PENSAR LA CUESTIÓN DE LAS ISLAS MALVINAS DESDE EL ATLÁNTICO SUR Y LA ANTÁRTIDA

Centro de Investigación para la Política y el Desarrollo (CEPYD)
Febrero 2017
Introducción
La Argentina ha ratificado su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, por ser éstos parte integrante del territorio nacional. Asimismo, debemos señalar que la recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del derecho internacional, constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino, de conformidad con la cláusula transitoria primera de la Constitución Nacional.
Nuestro país rechaza los actos unilaterales británicos en territorio argentino ocupado, los cuales resultan contrarios a la Resolución N° 31/49 de la Asamblea General de la ONU que insta a la Argentina y al Reino Unido a abstenerse de adoptar decisiones que introduzcan modificaciones unilaterales en la situación mientras las Islas atraviesan el proceso recomendado por la Asamblea General en sus resoluciones sobre la “Cuestión de las Islas Malvinas”.
Asimismo, el gobierno argentino ha manifestado como eje de su política exterior el firme compromiso de resolver la disputa de manera pacífica, respetando las leyes del derecho internacional y buscando ampliar el apoyo regional y multilateral a la posición de la Argentina.
Partiendo de esta premisa, el presente trabajo tiene como objetivo principal proponer un método de abordaje integral de la “Cuestión de las Islas Malvinas” que permita su estudio desde la perspectiva del espacio geográfico definido por el Atlántico Sur y el continente Antártico.
Las unidades de análisis que se propondrán a continuación permitirán abordar de un modo integral la producción de conocimiento calificado, útil para la eficaz toma de decisiones en el plano de las relaciones internacionales.
Consideraciones iniciales
La importancia que posee el espacio geográfico comprendido por el Atlántico Sur y la Antártida, incluyendo su contenido (archipiélagos que se encuentran en él con disputa de soberanía), determinan la necesidad de organizar un esquema de análisis que posibilite disponer en forma ordenada, información de valor para la toma de decisiones en el momento oportuno por parte de las autoridades nacionales que así lo consideren necesario. Es decir, la propuesta del presente trabajo cumple una doble finalidad: por un lado, la de producir conocimiento específico sobre un tema de relevancia para el ejercicio pleno de la soberanía política sobre el territorio nacional, y por otro, brindar herramientas que posibiliten una ventana de oportunidad que resulte favorable para nuestro país en la disputa con el Reino Unido por la “Cuestión Malvinas”.
Lo expresado debe ser abordado según los siguientes criterios generales que a su vez guiarán el trabajo. El objetivo principal será: analizar los factores, procesos, capacidades, intenciones y acciones de los actores que incidan sobre los intereses argentinos en nuestro mar, Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y la Antártida, a fin de determinar sus capacidades y debilidades.
El Plan de Trabajo deberá abordar necesariamente los asuntos que se detallan a continuación:
• Definir Atlántico Sur.
• Definir la jerarquía de los actores en el espacio al que hacemos referencia.
• Definir la jerarquía de temas en función de los factores que se consideren con sus correspondientes prioridades:
1. Mar, Plataforma y Sector Antártico Argentino.
2. Proyección en el Atlántico Sur.
3. Actores incidentes desde la periferia.
Para sistematizar el análisis en cuestión, resulta conveniente diseñar un listado de seguimiento de temas que incluyan: Relaciones Internacionales y Geopolítica, Procesos Políticos y Económica, Recursos Naturales e Infraestructura Estratégica y Defensa.
La evolución del proceso de producción de conocimiento y las necesidades de insumos necesarios para la toma de decisiones políticas, determinará el enunciado de nuevos criterios sobre los que se continuarán el trabajo de investigación.
El escenario imaginado por nuestro país para alcanzar el posicionamiento deseado, supone visualizar y practicar un seguimiento de las Tendencias Globales y Regionales que terminen de configurar un futuro posible y deseable. Entendemos que ese mismo escenario no puede alejarse de los principales lineamientos del Nivel Estratégico Nacional, en particular de la concepción y el posicionamiento estratégico que orientan y conducen las cuestiones de la Defensa Nacional y la Política Exterior.
A modo de ejes conductores de búsqueda de conocimientos, se considerarán como “Tendencias Globales”, las siguientes:
1. Ascenso de nuevos poderes.
2. El “Orden Internacional” continuará en proceso de discusión.
3. La persistencia de la crisis económico-financiera internacional, mantendrá la afectación de los presupuestos públicos.
4. Persistencia de la competencia geopolítica entre potencias por el control directo o por el acceso de los recursos estratégicos.
5. Persistencia de los conflictos armados “Híbridos y Difusos”.
Con criterio análogo, se considerarán “Tendencias Regionales”, a las siguientes:
1. Ausencia de Guerras y consolidación de la región como Zona de Paz.
2. Persistencia de diferendos interestatales ligados a conflictos territoriales.
• Reconfiguración de los mecanismos de cooperación en materia de defensa y seguridad.
1. Desarrollo de una nueva estrategia de relacionamiento por parte de EEUU.
2. Presencia de actores extrarregionales no tradicionales.
3. Emergencia de Brasil como actor de proyección global.
• Búsqueda de diseño de las políticas de defensa en forma autónoma.
