LUZ, GAS, COMBUSTIBLE: UN AJUSTE A LA MEDIDA DE LOS INVERSORES

Hay varias maneras de leer los sacudones, anunciados y prontos a salir, que van sobre el costo de los combustibles, la electricidad y el gas natural. Una de esas lecturas es que se trata de un ajuste hecho y derecho, con independencia de cómo sea revestido.
Otra, pariente directa de la anterior, dice que el Gobierno ha resuelto arriesgar en un año electoral, metiendo toda la artillería en el primer cuatrimestre y con la esperanza de que pasado el chubasco podrá remontar la cuesta. Seguramente, apelando a otras herramientas que no sean sólo la herramienta económica.
La tercera lectura tiene forma de apuesta fuerte a las inversiones en hidrocarburos. De eso habla un analista: “El Gobierno les ha dado un sendero de precios, flexibilización laboral y garantías de recuperar la plata. Después de pagar el costo que le tocaba, incluida la posibilidad de audiencias públicas tormentosas, ahora las compañías deben ponerse en serio y pronto”. Evidente, la joya se llama Vaca Muerta.
Podría añadirse que la Casa Rosada ha dado pasos concretos contra promesas de inversiones. O que lo ha hecho sin exigir contrapartidas, como habría sido un plan con compromisos calzados.
La de los hidrocarburos es una actividad que crea poco empleo, pero que ingresa divisas en cantidad y, llegado el punto más alto, puede garantizar el abastecimiento de insumos clave para sostener el crecimiento de la economía. O, en ausencia de ellos, capaz de trabarlo.
Se diría, pues, que detrás de los ajustes existe una jugada estratégica del Presidente proyectada incluso hacia un segundo mandato. Mauricio Macri se ve, o cuenta que se ve, gobernando hasta 2023 y poniéndole la lápida a la crisis energética heredada.
Falta desde luego que las mejores expectativas coincidan con la montaña de dólares que demanda recuperar el autoabastecimiento. Nada menos que US$ 10.000 millones anuales a lo largo de unos ocho años, estiman expertos del sector.
“Entiendo y comparto lo de la apuesta a las inversiones petroleras, pero yo no proyectaría movimientos grandes este año”, opina alguien que recorre ese espinel y ha recibido consultas de compañías extranjeras interesadas en explotar Vaca Muerta.
En el remachado “esperar hasta que aclare”, computa el riesgo de que cautelares de la Justicia frenen los aumentos, tal cual ocurrió el año pasado, y el aún difuso horizonte electoral, o sea, el como le vaya al macrismo en octubre. Algunas, prevenciones muy difundidas en el circuito de los negocios.
Varios datos ya conocidos le permiten ser optimista, en cambio, con las inversiones en energías renovables. Las de origen eólico y solar, sobre todo.
Esos datos hablan de un buen número de empresas que se han presentado a las licitaciones, tanto de afuera como de aquí y en muchos casos asociadas a provinciales. Existe, además, un escenario internacional con grandes jugadores moviéndose al compás de una fuente de recursos a tono con las políticas no contaminantes del ambiente.
Las renovables son además una vía directa hacia la reconversión de la matriz energética nacional, hoy muy dependiente del petróleo y del gas. El Gobierno espera que efectivamente aparezcan los fondos anotados en la primera ronda de ofertas adjudicadas: alrededor de US$ 4.000 millones. Del otro lado aguardan reglas de mercado aún indefinidas.
Recortar los subsidios y contener la disparada del déficit fiscal significa, también, una señal a quienes ven allí un peligroso foco de desajustes extendidos a toda la economía; entre ellos, inversores del color que sean. Tarea para el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que para eso fue elegido.
En el fondo de la movida completa late la decisión de ir por el camino del medio. No habrá todo el ajuste que, según los manuales ortodoxos, manda poner la inflación rápidamente en el sendero del dígito. Ni se bombeará tanto consumo como el que ordenaría el año electoral.
“Tendremos un poco y un poco”, dice un ex ministro de Economía. En sus pronósticos, la inflación no será el 17% de la pauta oficial sino 22 o 23% y el crecimiento no mayor a 3%, modesto viniendo de una caída del PBI cercana a 2,5% y de un estancamiento prolongado.
Bajo la presión de la política y de los reclamos salariales, previsibles dada la magnitud de los ajustes, todo suena parecido a un equilibrio inestable. O a “un año movido”, dice un asesor de gremios y empresas.
Sobre este mundo si se quiere más terrenal y en varios sentidos complicado, algunas consultoras ya han sacado cuentas del posible impacto de las tarifas en el índice de precios. Combustibles, electricidad y gas, más agua, les dan un 5% en el primer cuatrimestre, bastante por encima del cálculo oficial.
La estadística del INDEC dirá cuál fue realmente el efecto tarifas en los meses de los aumentos. Otra cosa dirán los consumidores, porque ellos los sentirán esos meses y durante los que les siguen.
No un riguroso 17% sino alrededor del 23% es la cota salarial que se habría puesto la Casa Rosada para el sector privado. Aún así, flota en el ambiente la eventualidad no tan eventual de que los gremios resistan.

Alcadio Oña (Clarín,)

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