ELON MUSK, EL NUEVO STEVE JOBS

Basta recorrer la autopista 101 South que une la ciudad de San Francisco con Palo Alto, Menlon Park, Mountain View, Santa Clara y San José, la línea que conocemos como el Silicon Valley, para descubrir un nuevo hábito en la capital tecnológica del mundo: los autos eléctricos que el estado de California ha decidido premiar permitiendo recargar gratis sus baterías en todos los parkings.

Detrás de esa transformación está Tesla, la fábrica de autos eléctricos de Elon Musk, considerado por sus innovaciones y la cantidad de seguidores, el nuevo Steve Jobs que con Apple supo revolucionar el negocio de la computación y los celulares. Como Jobs, Musk tiene admiradores y también indignados que apuestan a su declinación.

Ashlee Vance en Elon Musk, una biografía no autorizada (HarperCollinsPublisher, 2016) lo describe como un trabajador incansable y enfermizo, poco discreto en sus apariciones públicas y fiestas de cumpleaños.

Por cierto, este físico se hizo famoso por ser el fundador de PayPal, la plataforma de pagos por internet más grande del planeta, que pasó a manos de eBay y de cuyos miembros fundadores surgieron otras empresas como Youtube y Linkedin.

Hoy, con Tesla, Musk ha creado el primer auto eléctrico que está poniendo patas arriba a la industria automotriz.

Los Tesla, una marca que rinde homenaje a Nikola Tesla, cuyos descubrimientos fueron decisivos para el uso de la corriente alterna, no tienen un diseño glamoroso. Pero, de acuerdo a Miguel Helft, editor de la revista Forbes en Estados Unidos, no solo precisan una menor cantidad de piezas para su producción, sino que su software, parte esencial del vehículo, recibe actualizaciones gratuitas. Así, un Tesla de 2012 tiene un software modelo 2017. No se necesita cambiar de auto.

Musk creó, además, Space X para construir cohetes más baratos y transbordadores que permitan viajar al espacio a simples turistas. Tiene un multimillonario acuerdo con la Nasa y esta semana se anotaron varios con desembolsos de miles de dólares como seña para esa aventura. Es ambicioso: promete llevarlos a dar una vuelta alrededor de la luna en 2018.

Y, con otra de sus controladas, SolarCity, ya es el mayor proveedor de paneles para generar energía solar de EE.UU.

Musk supo sudar la gota gorda en el Silicon Valley en oficinas baratas y con pocos empleados que le seguían el ritmo. Dijo: “Permanecer en Silicon Valley es comer vidrio todo el día y estar asomado permanentemente al abismo de la muerte”. Ya alcanzó el pináculo de la fama y sigue cosechando éxitos a la par de perder millones en alguna de sus empresas. Come mucho vidrio.

El biógrafo Vance asegura que posee un fuerte sentido de la oportunidad en paralelo a visiones que pueden parecer extrañas como la necesidad de poblar otros planetas. Una de sus metas es llegar a Marte.

En un pasado no muy lejano, Musk nacido en 1971 en Pretoria, Sudáfrica, en pleno Apartheid, era una especie de chico prodigio a quien le compraron a los seis años la primera computadora que llegó a ese país cuando Nelson Mandela aún estaba en la cárcel y se ejercía un racismo feroz desde el Estado. Un espíritu inquieto y la necesidad de huir del servicio militar obligatorio lo llevó a emigrar a los 17 años la tierra de sus abuelos en Canadá primero hasta que recaló en Estados Unidos. Luego estudió física en la Universidad de Pensilvania.

Hijo de un ingeniero sudafricano y de una nutricionista canadiense, Musk ironizó por entonces a sus compañeros de clase: “Servir en el ejército sudafricano para reprimir a la gente negra, no me pareció una buena forma de emplear mi tiempo”.

Silvia Naishtat

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