UN “DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER”, 100 AÑOS ATRÁS, PUSO EN MARCHA LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

El 8 de marzo de 1917, cien años atrás, 130.000 trabajadoras rusas, reclamando por sus derechos en las calles de Petrogrado, desencadenaron el derrumbe final de la monarquía rusa y el avance definitivo del proceso revolucionario que el 12 tomó el poder bajo formas de la democracia burguesa para desembocar el 7 de noviembre en el ascenso al poder por parte de los bolcheviques liderados por Vladimir Illich Ulianov (Lenin).
Días antes, el 2 de marzo, el zar Nikolái Alexsándrovich Romanov (Nicolás II), mientras viajaba en tren, había sido secuestrado por revolucionarios y obligado a abdicar en favor de su hermano Miguel quién no asumió, planteándose una situación anárquica hasta que el 12, en el marco de los reclamos, cuyo punto central fue la marcha de las mujeres, asumió un gobierno provisional cuyo máximo exponente fue el socialdemócrata Alexandr Fiódorovich Kérenski.
No casualmente Lenin, cuya esposa Nadezhda Konstantinovna (Nadia) Krúpskaya, figura clave del Partido Comunista (PC) de Rusia encabezara la marcha, dijese: “La experiencia de todo movimiento de liberación ha demostrado que el éxito de una revolución depende del grado de participación de la mujer”.
Tres años antes, el 8 de marzo de 1914, Krúpskaya, había lanzado la revista “Rabotnitsa” (mujer que trabaja), clausurada a los pocos números por el gobierno zarista, junto con otras revolucionarias como la francesa Elisabeth Inés Stéphane de Herbenville (rusificada como Inessa Fyodorovna Armand); la hermana de Lenin, Anna Ilyinichna Yelizarova Ulyanova; Lyudmila Nikolaevna Sbl; la verdadera impulsora de la publicación, Konkordia Nikolaevna Somoilova; y Praskovia Frantsevna Kudelli.
También jugó un rol decisivo Aléxandra Mijáilovna Kollontai, la gran marxista y feminista rusa, única integrante de la conducción del PC que impulsaba la toma del Palacio de Invierno y la destitución del gobierno de la revolución burguesa hasta que tras el regreso de Lenin a Rusia éste se sumó a la postura de Kollontai, con sus “Tesis de abril”, y entre ambos consiguieron modificar la posición del Comité Central donde habían predominado las posturas de Lev Borisovich Rosenfeld (Kámenev) y de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin).
Kollontai fue la primera mujer en la historia mundial de ocupar el cargo de embajadora, desempeñándose en Noruega, Suecia y México, sucesivamente.
La llegada a la marcha por “Pan y arenques” del 8 de marzo de 1917, para el diario oficial “Pravda” del PC, dio lugar al “día de la Revolución Rusa y el primero de la Tercera Internacional. Un gran día para las trabajadoras del mundo. ¡Gloria a la mujer!. ¡Gloria a la Internacional!. ¡Gloria a la Gran Revolución Rusa!”.
Los reclamos de las mujeres rusas se basaban en una larga historia de destratos como que hasta 1885 no pudieron trabajar sin la autorización de sus maridos; en un 50 por ciento eran analfabetas, desempeñándose como campesinas y obreras; registraban un 30% de mortalidad infantil; sus jornadas laborales oscilaban entre las 14 y las 16 horas; normalmente eran alojadas en salas dormitorios para mujeres solas; no existía la licencia por parto, con el agravante de que hasta 1890 eran multadas por ello por sus patrones hasta que en 1912 se les otorgaron seis semanas de licencia post parto pero sin sueldo; y sus remuneraciones respecto de los hombres eran considerablemente menores; 22% en la industria textil y 59% en la metalúrgica.
En 1914 las mujeres representaban el 26,6% de los obreros fabriles, cifra que trepó abruptamente con la Gran Guerra, luego llamada Primera Guerra Mundial, ya que los hombres eran enrolados en las fuerzas armadas, y así los planteles de las rabotnitsas llegaron a constituir el 43,4% en 1917, llegando en algunos rubros a constituir dos tercios, siendo los varones el tercio restante.
Organizadora del “Primer Congreso de la Mujer Trabajadora de toda Rusia”, en 1918 y autora de su “Autobiografía de una mujer sexualmente emancipada y otros textos sobre el amor”, “El origen feminista de la Revolución de Octubre”, “La nueva mujer” y “El amor en la sociedad comunista” y demás escritos, Kollontai fue la punta de lanza de la Revolución Bolchevique del 7 de noviembre cuando, tras impulsar los reclamos contra el gobierno zarista, también cargó contra su sucesor de la socialdemocracia de Kerenski reclamando reivindicaciones como la “soldatki”, un subsidio social que debían recibir las esposas de los soldados enviados a la guerra contra Alemania y, así, desde la marcha del 8 de marzo, pasando por su insistencia solitaria inicial en la conducción del PC, se llegó a la jornada de la “Revolución de Octubre”, llamada así por el entonces vigente calendario juliano, cuando Lenin, pacíficamente, logró que los guardas del Palacio de Invierno, sede del gobierno, le cediesen el control del mismo y desde allí la generación de un poder que llegó a controlar una tercera parte del planeta.

Por Fernando Del Corro

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