EL SISTEMA PREVISIONAL BAJO LA LUPA, DENTRO Y FUERA DEL GOBIERNO

Todo es monumental en la Anses: desde las 8,2 millones de jubilaciones y pensiones que paga hasta un presupuesto de 1 billón de pesos.

Sin demasiados preámbulos, más de un funcionario admite que así como está el sistema previsional enfrenta serios problemas de sustentabilidad y la amenaza de ser todavía mayores. Augurio de ajuste, los especialistas también advierten dificultades semejantes.
Todo es monumental en los números de la ANSeS. Desde las 8,2 millones de jubilaciones y pensiones que paga y paga mal, hasta un gasto calculado este año en un billón de pesos, la mitad del Presupuesto Nacional, y un déficit que también este año andaría en alrededor de $ 350.00 millones.
Tras la estatización de los fondos de las AFJP, en 2008, la caja de la ANSeS fue engrosándose y a la vez convirtiéndose en un instrumento funcional a los fines más diversos. Entre ellos, algunos de estricta justicia junto a varios útiles a la política y al poder político y otros al objetivo de tapar agujeros de las cuentas públicas.
Así, de tanto exprimirla, donde antes decía superávit hace algunos años dice déficit y déficit creciente. Esto significa que los aportes patronales y laborales, más los recursos tributarios que obtiene de otras fuentes y los del Tesoro Nacional no cubren ni aproximadamente el costo de jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares.
Es que además de las moratorias y de la incorporación nuevos beneficiarios en cantidad, el sistema previsional banca planes por cierto ajenos a su función específica, como el Progresar, el Procrear o el Conectar Igualdad. O la misma Asignación Universal por Hijo, que hoy alcanza a casi 4 millones de chicos menores de 18 años.
Pasa, además, que va camino de perder una fuente de dinero considerable: el 15% de la coparticipación impositiva de las provincias, que a partir de este año irá recortándose hasta quedar reducido a la nada en 2020. Para que se entienda mejor, sólo en 2017 va a resignar unos $ 86.000 millones o el 10% de los ingresos corrientes.
Desde los 90, cuando el sistema previsional fue privatizado y desfondado, la ANSeS también obtiene en contrapartida $ 120.000 millones anuales directos del Impuesto a las Ganancias y el 20% de la recaudación. Más un 11% por el IVA y 21% del gravamen a los Combustibles.
El problema aquí es que mientras la mayor parte de sus gastos son actualizados automáticamente, como jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares, los recursos tributarios dependen de los vaivenes de la economía y, a veces, de desgravaciones decididas por el Gobierno para aflojar presiones fiscales.
Sobre esto hablan los últimos datos de la AFIP. Revelan que entre enero y mayo, la recaudación de Ganancias subió 19% y 25,6% la del IVA. Mucho o bastante menos que una inflación cifrada por el INDEC en el 27,5% anual.
Al interior de semejante maraña de números asoma otro que también representa una fuerte pérdida de ingresos. Es el 34% de los trabajadores ocupados en negro, lo cual equivale a decir que de allí la ANSeS no recibe aporte alguno. O sea, cero de un tercio de la fuerza laboral.
Más de lo mismo cuenta que ya se hayan agotado los recursos que venían del blanqueo, en tanto subsisten los gastos originados por la llamada Reparación Histórica y el costo de los juicios entablados por quienes no han aceptado la propuesta oficial.
Funcionarios muy próximos a la Casa Rosada y consultores de los considerados independientes se entusiasman ya con los resultados de octubre: “Medido contra cualquier otro agrupamiento político, el macrismo va a salir triunfante en la provincia de Buenos Aires y en todo el país”, afirman.
Luego, sus cálculos sostienen que el Gobierno dispondría de un considerable margen de maniobra para encarar las reformas económicas pendientes. Entre ellas las fiscales y dentro de ellas, la previsional.
El primer paso, ya cantado, será un amplio, ventajoso blanqueo laboral y, probablemente, una rebaja de los aportes patronales. Se trata de una articulación doblepropósito: regularizar empleo en negro y, a la vez, incrementar los ingresos.
Hacia el mismo objetivo marcharán otras medidas de una reforma a esta altura bastante meneada. Como subir progresivamente la edad jubilatoria y corregir el sistema de actualización automática de los haberes, yendo del actual mix de recaudación tributaria-salarios promedio pasados a uno asociado a algún índice de precios futuro.
Es un juego de sumas y restas o de más restas que sumas orientado a reducir cargas sobre el sistema previsional.
Pero como ese no es todo el agujero fiscal y la deuda constituye una peligrosa vía de financiamiento, habrá otras leyes que refuercen el ajuste post-octubre. La gran batalla de 2018 será contra el déficit de las cuentas del Estado Nacional y viene planteada para darles garantías de sustentabilidad a los inversores. Achicar el déficit ya equivale a repago de la deuda externa.
Una victoria en octubre será sin duda condición necesaria, aunque la duda es si será suficiente para hacer pasar un paquete bien difícil de digerir. Ya previsible, bajo el formato que sea el peronismo jugará simultáneas: tanto a sacarle rédito político al ajuste macrista como pensando que el ajuste macrista puede aliviarlo de costos políticos futuros.

Alcadio Oña (Claín)

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