• Diferentes percepciones sobre defensa y política exterior.
1. Interdependencia energética como factor generador de integración y tensiones.
2. Cambios en la situación estratégica del escenario del Atlántico Sur.
3. Dinámicas Globales con signo competitivo sobre los recursos naturales estratégicos y las fuentes de biodiversidad de la Antártida.
1. Generalidades del Atlántico Sur y la Antártida
El Atlántico Sur y la Antártica comprenden un espacio donde interactúan una multiplicidad de actores, Estados, organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y grupos de interés.
El Océano Atlántico, es un cuerpo de agua relativamente angosto y combado, en forma de “S”, rodeado de masas continentales, en general paralelas. Es el segundo en superficie total (106 millones de km cuadrados), detrás del Océano Pacífico (189 millones de km cuadrados).
El suelo oceánico del Atlántico, en su parte central, está surcado por una cordillera submarina denominada “Dorsal Medio Atlántica” que se prolonga hacia la Antártida y, en algunos sectores, emerge conformando algunas de las islas existentes en el Atlántico Sur.
Geográficamente, el Atlántico Sur baña tres costas: la americana, entre el Cabo San Roque (noreste brasileño) y el Cabo de Hornos (Tierra del Fuego), con 9000 km de extensión y tres países incluidos: Brasil (4170 km), Uruguay (330 km) y Argentina (4500 km); la africana, desde Guinea Bissau hasta el Cabo de las Agujas, con un litoral de 7800 km y veintiún países incluidos; y la Antártica, desde la península hasta la Tierra de Maud.
Respecto de los países suramericanos podemos afirmar que poseen un pasado colonial común, divergencias históricas superadas, fronteras en general definidas y estables y sistemas políticos caracterizados por gobiernos democráticos. Por su parte, la costa africana está conformada en su mayoría por naciones con menos de 60 años de vida independiente, un pasado colonial reciente de dominación inglesa, francesa o portuguesa, fronteras porosas en inestables, población con diversas referencias étnicas y sistemas políticos que comienzan a transitar las rutas de los principios democráticos. En conjunto, los países integrantes de la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (ZPCAS) engloban a una población cercana a los 500 millones de habitantes.
Desde el punto de vista de la integración económica, los países del África Subsahariana pertenecen a la Comunidad para el Desarrollo de África Austral (Southern African Development Community -SADC-) y a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Economic Community of West Afrivan Status -ECOWAS-). Por su parte, sus homólogos suramericanos pertenecen al Mercado Común del Sur (MERCOSUR).
2. Delimitación del objeto de análisis de este trabajo
Para poder establecer un panorama general, es esencial delimitar el espacio geográfico en el que los diferentes actores se relacionan al ejecutar sus políticas en función de sus intereses.
A esos fines se ha considerado, entre otros, a la Organización Hidrográfica Internacional (OHI) que constituye la primera fuente de consulta más extendida y de mayor aceptación sobre los límites oceánicos y mares del mundo. Entre sus publicaciones incluye los “Límites de los Océanos y Mares”, donde establece que los límites propuestos “no tienen en modo alguno significación política”. Sin embargo, el proceso de elaboración y revisión de sus contenidos, del que participan los organismos técnicos nacionales de todos los países miembros -incluido el nuestro- y su gran influencia sobre los usos cartográficos a escala mundial, hacen que tales límites suelan estar condicionados, a veces significativamente, por consideraciones que en última instancia son de carácter político.
Otro de los aspectos tenidos en cuenta fue la ZPCAS, que abarca la región del Océano Atlántico situada entre África y América del Sur, proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas mediante la Resolución N° 41/11 el 27 de octubre de 1986, a propuesta de Brasil y con el apoyo argentino. La votación se definió con 124 votos a favor, 1 en contra (EE.UU.) y 8 abstenciones (Bélgica, Francia, Italia, Japón, Luxemburgo, Holanda, Portugal y la entonces República Federal de Alemania).
Esta zona tiene por objetivos la promoción de la paz, la cooperación regional, el desarrollo socio-económico, la protección del medio ambiente, la conservación de los recursos naturales y el uso pacífico del Atlántico Sur, en el marco del respeto a la soberanía, la independencia política, la integridad territorial de los Estados y el respeto de la región como zona de paz y cooperación, en particular mediante la reducción y eventual eliminación de presencia militar en dicha región, la no introducción de armas nucleares o de otras armas de destrucción masiva y la no extensión a la región de rivalidades y conflictos que le sean ajenos.
La ZPCAS es el primer foro de vinculación entre América del Sur y África, que nuclea a los Estados ribereños del Atlántico Sur: Argentina, Brasil, Uruguay, Angola, Benín, Cabo Verde, Camerún, Congo, Costa de Marfil, Gabón, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea Bissau, Guinea Ecuatorial, Liberia, Namibia, Nigeria, República Democrática del Congo, Santo Tomé y Príncipe, Senegal, Sierra Leona, Sudáfrica y Togo.
