UNA FASE MÁS INCLUSIVA DE LA GLOBALIZACIÓN

A partir del acuerdo entre Donald Trump y Xi Jinping en Palm Beach, Florida (6/7 de abril), surgió una nueva fase del proceso de globalización, quizás más inclusiva que la anterior que surgió en 1991 con la caída de la Unión Soviética.
En ese período inicial, EE.UU. no fue solo la mayor economía y la fuerza fundamental de la globalización, sino que también ejerció la unipolaridad hegemónica del sistema durante 17 años (1991/2008).
En esa etapa, la superioridad económica y tecnológica norteamericana era un hecho, y por eso colocó sus prioridades en las responsabilidades globales derivadas de su condición de líder hegemónico.
El hecho en que se fundaba EE.UU. era que su nivel de incremento de la productividad era el primero del mundo. La productividad norteamericana creció 2,6% anual entre 1991 y 2004.
A partir entonces cayó a 1,5% anual entre 2004 y 2010, para hundirse a 0,5% anual en los últimos 6 años. Esto coincide con el estancamiento y retroceso de los ingresos de su clase media y con la pérdida de 2,6 millones de puestos de trabajo industriales infligidos por el efecto concentrado de la competencia china.
En el proceso de globalización es inseparable el auge del comercio internacional a partir de 1991 (creció 14% anual en las siguientes 2 décadas) con el despliegue de la revolución tecnológica del procesamiento de la información, que al fundarse en la instantaneidad permitió tomar decisiones estratégicas en tiempo real a escala global y, de esa manera, creó el sistema integrado trasnacional de producción —constituido por 88.000 empresas trasnacionales y sus 600.000 asociadas o afiliadas —, donde tramita 80% del intercambio global.
La globalización ha modificado la naturaleza de la fuerza de trabajo y ha elevado el valor del sector altamente calificado, mientras que ha sumergido en la irrelevancia al de escaso nivel educativo. Ha invertido los términos del “capital humano”.
La productividad ha crecido por encima de la retribución laboral a partir de 1991, y la diferencia (plusvalía relativa) ha sido apropiada exclusivamente por el capital.
La participación de la fuerza de trabajo en el PBI global ha caído 0,3% anual en los últimos 20 años. Era 66,1% del PBI en EE.UU. en 1990 y cayó a 61,7% en 2009, profundizando la caída hasta llegar a 56% en 2016. Solo 4% de la fuerza de trabajo norteamericana ha tenido aumentos reales en sus ingresos a partir de 2001, y se trata de profesionales con grado universitario, incluso doctorados.
La desigualdad social en EE.UU. es la más elevada de los últimos 70 años, con 30% de los ingresos acumulados en el 1% de arriba. Las ganancias de productividad a partir de 2001 han sido apropiadas en forma excluyente por el capital.
En ese período, los trabajadores con educación secundaria han aumentado 11% sus ingresos, mientras que los del 10% de arriba tuvieron una mejora de 56%, y el 1% del pico de la pirámide absorbió superganancias por 121%.
La razón de este fenómeno histórico de tipo estructural ha sido lo que ocurrió al comienzo de la primera fase de la globalización, cuando se unificó el mercado mundial del trabajo por la caída de la Unión Soviética.
En menos de 3 años se incorporaron al mercado mundial más de 1,5 millones de trabajadores, y la fuerza de trabajo global se duplicó. Esa irrupción provino sobre todo de la ex Unión Soviética, de los países de Europa Oriental, y en especial de China, que completó el vuelco al capitalismo en 1992, con el “Viaje al Sur” de Deng Xiaoping, lo que implicó la incorporación de 900 millones de operarios.
El resultado fue la duplicación de la fuerza de trabajo mundial, que ocurrió en los 3 primeros años posteriores a 1991. Cambió entonces en sus raíces la fórmula de la acumulación capitalista, y la participación de la fuerza de trabajo en el PBI global cayó a la mitad, al tiempo que se multiplicaron por dos las ganancias del capital.
La nueva pauta de productividad, históricamente superior, si es que surge, es sinónimo de la nueva revolución industrial, convertida en el objetivo conjunto del centro del poder mundial surgido como consecuencia del pacto Donald Trump/Xi Jinping en Palm Beach, Florida.
Si esto ocurre, el encuentro del 6 y 7 de abril tendrá un significado histórico superior al de la caída de la Unión Soviética en 1991.

Jorge Castro
Clarín

1 Comment on "UNA FASE MÁS INCLUSIVA DE LA GLOBALIZACIÓN"

  1. Alberto Ferrari | 5 junio, 2017 at 20:14 | Responder

    excelente análisis, Jorge, más allá del alcance del encuentro Trump/Xi. No lo había visto en Clarín. (¿fecha?) Alberto.

Deja un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


*