PROBLEMAS DE GÉNERO: DEMOCRACIA, LIBERTAD Y ESPIRITUALIDAD

Mucho se ha hablado acerca de los problemas de género en el mundo actual, donde -en Occidente- se ha privilegiado la igualdad entre los sexos, los deseos y las libertades del “hombre” y otras conquistas cuyos logros no siempre parecen estar de acuerdo con la Ley Natural.

Cuando expresamos “hombre” nos referimos a la persona humana sin distinción de sexo. Luego entendemos que la mujer es un ente metafísico con las mismas atribuciones intelectuales y morales. No estamos de acuerdo con las religiones o sociedades que discriminan a la mujer, creada a similitud de hombre, ya que sus facultades cognitivas son iguales a las de éste. Sólo se diferencian en sus funciones cerebrales relacionadas con las emociones vinculadas al sistema endocrino, es decir, la preeminencia del cerebro emocional sobre el neo-cortical, adaptando sus emociones a las necesidades de la concepción, crianza y protección de los niños.

O sea que son parecidos, pero no iguales, y el problema que ya se experimenta en las sociedades de los países desarrollados al incorporar a la mujer con los mismos derechos que los hombres, tanto en política como en actividad profesional o laboral, es que la sustraemos de esa función esencial de madre y de estar en su hogar, principal fuente de valores de los niños (amor, fraternidad, unidad, autoridad, orden, etc.). Y la escolaridad depende del tiempo de educación que se administre a los educandos, que normalmente puede estar en consonancia con las ideologías, o con las religiones, o entre la educación laica, y la que no lo es.

Desde el origen de los tiempos, el hombre se ha visto ante el dilema de su existencia y de la verdad. Fue Descartes uno de los pensadores cuyo sistema se iniciaba con la duda metodológica de todo lo afirmado. Su primera duda se sintetizó en la existencia de los seres humanos, fijado en la proposición cógito, ergo sum, cuestión que diferenciaba al hombre del resto de los seres de la creación: el pensamiento (además de la afectividad y la voluntad).

Esto significa que de los tres entes metafísicos del espíritu humano -el ser afectivo, el intelectivo y el volitivo como bien lo explicaron los griegos- no se dan en igual forma en ambos sexos ni en la misma proporción en cada persona. Por ejemplo, respecto de la política podríamos tener:
1° Una personalidad racional otorga una preeminencia del intelecto sobre la afectividad y la voluntad, dando por resultado que las decisiones sean tomadas sin sensibilidad o sin una firme convicción motivada por el respeto volitivo a las reglas. Es propio de las ideologías, que procuran siempre imponer su “verdad” (Vg. la de los partidos políticos).
2° En el caso de la preeminencia de la voluntad -que puede ser tanto consciente o inconsciente- se priorizan los intereses sobre las emociones o lo racional, dando lugar a la parcialidad, razón por la cual los jueces “no pueden actuar en casos de causa propia”, o “tomar partido” por algo o alguien de manera injusta, o exigir al investigador “llegar a un resultado dado”.
3° Si la preeminencia corresponde a la afectividad -propio del sexo femenino- se tendrá que ésta moviliza a la voluntad y al intelecto en pos de deseos propios, pudiendo generar deseos, pasiomes o fanatismos. Vg., en el caso de una religión, se convierte en una “guerra santa”, “cruzada” etc. (Las pasiones son malas consejeras), el Chauvinisno (como ciega admiración por un país o raza. Como contrapartida tenemos la agresividad, el fanatismo, o como hinchas de fútbol cuando del fervor deportivo “surge la infrahumana plebe” (Carlos Obligado).

Es decir que el ser humano es su conducta, y para vivir debe actuar; para actuar lo primero es pensar y tomar decisiones, y para tomar decisiones se deben tener reglas o cánones, ya que toda acción humana debe ser precedida de una idea, sustentada en una referencia axiológica: un código de valores definidos. Requiere conocer el ser y el deber ser -esto es- entender la propia naturaleza humana y la naturaleza del universo en el cual actúa. Y ello hace necesario recurrir a la filosofía, la madre de todas las ciencias. Al desaparecer la cultura o el civismo de las reglas o cánones, aparecen los códigos, como lo de las mafias, de las villas, del narcotráfico, barras bravas, etc.
La decadencia y el desprestigio de la política y de los políticos en el mundo actual, provienen en gran parte del abandono de las cuestiones filosóficas -particularmente éticas- ya que no hay problema práctico por más simple que parezca que no esté gobernado por principios extraídos de su propia finalidad, así como de cuestiones doctrinarias. Ignorar la importancia y esencia de los valores ha desvirtuado y corrompido nuestros movimientos y partidos políticos, así como su accionar. Toda nación se forma por la conciencia nítida de sus valores y de su destino, y decae por el alejamiento de ellos.
Dado que no se puede escapar a esta necesidad, la única alternativa del planificador es que la filosofía que guía su vida sea escogida por su mente -no por un albur del destino- como suele ocurrir con las ideologías o viejas doctrinas. A los argentinos, estas ideologías nos han llegado como productos elaborados en otras sociedades y viejos períodos históricos, cada una con su pretensión de ser la verdadera, pero la realidad de las derechas e izquierdas indica que son ideas mal fundamentadas o fundamentadas a medias, no concebidas para nuestra realidad histórica y con fines no permanentes, razón por la cual las denominamos “ideologías”.
Recordemos con Spranger, que “los valores son el presupuesto de todo sentido”. Lo que se aprende en el hogar es la principal fuente de valores de los niños, sean religiosos o morales, enseñarle a los niños lo que está bien, y lo que no lo está. Las ideologías aprovechan esto para hacer su cosecha. Y se trata de una cosecha cuyos frutos son seres humanos con muy poca espiritualidad, sean de derecha o izquierda: ambas son concepciones materialistas: han dejado de lado que el hombre tiene dos naturalezas: la física, y la metafísica (cuerpo y alma).

También hay otro serio inconveniente, que hace a la supervivencia de nuestras sociedades políticas: LA TASA DE NATALIDAD, donde la mujer tiene una responsabilidad de esencia.

Lo que se observa en los países escandinavos, y en otros como el nuestro, es que al sustraer a la mujer de sus actividades naturales en sociedades materialistas y violentas, cada día hay más brutalidad, vicios, delitos, violaciones, etc., Y se trata de sociedades desarmadas, que conllevan algo que no necesita demostración, como fue la “invasión de los bárbaros”, o como lo relata el Plan Kalergi y su política de dominación: la mestización de las sociedades “avanzadas”, al favorecerse el éxodo de los pueblos de los países menos desarrollados, a los desarrollados.

La naturaleza hace el resto: el Islam, con una tasa de natalidad que triplica o cuadruplica los coeficientes de los países adelantados, ya pronto los “adelantados” será los descendientes nativos de los inmigrantes, que dominarán las elecciones democráticas y formarán sus propios gobiernos. Y lo harán con el impulso de una fe que las sociedades occidentales han perdido. Y no es cuestión de especulación, son los números, simplemente.

O sea que estaremos -o lo estamos ya- ante un conflicto civilizacional, donde las sociedades ex cristianas que han perdido su Fe y sus valores religiosos, llevan las de perder. Y la democracia, con sus indefinidos principios, ha sido superadas por las conveniencias de las ideologías, ya que se han desentendido de una cuestión fundamental: olvidar que la libetad es para hacer el bien, no cualquier cosa. Ha contribuido a ello la educación laica, la secularización , la banalidad, la superficialidad, la materialización de la vida y las costumbres, etc.

Rubén Oscar Moro

(Fuente: Iniciativa “Crux”)

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