Se han incluido además, los conceptos desarrollados en el Libro Blanco de la Defensa Argentina del año 2010 y su actualización, publicada en el 2015, en relación a la inclusión del Pasaje Drake y la Antártida al área de estudio. Del mismo modo, se ha tenido especial consideración a los lineamientos generales impartidos por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto en todo lo referente a la “Cuestión de las Islas Malvinas”.[1]
Considerando los aspectos precedentes y a los fines de este trabajo, el área bajo estudio se denomina Atlántico Sur y Antártida y comprende:
Cuatro subsistemas regionales:
1. Subsistema Suramérica Atlántico Sur
2. Subsistema Islas Atlántico Sur, bajo dominio del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda de Norte (RUGBIN) y/o que cuentan con presencia militar adelantada de los EE.UU.
3. Subsistema Antártida
4. Subsistema África Atlántico Sur
Dos subsistemas extra regionales:
1. Subsistema con incidencia directa en el Atlántico Sur
2. Subsistema extra regional compuesto por actores principales, secundarios y Organizaciones Internacionales.
Dichos subsistemas no son entendidos como compartimentos aislados, por el contrario, son elementos que interactúan permanentemente entre sí, generando la sinergia característica del área Atlántico Sur y Antártida.
3. Relaciones Internacionales y Geopolítica
El área comprendida entre Atlántico Sur y la Antártida constituye la vía marítima de proyección hacia África, Suramérica y Antártida. Es un espacio geoestratégico que conjuga un bajo nivel de conflictividad y una elevada accesibilidad a diversos Recursos Naturales (RRNN), transformándose en un reservorio disponible en caso de que se presente una escasez crítica a nivel mundial.
El grado de baja conflictividad que presenta esta zona, permite a las potencias dominantes ejercer algún tipo de control, a través de una relación costo/beneficio por demás ventajosa, percibiéndose como un espacio periférico al interés internacional.
La participación continua y creciente de los actores estatales de las áreas de Investigación y Desarrollo (I&D), de empresas privadas, públicas o mixtas y de las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) en la Antártida, demuestran la importancia asignada en función de la potencialidad de la explotación de sus RRNN y de las patentes asociadas.
Son esos mismos actores los que promueven la vigencia del statu quo mediante la continuidad del Tratado Antártico, mientras sea sostenible o funcional a sus necesidades/intereses. Un ejemplo evidente es la ambigüedad con la que se maneja la fecha de caducidad del mismo. No existe, por el momento, una intención de volver a reunirse y debatir viejas cuestiones de competencia en el área.
El aumento de precios de las mercancías (o commodities) durante buena parte de este siglo permitió a los estados suramericanos crecer a nivel interno y ganar mayor espacio en el concierto internacional de las naciones.
La lógica de cooperación/competencia se adecuó al tipo de agenda y al grado de integración institucional. La cuestión Malvinas es una muestra de ello, en donde se conjuga el apoyo diplomático regional hacia la Argentina en contraste con la persistencia de acciones cooperativas en el Reino Unido, ya que países de la región habrían brindado asistencia logística a las Fuerzas Armadas británicas con destino y/o provenientes de Malvinas.
Es de notorio y público conocimiento, que en los últimos años, la Argentina ha recibido un creciente apoyo de la comunidad internacional en su legítimo reclamo por el ejercicio soberano de sus derechos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Así ha quedado evidenciado en distintos foros como las Naciones Unidas, OEA, MERCOSUR, UNASUR, ALBA, CELAC, Cumbres Iberoamericanas, ALADI, OLADE, G 77 + China, ZPCAS, CARICOM, SICA, PARLACEM, entre otros, lo cual ha dado cuenta que la “Cuestión Malvinas” es una causa regional y global.
En septiembre de 2011, el G 77 + China dedicó por primera vez en una declaración final un párrafo exclusivo a la cuestión Malvinas. Los más de ciento treinta ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros del grupo reclamaron al Reino Unido el cumplimiento de los requerimientos de la comunidad internacional, y la reanudación de las negociaciones con la República Argentina sobre las Islas Malvinas. El documento señala que la decisión se adoptó “con el fin de encontrar, lo antes posible, una solución pacífica” y que “los gobiernos deben abstenerse de tomar decisiones unilaterales”.
El G 77 + China en septiembre de 2014, no solo reiteró lo señalado precedentemente, sino que destacó el derecho de los Estados miembro a la soberanía permanente sobre sus recursos energéticos, indicando que las operaciones llevadas a cabo por empresas no autorizadas por el gobierno argentino en el área de las Islas Malvinas relativas a la exploración de recursos naturales, especialmente recursos hidrocarburíferos, son un grave detrimento de los derechos de soberanía de la República Argentina sobre su plataforma continental.
Brasil se destaca por sus pretensiones de convertirse en el líder regional, en el cual el Atlántico Sur representa su vía de proyección hacia el África y una fuente importante de RRNN, en especial hidrocarburos y pesca.
En el caso de África, la limitada capacidad de control efectivo sobre los espacios marítimos impacta en la relevancia real otorgada al Atlántico Sur, quedando circunscripta a sus zonas costeras y sus respectivas Zonas Económicas Exclusivas (ZEE). Sudáfrica, se constituye en la única excepción. Los demás actores estatales proyectan adquirir las capacidades navales que reviertan la situación actual, atendiendo los mayores compromisos en materia de seguridad internacional y la potencialidad técnica para la extracción de recursos. A la cabeza de ese grupo se encuentran Nigeria y Angola.
