EE.UU: FUERTE CAÍDA DE LA PRODUCTIVIDAD

La caída de la productividad de los países avanzados se ha agudizado en los últimos 7 años, hasta extremos nunca alcanzados desde la década del ’30, al superponerse la declinación provocada por el agotamiento de la revolución tecnológica del procesamiento de la información (ITC) con la crisis financiera internacional de 2008-2009 (Lehman Brothers), y sus consecuencias (FMI/abril 2017).
La productividad de EE.UU. aumentó 2,1% anual promedio entre 1946 y 1995, 2,4% en el período 1996 y 2006, cayó a 1,2% por año en la siguiente década, para hundirse a 0,2% en 2016. Se tornó negativa (-0,3% anual) entre el último trimestre de 2015 y julio del año pasado.
Esto ha sucedido mientras más de 80% del ingreso per cápita de la población norteamericana depende del incremento de la productividad de la totalidad de los factores (PTF).
Esta es la raíz de la crisis del “Sueño Americano”, o para ser más estrictos, de su base material, que es la certidumbre de que lo mejor está por venir. El resultado ha sido que en los últimos 15 años la clase media estadounidense no ha tenido mejoras efectivas en los ingresos reales, y es el sector que representa 80% de la población.
Al mismo tiempo, la desigualdad se exacerbó (el 1% de arriba obtuvo más de 30% de los ingresos nacionales en ese período), y el conflicto social y político adquirió un carácter paroxístico. Este es el sustrato estructural del fenómeno Trump.
La caída de la productividad es también la causa fundamental del estancamiento de la economía global a partir de 2010 (el PBI mundial ha crecido en esa etapa 3% anual). De ella se derivan – en un contexto de hiperliquidez – las tasas de interés de largo plazo más bajas de la historia, propias de una situación depresiva, no de un sistema en expansión que comenzó a experimentar una nueva revolución tecnológica (la “nube” o cloud computing), una nueva revolución industrial.
La innovación no es un fenómeno tecnológico en el capitalismo, sino un rasgo constitutivo del proceso de acumulación. Por eso, la reproducción es necesariamente “ampliada”, y no puede limitarse nunca a una mera duplicación. El capitalismo sin innovación es un no-concepto, un contrasentido.
El núcleo de lo que sucede en el mundo de hoy es que se agotó la fase de la acumulación capitalista centrada en la tecnología del procesamiento de la información (ITC). La consecuencia ha sido que EE.UU. experimentó la menor tasa de crecimiento económico de su historia en una fase de recuperación.
El cálculo del FMI es que si la productividad de EE.UU. hubiera crecido según la pauta que regía entre 1995 y 2006 (2,4% anual), el PBI estadounidense sería hoy 5,1 puntos mayor que el nivel de 2016.
La cuestión de la productividad no es técnica. Los sectores de punta de la economía norteamericana (S&P500/Nasdaq) tienenun nivel de alza de la PTF de 3,5% por año, y la PTF de los rezagados – con la misma tecnología – asciende a 0,3% anual. Esta brecha le acarrea a EE.UU. una pérdida de más de 3 puntos en incremento de productividad.
La bajísima tasa de inversión norteamericana (12,9% del PBI en 2016), coincide –paradójicamente – con el más alto nivel de ganancias empresariales de toda la historia, provocada por el cambio tecnológico, sobre todo de alta tecnología. Hay que sumarle a esto que se ha reducido drásticamente el costo del capital en los últimos 7 años..
La respuesta a esta situación es nítida, aunque no simple: hay que aumentar drásticamente la tasa de inversión, y acentuar de esa manera el proceso de acumulación de capital. La clave reside en el impulso que se otorgue a inversiones de la nueva revolución industrial, que es la transformación e integración digitalizada de la estructura de la manufactura y los servicios, mediante la plena convergencia entre la inteligencia artificial (AI), la Internet de las Cosas (IoT) y la robotización.
Aumentar la productividad es sinónimo de acentuar la intensidad del capital, sobre la premisa históricamente comprobada (Marx / El Capital) de que menor capital por hora de trabajo obtiene por necesidad menor producto por unidad de medida. El capitalismo es un modo de producción también en el siglo XXI, no una estructura de servicios post-industrial.

Clarín
Jorge Castro

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