HACE MEDIO SIGLO KRIEGER VASENA LANZÓ EL “DESARROLLISMO EFICIENTE”

El 13 de marzo de 1967 la Argentina concretó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que dio marco definitivo a un plan que se fue implementando desde enero de ese año y que, contrariamente a los que se denominan como “ajustes”, en su etapa de vigencia hasta 1969 cuando “El Cordobazo” tumbó al ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena, siendo presidente de facto Juan Carlos Onganía, acumuló un crecimiento superior al 16,2 por ciento.
Con el criterio de evitar movimientos bruscos en la distribución del ingreso se aplicó una “devaluación compensada” del 40% que elevó la cotización del dólar estadounidense de 255 a 350 pesos moneda nacional con el criterio de generar una subvaluación del dinero local que diera lugar a un colchón que pudiese absorber el proceso inflacionario y, de ese modo, eliminar las expectativas de futuras correcciones en la paridad cambiaria.
Pero esa devaluación incorporó un elemento clave que luego fue dejado de lado con el correr del tiempo por gobiernos posteriores ante nuevas devaluaciones: los bancos y las casas de cambio debieron pagar al gobierno el 80% de la diferencia de cambio sobre sus stocks de moneda extranjera de manera que por cada u$s 100 debían tributar m$n 7.600, con lo cual financió un plan de viviendas populares que benefició a miles de nuevos propietarios.
Otro importante ingreso para el Tesoro Nacional fue la implementación de “retenciones” a las exportaciones agro-ganaderas que se situaron entre el 16 y el 25% según el producto al tiempo que se avanzó con un impuesto a la propiedad rural mediante un esquema de gravar las tierras libres de mejoras lo que generó una fuerte confrontación con la Sociedad Rural Argentina y con las Confederaciones Rurales Argentinas.
Finalmente, y luego de unos dos años de debate, se estableció un gravamen del 1,6% anual sobre las mismas lo que también constituyó una novedad en la historia económica argentina luego reflotada, pocos años después, por el ministro de Economía José Ber Gelbard en el marco del “Plan Trienal” bajo la tercera presidencia de Juan Domingo Perón y abandonado ante el fallecimiento de éste antes de cumplir la mitad de su mandato.
De hecho la política de Krieger Vasena a la cual el destacado economista y académico socialista Alejandro Boris Rofman calificara como “desarrollismo eficiente”, algo luego retomado por otros estudiosos, se manejó con dos tipos de cambio: uno más bajo para las exportaciones rurales y las importaciones de materias primas para la industria y otro más alto para las exportaciones industriales, las importaciones de bienes de consumo y las operaciones financieras.
En consecuencia se había generado un beneficio para las inversiones en el sector industrial y para las exportaciones no tradicionales al tiempo que para evitar que los fabricantes locales aprovecharan las ventajas cambiarias aplicando sobreprecios en el mercado interno generando para ellos ganancias excesivas se apeló a una reducción de los aranceles de importación que puso un techo a los valores de venta en el mercado interno.
También el sector financiero, además de tener que hacerse cargo de la mayor parte de la diferencia del tipo de cambio vio decrecer su participación en el producto ya que tras haber arrancado el Plan KV con un 24,8% en 1966 fue decayendo hasta llegar al 18,1% en 1969 mientras la liquidez monetaria creció significativamente durante el mismo período del 19,8% al 25,1% medida en términos de M-2 (dinero en manos del público, más depósitos en cuenta corriente y a interés).
Dado un planteo sobre la ineficiencia pública y privada a aplicaron aumentos de tarifas y al impuesto a la venta de propiedades mientras se apuntó a una redistribución y reducción del empleo público y un congelamiento temporal de salarios con correcciones en el mismo marzo de 1967 y hacia fines de 1968 con escalas que oscilaron entre el 8 y el 24% mientras que la inflación que arrancó con el 31,9% en 1966 llegó al 7,6% en 1969 frente al promedio mundial del 5,6%.
Sin embargo hubo cuidado en que el salario no cayera afectando el funcionamiento del mercado interno e incluso hubo nuevos sectores industriales en los que se registró un incremento considerable, como el automotor, lo que dio lugar a que cuando “El Cordobazo” del 29 de mayo de 1969, Krieger Vasena señalara que fue volteado por los obreros mejor remunerados del país, como lo recuerda Mario Rapoport en su “Historia económica, política y social de la Argentina”.
Como parte central del freno a la inflación se aplicaron los “Acuerdos voluntarios de precios” mediante los cuales las empresas debían aplicar un congelamiento “voluntario” por seis meses contra lo cual recibían beneficios en sus operaciones bancarias y se convertían en proveedoras privilegiados del Estado ya que éste adquiría en ellas los suministros que necesitara y sólo recurría a terceros en el caso de que aquellas no los tuviesen.
Por su parte el déficit fiscal fue reducido desde los m$n 3.499 millones de 1966 a 1.494 millones en 1969, mientras el sector rural que debió pagar retenciones a las exportaciones y el impuesto a la tierra libre de mejoras logró que se sancionara el fin de la prórroga y el congelamiento de valores para los arrendamientos, en tanto que el 24 de junio de 1967 se estableció una nueva ley de hidrocarburos y se llegó a un acuerdo con las compañías petroleras expropiadas por la administración anterior.
El stand-by firmado con el FMI el 13 de marzo de 1967 fue por u$s 125 millones (unos u$s 4.250 millones al valor de compra actual de la moneda estadounidense), con características similares al suscripto en 1958 por el presidente Arturo Frondizi, y que fue acompañado por otros u$s 100 millones aportados por bancos europeos, u$s 100 millones por bancos de los Estados Unidos de América y por u$s 75 millones del gobierno de ese mismo país.
Durante esa etapa del “desarrollismo eficiente”, se impulsó la creación de empresas como Hidronor (1967) y Atucha I (1968) en tanto que el alto nivel cambiario para las operaciones financieras favoreció la extranjerización de importantes empresas fabriles preexistentes como las tabacaleras Nobleza Piccardo y Massalín y Celasco adquiridas por la británica LM y la estadounidense Phillips Morris, respectivamente, entre muchas otras.
Pero mientras la participación extranjera, la principal beneficiaria junto con el Estado, en el producto nacional pasó del 18,4% en 1966 al 20% en 1969 se impulsó el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas, sobre todo en sector exportador y así las entidades cooperativas llegaron a participar hasta en un 15%, como parte de un esquema que aún tras la ida de Krieger Vasena se mantuvo algún tiempo más con su sucesor José María Dagnino Pastore.

Por Fernando Del Corro (*)
Historiador, docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y periodista.

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