Los demás países estatales africanos mantienen relaciones variables con sus contrapartes de la otra costa del Atlántico Sur. Existe un criterio de apertura hacia Sudáfrica, siendo limitado el margen de maniobra frente a las potencias globales y a los socios tradicionales, con excepción de Brasil, quien ha mantenido una incesante y creciente presencia en el continente africano.
El Reino Unido y EE.UU. enfrentan el desafío establecido por su competencia en la extracción de recursos y las influencias que desde China y Rusia han hecho pié en África y Suramérica.
Para el Reino Unido, el área del Atlántico Sur no está dentro de sus primeras prioridades, tal como pueden ser África del Norte, Europa del Este, Medio Oriente y Asia Central. No obstante ello, la administración del Primer Ministro británico le ha concedido una mayo relevancia con relación a las anteriores administraciones, asignándole un interés estratégico como espacio de baja conflictividad y de fácil acceso a RRNN, como vía de comunicación alternativa hacia el Este en caso de cierre del Canal de Suez y como plataforma de proyección hacia la Antártida desde sus Territorio Británicos de Ultramar (TTBBUU).
Puede observarse además, una mayor proactividad del Reino Unido para influir mediante acuerdos de comercio, defensa e inversión en los países de Suramérica para sostener y ampliar su presencia, y al mismo tiempo socavar cualquier intento argentino de regionalización del conflicto por las Islas Malvinas.
Dentro de esta concepción se puede dividir al continente americano, fuera de Canadá y México, en tres áreas de relevancia para los EE.UU.:
1. La constituida por los países de la cuenca del Mar Caribe y América Central
1. La conformada por Brasil y los países andinos
1. La integrada por la Argentina, Paraguay, Uruguay y Chile
El Atlántico Sur quedaría inscripto en las áreas 2 y 3, en donde los problemas que más le preocupan a los EE.UU. (narcotráfico, terrorismo, migraciones y crimen organizado), no tendrían impacto en su seguridad.
La excepción a este último párrafo, serían los regímenes que ellos denominan “populistas” y que bajo su perspectiva, afectarían la estabilidad regional. Sin embargo, la historia reciente indica que la actitud de los EE.UU. ante situaciones de quiebre institucional de ese tipo de régimen se muestra con cierta pasividad en el concierto de la diplomacia internacional, pero con una gran actividad en el orden interno de esos países a través de la embajada norteamericana y los organismos de inteligencia exterior.[2]
En cuanto al territorio antártico, la Argentina mantiene presencia permanente e ininterrumpida desde 1904. Por 40 años fue la única nación con presencia permanente en dicho continente, hecho que constituye el mejor aval de sus títulos de soberanía al sur de los 60° de latitud sur. Actualmente posee seis bases permanentes (Marambio, Orcadas, Carlini, Esperanza; San Martín y Belgrano II) y siete transitorias (Brown, Cámara, Decepción, Petrel, Melchior, Primavera y Matienzo).
Cabe mencionar que la base Petrel se encuentra en proceso de reconversión hacia una base integrada permanente de apoyo logístico. Esto significa que será la primera base antártica de operaciones integramente conjunta.

4. Procesos Políticos y Económicos
El Reino Unido sustenta su dominio sobre las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur sobre la base de los principios de ocupación efectiva y autodeterminación de los pueblos. El status jurídico que le asigna es el de Territorio Británico de Ultramar, en donde si bien los ciudadanos son británicos, no gozan de los derechos y obligaciones que los habitantes de la metrópoli. Una muestra de ello es que no pueden votar para las alecciones del parlamento británico.
La Constitución de 2009 estableció como autoridad política de las Islas a un gobernador que es designado por el Foreing and Commonwealth Office (FCO) en representación de la Reina y una Asamblea Legislativa compuesta por 8 miembros que legisla y propone políticas públicas. En caso de desacuerdo entre ambas instituciones sobre determinada medida, es el Departamento de los TTBBUU del FCO quien decide.
En marzo e 2013, se celebró un referéndum sobre si las Islas debían seguir siendo TTBBUU en donde participó el 92% del padrón electoral y ganó el SÍ con el 99,8% de los votos. Dicho referéndum no tuvo el reconocimiento internacional pero sirvió a los fines de promover acciones de visibilidad del Gobierno de las Islas en Suramérica, consistentes en visitas de miembros de la Asamblea Legislativa a congresos y universidades de los países regionales en donde se expone la visión isleña del conflicto.
La estrategia adoptada por el Gobierno de Malvinas es la de victimizarse frente a la “agresión y bloqueo económico de la Argentina”, mostrar que existe una identidad isleña distinta e independiente a la británica y que Malvinas es un territorio lleno de oportunidades para los negocios. En este sentido, desde 2012 en adelante se ha registrado una intensificación de esta campaña y la invitación de parlamentarios y empresario de los países de nuestra región para que visiten las Islas.
Dentro de esta activa campaña de visibilización, también se han registrado visitas de funcionarios isleños a países miembros del Commenwealth. A fines de enero del 2014, el legislador Mike Summers[3] visitó Nueva Zelanda y Australia. Allí se reunió con políticos locales, académicos y miembros de la comunidad, dio un discurso público sobre los derechos de los isleños a la libre determinación y concurrió a una escuela secundaria para rendir homenaje a un ex estudiante que murió durante el conflicto de Malvinas en 1982.
