la pobreza en 20 años, como anuncia Macri, implica un proceso acelerado de reducción en este período presidencial y exige un determinado tipo de crecimiento.

Un crecimiento en bienes, ocupaciones, inversiones, destinado a posibilitar ese proceso de incorporación social. Un estilo de crecimiento.

No olvidar que la pobreza, demográfica y culturalmente, está gobernada por una tasa extraordinaria de reproducción. Para ponerlo en claro, mientras la población, aproximadamente, se duplicó entre 1974 y el presente, el número de pobres, en ese mismo período, se multiplicó por 15. Esa es la fuerza de la tasa de reproducción de la pobreza..

Es decir, para reducir el factor “reproducción” es imprescindible (no se puede prescindir) generar un proceso acelerado de absorción que, en el plazo que se propuso o pronosticó el Presidente, implica razonablemente un ritmo de 20 por ciento anual sobre el remanente y de ese modo. No menos y no al revés. Un esfuerzo gigante en los primeros tiempos.

¿Qué tasa de expansión de la economía es necesaria para que eso se cumpla?¿Qué estilo de expansión es necesario? El “estilo” es tan necesario como la “tasa”.

Sabemos claramente que el estilo “derrame” no funcionará. Primero porque la experiencia es que todas las estrategias de “derrame” que rigieron desde 1975 hasta 2001 no funcionaron. La economía básicamente no creció; y cuando lo hizo, lejos de derramar para rescatar la pobreza, logró que la pobreza en número, y porcentaje sobre la población, aumentara sistemáticamente.
Y lo mismo ocurrió desde 2004/5 en adelante. Puede que sea impreciso en esos años. Pero después de la reducción de la pobreza, una vez alcanzado el 50 por ciento, como consecuencia de la debacle de la convertibilidad y la crisis de la salida, se llegó a un nivel de estancamiento porcentual al que sucedió el crecimiento del número y la proporción de pobres.

Esa última etapa no fue la del derrame sino la etapa del agotamiento de los stocks, para definirlo de alguna manera, es decir, el reinado del corto plazo y el aprovechemos la liquidación.

Esa estrategia K de “crecimiento” del presente, que agota el futuro, estuvo acompañada por un incremento del número de pobres mientras la economía algo creció (3,2 por ciento acumulativo)

Crecer es necesario. Pero el estilo de crecimiento determina si el mismo contribuye o no a la reducción de la pobreza. Lo que tienen en común los últimos 40 años, incluido el período actual, es que se han ejecutado programas de un solo objetivo, con o sin ministro de economía. Es decir renuncia a la visión global de la economía.
JA Martínez de Hoz incrementaba las reservas como antídoto a la crisis de Balance de Pagos, mientras se desplomaba el empleo y la industria y aumentaba la deuda y la inflación. Domingo Cavallo procuraba la estabilidad de los precios, mientras la deuda aumentaba y desaparecía la industria y cundía la desocupación. Los K se dedicaron a aumentar el consumo, con mucha importación contenida, mientras se desplomaban los stocks. En todos los casos aumentó la pobreza y en todos lo bueno fue efímero y los males volvieron.
Macri también opera con un solo objetivo: la meta inflacionaria. La economía, el empleo, la competitividad no mejoran y la pobreza aumenta.
Para gobernar (y más con la exigencia obvia de reducir la pobreza) se requiere de un programa (obviamente consensuado) de objetivos múltiples: crecimiento con pleno empleo, con superávit en la cuenta corriente del Balance de Pagos y una política de ingresos “racional”. Tal vez no sea una visión tabernera o de CEO. Una visión que no admite borrador. Pero es la que exige la economía.

No es racional que en un año el pedal financiero deje el 20 por ciento en dólares o que la tasa de inversión sobre PBI sea 16 por ciento o que todo eso, no sea sino el reflejo, las reacciones lógicas, de las acciones de los talibanes de la tasa de interés que bajan la inflación, mientras el conflicto social lleva el disenso a la calle en lugar de a una mesa de concertación que por definición no puede orillar en un solo objetivo. Concertar implica objetivos múltiples.

El PRO por ahora no ha demostrado, ni de lejos, que tengan a los mejores funcionarios. Por ahora se cumple, como mencionamos, el principio de Peter todos, al ascender, “han alcanzado el nivel de incompetencia”. La homogeneidad es muy buena para un remate, pero no da la razón. La Revolución de la Alegría no reemplaza el programa y ganar elecciones no es lo mismo que gobernar bien.
¿Y si probamos hacer un programa a partir del objetivo de reducir la pobreza en 20 años? ¿Mauricio creyó que tiraba la pelota afuera con veinte años? No. Para lograrlo tiene que pensar en seis millones de pobres menos en 2019. Mañana. No hay que merodear la “instancia en borrador” como parece que les pasaba a “Los hombres de Pro” en el SXIX.

Carlos Leyba

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