ACUERDO ENTRE TRUMP Y ALIBABA

Alibaba, la mayor empresa de comercio por Internet china, tuvo ganancias récord de US$ 7.700 millones en el cuarto trimestre de 2016 (+53% anual); y sus acciones en Wall Street alcanzaron US$101,55 por unidad, que representa una capitalización de US$290.000 millones, y es una de las 10 principales de la historia bursátil norteamericana.
El objetivo de Alibaba es disputar el liderazgo en la “nube” a Amazon/AWS, y actúa sobre la premisa de que es allí donde se procesa la nueva revolución industrial, cuyo epicentro es EE.UU.
Jack Ma, presidente de Alibaba, acordó con Trump la creación de 1 millón de puestos de trabajo en los próximos 5 años en los estados industrializados del Medio Oeste –Pensilvania, Ohio, Michigan, Wisconsin–, donde el mandatario norteamericano se impuso el 8 de noviembre con el respaldo de los trabajadores industriales.
Ma funda su posición frente a Trump en la realidad de China hoy. Allí ha emergido una clase media de 300 millones de personas que disponen de niveles de ingreso entre US$30.000 y US$45.000 anuales comparables a los estadounidenses.
Esta nueva clase media es joven (25/35 años de edad), tiene grado universitario, viaja al exterior o ha estudiado en él (125 millones han sido los turistas chinos en 2016). Lo fundamental es que desarrolla sus propias empresas, ante todo de alta tecnología, en las plataformas del comercio por Internet (+57% anual en los últimos 7 años).
La visión de Jack Ma es que una fase de la globalización ha terminado. La primera etapa la lideró EE. UU. con una estrategia de 3 puntos: el control del conocimiento de alta tecnología (Silicon Valley/IT); el despliegue del potencial productivo del nuevo sistema a través de las cadenas globales de producción (las empresas transnacionales/ETNs son 88.000 y 44% norteamericanas). Por último, financió el proceso de globalización a través de Wall Street.
Todo esto lo realizó EE. UU. mientras transfería al mundo emergente –China en primer lugar– los empleos de las actividades trabajo-intensivas.
Afuera de estas prioridades quedaron las industrias norteamericanas no incorporadas a las cadenas globales de producción, así como los trabajadores industriales, sobre todo de los estados del Medio Oeste. En esta etapa inicial, EE. UU. ejerció la hegemonía unipolar del sistema, y realizó más de 30 intervenciones militares en el exterior con un gasto de US$14 billones, incluyendo US$6 billones en las guerras de Irak y Afganistán.
En 2008, Wall Street sufrió un colapso (caída del Lehman Bross), con una destrucción de activos financieros por US$19 billones; y esto provocó una recesión mundial con 44 millones de desocupados, al tiempo que obligó a duplicar la deuda pública de EE. UU., que pasó de US$10 billones a US$20 billones en 8 años.
Por eso el saldo de los primeros 30 años de globalización ha sido profundamente contradictorio para EE.UU. La tríada Silicon Valley/ETNs/Wall Street ha tenido las ganancias más extraordinarias de la historia del capitalismo, con un auge de 350% para Apple, Microsoft, Cisco y los otras, mientras las cadenas transnacionales de producción han llegado a realizar internamente más de 80% del comercio internacional, y las transacciones diarias en Wall Street han alcanzado US$5 billones.
El resultado es que las industrias no incorporadas a la producción transnacional, así como los trabajadores industriales de baja calificación, han sido los grandes perdedores de la globalización.
Los 30 años de globalización han dejado un capitalismo norteamericano triunfador, pero esta primera etapa ha concluido con una nación fracturada como nunca antes. Probablemente, la entrevista de Ma y Trump sea vista en 5 años como uno de los acontecimientos históricos del siglo XXI.

Jorge Castro (Clarín)

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