En diciembre del mismo año Summers, acompañado por una delegación comercial, visitó Canadá. Durante su estadía en ese país, el ministro de relaciones exteriores de Canadá, John Baird expresó su apoyo a las empresas canadienses que se encuentran operando en las Islas y respaldo el derecho a la autodeterminación de los isleños.
A través de esta estrategia, la administración británica procura atraer comercialmente a otros países, tanto de la región del Atlántico Sur como de otras regiones, con el objetivo de disminuir sus costos de servicios y materias primas, necesarias para el sostenimiento de la población y de las industrias de sus TTBBUU y para contrarrestar las acciones de la política exterior Argentina.
La economía de las Islas Malvinas se desarrolla positivamente para sus habitantes, en función de los recursos naturales relativos excedentes, complementado con un equilibrio macroeconómico y una creciente diversificación productiva.
En el corto plazo la industria pesquera continuará siendo el principal motor económico de las Islas. Terminada la guerra contra la Argentina en 1982, el gobierno local fue autorizado por el Reino Unido a explotar los derechos de pesca en su radio marítimo más próximo, incluyendo una zona económica exclusiva de 200mn (370,4 kilómetros), a pesar que esta agua son reclamadas por nuestro país.
Las licencias otorgadas a los barcos permitieron que la riqueza generada en las Islas Malvinas pasaran de 5 millones de Libras Esterlinas en términos de Producto Bruto Interno (PBI) en el año 1980, hasta alcanzar aproximadamente las 140 millones de Libras Esterlinas en el año 2013; lo cual implica que la industria de la pesca en su totalidad represente más del 50% de este producto.[4]
En este aspecto, las licencias se encuentran diversificadas principalmente en compañías pesqueras de Asia y Europa. Las mismas han permitido desarrollar una industria con foco en la exportación sin procesamiento previo, donde el 94% de las exportaciones totales de las islas -la mayor parte a la Unión Europea seguido de Asia- son pescados, especialmente calamares, merluza, brótola, langostinos, camarones, nonotenia y krill.
Por otro lado, los ingresos de las licencias (tienen un componente variable en relación a las cantidades capturadas), representa alrededor del 30% de lo que se exporta en términos monetarios y, junto con sus derivaciones, justifican alrededor del 60% de todos los ingresos del fisco; lo que les permite a los isleños mantener un superávit fiscal sustentable para financiar las necesidades endógenas.
En general, las empresas que operan son firmas radicadas en las Islas Malvinas, las cuales suelen proveer las embarcaciones -22 en el año 2013-, que actúan conjuntamente con compañías de otros países, especialmente de Europa (sobresaliendo de este continente España con 29 embarcaciones en el año 2013) y Asia (las embarcaciones de Corea y Taiwán son las más representativas, con 51 y 80 respectivamente en el año 2013).
Cabe destacar que las mismas tienen asignado un porcentaje del volumen total de la pesca por especie, lo cual se autoriza cada año. Por otro lado, al ser transferibles, las cuotas podrán ser vendidas por cada empresa de acuerdo con su estrategia de negocio.
También es importante remarcar que una nueva legislación entró en vigencia a fines del año 2005, la cual habilita a que se entreguen a las compañías cuotas individuales transferibles, sobre las que las mismas tendrán derechos de propiedad hasta 25 años (el régimen vigente hasta entonces sólo permitía autorizaciones por un año).
Este escenario ha sido el más importante desde la introducción de la Zona de Conservación y Administración Pesquera de la década de 1980. En este sentido, la nueva ley no sólo habilitó y reguló un nuevo sistema de derechos de transferencia de pesca, sino que también ha generado la oportunidad de mejorar la ley previa en términos de numerosos desarrollos internacionales, particularmente relacionados a la conservación de los recursos marinos; incluyendo un medioambiente más racional en términos económicos (promoviendo un ingente proceso inversor) para la operación de las compañías pesqueras.
Por tanto, la nueva ley del año 2005 ha buscado también garantizar la previsibilidad y estabilidad en las empresas interesadas en invertir (tecnología en maquinarias, renovación de las flotas, estrategias de marketing) así como flexibilidad en el caso de que quieran negociar las cuotas. Este escenario generó eficiencias en términos económicos -planeamiento y escala-, como así también incrementos en los ingresos impositivos (Corporativos, Valor Agregado).
Bajo este marco, la conservación se ha tornado clave tanto para el gobierno de las Islas como para las empresas. Por ello, cabe destacar que los cambios cuantitativos se han debido a las modificaciones en la biomasa y las tendencias oceanográficas, las condiciones climáticas, y la relación costo/beneficio empresarial (precio/esfuerzo). Cuando la biomasa ha disminuido, lo mismo ha ocurrido con la captura permitida. De aquí la preocupación por la volatilidad del Calamar Illex -el principal recurso de pesca-, por el cual el gobierno de las Islas Malvinas acusa a la Argentina por la falta de un acuerdo de administración de pesca regional.
