LA SAGA INCONCLUSA DEL BERMEJO

Corría el año 1825. Pablo Soria navegaba una vez más el Bermejo para transportar cueros y ramas de añil. Cuando de noche, asomaba la cabeza por arriba del techo de lona encerada que lo protegía de eventuales ataques con flechas, veía extasiado el cielo mechado de esas estrellas que solo se ven bajo el cielo del trópico de Capricornio. Es imposible suponer que esa vista maravillosa no lo hiciera soñar.

Pocas décadas más tarde, el Gobernador de Salta Tomás Arias, redactó las exigencias para que la provincia participe en la reunión de San Nicolás convocada por Urquiza. Allí señalaba la “necesidad de intensificar la navegación del Bermejo y del Paraná a fin de superar el gravoso transporte terrestre a Buenos Aires y ofrecer un tránsito a Bolivia” (sic). Esa trascendencia estratégica del Bermejo, llevaba una larga historia previa. Los religiosos franciscanos y jesuitas lo exploraron e instalaron asentamientos en sus orillas desde el año 1587.

Las actividades de navegación con fines comerciales y de reconocimiento, continuaron ininterrumpidamente. El 22 de Septiembre de 1870, Sarmiento promulga la ley 422, que le da un impulso decidido con la asignación de fondos y del Cuerpo de ingenieros del Ejército para realizar los estudios del aprovechamiento integral del Bermejo. En esos años, se constituyó la Compañía de Navegación a Vapor del río Bermejo, de capitales argentinos, que alcanzó a operar 7 embarcaciones de empuje.

El rio Bermejo, que nace en las tierras bolivianas de Tarija a 1300 kilómetros de su desembocadura en el Paraná, muestra su mansedumbre en estiaje con un caudal de apenas 45 metros cúbicos por segundo, pero sus fabulosas crecidas han alcanzado picos de hasta 1400 metros cúbicos por segundo, que arrastran decenas de millones de metros cúbicos por año de sólidos, responsables de los costos incrementales para mantener las profundidades para la navegación mesopotámica.

La cuenca del río, de alta variabilidad climática y edáfica, alberga en sus 123.000 kilómetros cuadrados, 1.1 millón de personas. Entre los innumerables estudios realizados, resaltan los de la entonces Comisión Nacional del Rio Bermejo creada en 1957, con el liderazgo indiscutido del Almirante Portillo.

Es cierto que el Plan de Portillo requiere actualización y, junto con los adelantos técnicos y las necesidades del desarrollo, amerita una nueva visión del potencial de la región de influencia, en consenso activo con Bolivia. Para ello existe el instrumento institucional de la Comisión Binacional del Bermejo.

La esencia del Plan no ha variado. Se trata de la utilización múltiple del río, con un elemento en común que es la regulación de las aguas y la rectificación parcial del sinuoso cauce.

Lo que sí varía es la secuencia, la magnitud y las características de determinadas inversiones. El plan, en su conjunto, incluye presas de regulación; canales de navegación; centrales hidroeléctricas; puertos y embarcaderos; infraestructura de tomas y redes para el riego; obras para la captación y potabilización del agua. La experiencia nos ha enseñado que siempre se presentan diferencias en el uso de las aguas compartidas, en términos de eventuales derechos previos, en términos de estrategias regionales y en términos de tácticas de negociación. Esa experiencia nos nutre de los argumentos necesarios para lograr un consenso que habilite la acción y abra un nuevo camino de integración regional con nuestros vecinos.

Es comprensible que para Tarija, en la República de Bolivia, la energía tenga un valor secundario. En su subsuelo se explotan riquísimos yacimientos de gas y petróleo. Pero seguramente necesita del agua para riego y consumo humano tanto como Argentina. Y también sería viable encarar la navegación del Bermejo como una actividad de beneficio común, estableciendo en la desembocadura del río una zona franca intermodal para el país hermano y que le permitirá acceder directamente al transporte fluvial sobre el Paraná.

Nunca sabremos si esa idea-fuerza estaba en los pensamientos de Don Soria, pero debería estar en nuestros pensamientos la convicción que estamos a tiempo para encarar el desarrollo de la cuenca del Bermejo, otro motor para robustecer el denominado Plan Belgrano.

Argentina logró transformaciones regionales excepcionales con el aprovechamiento integral de las cuencas en el norte de la Patagonia, con la incorporación del conjunto de presas que se iniciaron con el Chocón. También lo logró en la Patagonia centro, con el complejo eléctrico-industrial Futaleufú- Puerto Madryn y con los Nihuiles en la cuenca del Atuel en Mendoza. Y, posiblemente, sea la palanca que consolide las presas de Santa Cruz en la Patagonia austral. El mundo, por su parte, muestra cientos de ejemplos de la administración inteligente de cuencas para el desarrollo de la región de influencia. De esos éxitos, que relata la historia y muestra el presente, también conviene abrevar para emprender el futuro.

Nicolás Gallo es ingeniero. Ex ministro de Infraestructura de la Nación

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