En este aspecto, cabe recalcar que la Argentina sostiene formalmente que en su condición de Estado ribereño posee y ejerce derechos de soberanía sobre su plataforma continental, espacio marítimo que comprende el lecho y el subsuelo de las áreas submarinas que se extienden más allá de su mar territorial y a todo lo largo de la prolongación natural de su territorio hasta el borde exterior de su margen continental.
Por ello, durante el período 1990-2005 se habían realizado acuerdos bilaterales entre el RUBG y la Argentina (con participación de los isleños), a través de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur (SAFC en sus siglas en inglés). Esta comisión facilitaba el intercambio de datos de pesca, realizaba navegaciones para la conservación de las especies y el medio ambiente para los respectivos gobiernos. Sin embargo, el mismo fue finalizado unilateralmente por la Argentina en el año 2005, especialmente derivado de la entrada en vigencia de la nueva Ley de Pesca descripta.
La Argentina ha denunciado que los actos unilaterales británicos entrañan actualmente un riesgo inconmensurables para la defensa de a región sudamericana. A la posibilidad de que como resultado de la falta de medidas adecuadas para prevenir incidentes ambientales por parte de las empresas británicas que realizan ilegítimamente actividades de exploración y eventual explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina se produzcan graves daños ecológicos, se suma a la ilegal concesión de licencias de pesca por parte del Reino Unido que pone en riesgo la sustentabilidad de la explotación de los recursos ictícolas.[5]
En cuanto a la industria petrolera en las Islas, podemos decir que, las escasas reservas probadas, los altos costos de extracción (nueve veces menos que en tierra firme) y las fluctuaciones en el precio del barril, conllevan a un contexto donde la producción potencial no tendría incidencia cuantitativa en términos geopolíticos. No obstante esto, en la actualidad la industria petrolera ha dinamizado la economía de las Islas Malvinas a causa de las inversiones en infraestructura y el consumo local.
Si bien las rutas marítimas del Atlántico Sur no son tan importantes (excepto el volumen comercializado desde puestos brasileños), de producirse un conflicto en Medio Oriente que llevara al cierre de la ruta Canal de Suez-Mediterráneo, se revalorizaría instantáneamente el espacio vía el Cabo de la Buena Esperanza, como clave para el comercio marítimo entre Europa y Asia. Bajo esta perspectiva, el control del Atlántico Sur se tornaría relevante tanto para el Reino Unido como para los EE.UU.
La Isla Ascensión se mantiene como una plataforma militar estratégica de ambos países, sin consideración alguna por las necesidades políticas y socioeconómicas de sus habitantes. La evolución de esta situación evidenciaría que existe una política de manutención de una mínima población civil en Ascensión, signada por la preservación de información secreta de orden tecnológico/militar desarrollada conjuntamente entre EE.UU. y el Reino Unido.
5. Recursos Naturales e Infraestructura Estratégica
El cuidado minucioso de las Licencias Pesqueras y los esfuerzos destinados a Investigación y Desarrollo del sector, han logrado preservar con cierta racionalidad la sustentabilidad de la actividad, la cual se traduce en un aporte fundamental al PBI de las Islas Malvinas.
La exploración de los recursos petroleros no habría confirmado hasta el momento los valores cuantitativos previstos. La esperanza está depositada en los futuros hallazgos que se produzcan en las zonas aún no exploradas.
La ampliación de la capacidad operativa del Falkland Interim Port and Storage System (FIPASS), sumado al proyecto de construcción de un nuevo puerto de aguas profundas, estaría basado en la oportuna apreciación realizada por el Consejo Ejecutivo de las Islas para incrementar la actividad económica y el tráfico marítimo desde y hacia Malvinas.
La decisión de aumentar los sitios de amarre de tres a cinco, podría interpretarse como de utilización eventual para abastecimiento de buques militares.
Este desarrollo de capacidades del FIPPAS, mejoraría la posición de Malvinas como base logística para el ingreso a la Antártida, de manera de competir en un futuro próximo, a esos efectos, con Punta Arenas y Ushuaia.
En lo que respecta a la construcción del aeropuerto de la Isla Santa Helena, el mismo tendría como función principal el mejorar la conectividad de la isla y contribuir a su sustentabilidad. A su vez sería un punto alternativo de la conexión aérea entre el RUGBIN y Malvinas, en caso de que Ascensión estuviese cerrado o congestionado.
La infraestructura de África, en general es deficiente, y frente al excedente de recursos naturales exportables resulta un escollo para su desarrollo. Sin embargo, el crecimiento económico evidenciado en la última década le ha permitido a algunos países de la cuenca Atlántica africana abordar diversas soluciones a mediano y largo plazo. Frente al Atlántico Sur, sus capacidades son limitadas, por lo cual dependen de la ayuda externa. Respecto a la Antártida, sólo Sudáfrica ha demostrado interés estratégico en las áreas de ciencia y tecnología.
Tanto Angola como la Cuenca del Golfo de Guinea son importantes en términos petroleros y logísticos para justificar la presencia y proyección económica del Reino Unido y EE.UU., a través de sus empresas emblemáticas.
En el continente Antártico, la importancia que revisten los desafíos por la exploración y la capacidad científico-tecnológica se encuadra legalmente en la firma del Tratado Antártico[6], donde la investigación científica y el intercambio de información en observaciones y resultados, sintetizan algunos puntos relevantes del espíritu del mismo. No obstante ello, surge un extenso, pero relativamente nuevo debate sobre los frutos de esos trabajos exploratorios.
Permanente tensión genera, por un lado, la transparencia que prescribe el Tratado Antártico respecto de la necesidad de hacer públicos los trabajos de investigación y compartir los resultados, frente a la posibilidad de patentar hallazgos científicos, que se sustentan en móviles económicos vinculados a las actividades realizadas por empresas privadas con apoyo de estados signatarios.
6. Defensa
En este aspecto, el Atlántico Sur y la Antártida se presenta como un espacio desbalanceado de poder militar, dados los actores estatales presentes.
Partiendo desde un análisis global, las autoridades del Reino Unido junto con las de las Islas Malvinas, mantienen una estrategia de ocupación sobre la base de tres componentes centrales ligados entre sí: el Político-diplomático, el Económico y el Militar.
Dentro del componente militar, la presencia británica en Malvinas tendría como objetivos:
1. Asegurar la ocupación territorial del archipiélago
1. Disuadir de un potencial ataque a las islas
1. Poseer una base adelantada para proyección de poder militar en el Atlántico Sur y la Antártida
1. Sostener el control y la vigilancia de la zona de exclusión como zona de amortiguación jurisdiccional y de alerta temprana en relación al continente
1. Mantener una línea de comunicación marítima abierta entre la metrópoli, el conjunto de las islas del Atlántico Sur y la Antártida
En Suramérica se destacan las armadas de Brasil y Chile como las únicas con cierta capacidad de proyección en el área producto de los programas de modernización y reequipamiento militar que tuvieron ambos países en la última década. Cabe destacar que la armada de Brasil está desarrollando, un submarino a propulsión nuclear y evaluando la construcción de un nuevo portaviones, lo cual le daría una capacidad de proyección de fuerza, única, en dicha región.
La relativa baja tensión en la región, como ya indicamos, favorece la posición dominante de los actores regionales y extra regionales de mayor peso, siendo cada vez menor el costo asociado al mantenimiento de ese statu quo.
No se observa un cambio sustantivo en lo que respecta a la presencia militar británica en el Atlántico Sur en general, Malvinas en particular. La modernización del instrumento militar británico le otorga mayores capacidades para la defensa de las Islas y asegura la proyección de poder en el área circundante. Esa modernización compensa la disminución de aproximadamente 300 efectivos destinados en Malvinas (calidad por cantidad).
Las políticas de ajuste fiscal en defensa y la reducción de personal de las Fuerzas Armadas llevada a cabo por el Gobierno de Cameron desde 2010, generó desacuerdos en distintos actores británicos, principalmente en aquellos vinculados a la industria de producción para la defensa. Estos expresaron en diferentes medios públicos que el Reino Unido ha perdido sus capacidades militares acorde con su status de potencia mundial y que el país podría quedar indefenso frente a ataques o amenazas provenientes de Rusia, de grupos radicales islámicos, de estados proliferantes como Irán y Corea del Norte o de Argentina. Esto se produce en un contexto político convulsionado donde entre otros temas, también se discute la política del gasto de defensa. Mientras dure la situación de ajuste en la cartera de defensa británica, el lobby pro militar seguirá con su campaña de magnificar una supuesta amenaza militar de la Argentina a las Islas Malvinas.
Las capacidades de defensa de los actores africanos son limitadas, sin proyección oceánica, salvo Sudáfrica. La mejoría económica coyuntural en función de los precios de los commodities, ha permitido el aumento de gastos militares para afrontar los desafíos planteados a la seguridad internacional por la piratería marítima, los conflictos internos en territorio propio y en terceros países y los compromisos asumidos frente a la ONU en materia de mantenimiento de la paz. Por otra parte, su participación en la ZCPAZ se mantiene en niveles protocolares, a pesar de su reciente revitalización.
En 2008 los EE.UU. decidieron reactivar la IV Flota dependiente del Comando Sur que, si bien no tiene una dotación permanente, puede ser rápidamente estructurada de acuerdo a la misión. En aquel momento, la US Navy destacó que la IV Flota tendría la capacidad de navegar en “aguas marrones” (aguas interiores), lo cual produjo un fuerte rechazo de los países suramericanos. A nivel militar, la armada de los EE.UU. es la más poderosa del mundo y tiene una amplia capacidad de proyección en el Atlántico Sur pudiendo desplegar, los medios requeridos conforme las necesidades coyunturales.
Adicionalmente, los EE.UU. poseen un arreglo de alquiler de la base aérea de Isla Ascensión de donde el Comando de Transporte Aéreo de los EE.UU. apoya las operaciones del Comando Africano y es usado como vía alternativa a Europa para el Abastecimiento de las unidades desplegadas en Medio Oriente.
Además, el aislamiento con respecto a grandes fuentes productoras de ruido, la equidistancia entre la isla y otras regiones de interés como el Caribe, África, Europa; Suramérica y su posición cercana a la línea ecuatorial, contribuyen a que la Isla Ascensión se encuentre en una ubicación geográfica privilegiada para su utilización en las interceptaciones de comunicaciones radioléctricas y satelitales. Por ese motivo, el Reino Unido y los EE.UU. han instalado allí una cantidad considerable de estaciones de distinta naturale
Algunas apreciaciones finales
La política británica hacia el Atlántico Sur y la Antártida pretende otorgarle mayor importancia a la región, en virtud de que el Reino Unido percibe la pérdida de espacio frente a otros competidores y ha intensificado su presencia en todo el mundo. Esta estrategia, forma parte de un paquete de incentivos diplomáticos, militares y económicos, destinados a contrarrestar cualquier iniciativa de regionalizar el conflicto de las Malvinas e Islas del Atlántico Sur.
El Reino Unido continuará intentando socavar la estructura regional (UNASUR), mediante el uso de aeropuertos o puertos de escala, desde o hacia Malvinas, que es uno de los modos de acción tangibles de dicha estrategia. A ello se suma la incipiente pero decidida participación en eventos internacionales en la región.
La gran disponibilidad de RRNN, sobre todo en términos de la industria de la pesca y el potencial hidrocarburífero, en relación a la escasa población, sumado a un equilibrio macroeconómico y una creciente diversificación productiva, permiten percibir un contexto de crecimiento y desarrollo sustentable en el mediano plazo para las Islas. Este escenario, le brinda al Reino Unido, un margen de maniobra ampliado para con la política interna (no manutención de los isleños) y ocupación territorial neoeconómica (empresas) con proyección geopolítica a la Antártida.
Para el Reino Unido, las Malvinas podrían ocupar un rol concentrador logístico en las operaciones de abastecimiento hacia y desde la Antártida, máxime teniendo en cuenta la construcción del puerto de aguas profundas al noroeste de Puerto Argentino y llegado el caso de que Chile por alguna razón, pudiera cerrar sus puertos. Sería esperable que en la Antártida, al surgir elementos de valor que generen un cambio relevante en las condiciones del escenario, los actores gravitantes producirán acciones contrapuestas al actual régimen del Tratado Antártico, desde modificaciones parciales hasta la reafirmación de derechos soberanos.
El Gobierno de las Islas, a través de la Asamblea Legislativa, continuará con la política de visitas de autoridades, representantes notables y distintas entidades de los países de la región. En esas visitas se expone la visión isleña del conflicto, adoptando una actitud de víctimas frente a la “agresión y bloqueo económico de la Argentina”, tratan de mostrar que existe una identidad isleña distinta e independiente a la británica y que Malvinas es un territorio lleno de oportunidades para negocios. Desde el año 2012 se ha registrado una intensificación de esta campaña y la invitación de parlamentarios y empresarios de los países de la región a las Islas.
Las Fuerzas Británica aportadas en las Malvinas poseen la capacidad de vigilancia electrónica necesaria para brindar una adecuada Alerta Temprana. Además, existe una alta probabilidad de que las comunicaciones efectuadas desde y hacia nuestro país a través de satélites de cobertura global o por sistemas de Radiotelefonía en HF (Alta Frecuencia) sean interceptadas desde la Isla Ascensión por el Reino Unido y/o por EE.UU.
Bibliografía
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PASTORINO, Ana – ÁLVAREZ, Maximiliano – ROSA, Gabriel Colonialismo en el siglo XXI. La estrategia del Imperio para mantener la ocupación de las Malvinas. EDULP, La Plata, Argentina, 2015.
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La Comunidad Internacional y la Cuestión Malvinas República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, 2015
Malvinas en Canning House República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, 2015
Asamblea General de Naciones Unidas Resolución N° 31/49, 1° de diciembre de 1976.
Asamblea General de Naciones Unidas Resolución N° 41/11, 27 de octubre de 1986.
[1] La Comunidad Internacional y la Cuestión Malvinas República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, 2015 / Malvinas en Canning House República Argentina, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, 2015.
[2] REVISTA REGIONAL, WikiLeaks: la estrategia de EE.UU. para Sudamérica contempla “golpes de Estado y magnicidio”, Mendoza, Argentina, 2 de Octubre de 2015; MAIN, Alexander – BEETON, Dan La agresión de EE.UU. en WikiLeaks Página/12, Buenos Aires, Argentina, 8 de Octubre de 20015.
[3] Mike Summers es uno de los ocho miembros que fue electo por la Asamblea Legislativa y tiene uno de los cinco escaños de la circunscripción de Puerto Argentino y además es uno de los tres miembros del Consejo Ejecutivo. Sus responsabilidades incluyen la cartera de Salud Pública y Protección, Servicio de Regulación, Hacienda y Finanzas. Es también el vicepresidente de la Junta de Turismo de las Islas Malvinas.
[4] Falkland Islands Government; Fisheries Departament, Fisheries Statistics, Volume 18, 2013.
[5] Libro Blanco de la Defensa República Argentina, Ministerio de Defensa, 2015.
[6] El 1 de diciembre de 1959, los doce países que habían llevado a cabo actividades científicas en la Antártida y sus alrededores durante el Año Geofísico Internacional (AGI) de 1957-1958 firmaron el Tratado Antártico, el cual entró en vigor en 1961.

Roberto A. ROMÁN

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