SÓLO PASADO Y PRESENTE: FUTURO AUSENTE.

“La Argentina necesita inversiones y no llegan” (Ministro Francisco Cabrera). Quince meses de caída de la industria. Creciente déficit comercial con Brasil. Tasa de inflación que, generosamente, se ubica en el orden del 24 por ciento anual; y 20 por ciento del desempleo juvenil (19 a 24 años). El más alto de la región. En CABA 175 mil jóvenes hicieron cola para demandar uno de los 11 mil puestos ofrecidos.
Sin embargo el gobierno festeja que el empleo privado volvió a los niveles de 2015. ¿Conformistas? Lo urbano en problemas.
¿Lo bueno? Tierra adentro. Suman que crece el agro (tipo de cambio ¿por ahora aguanta? y fin de retenciones) y la construcción (pura inversión pública) que pisa el territorio. Esos son motores vivos que arrastran. Bien.
Sin embargo, en el mismo centro del país, la pobreza, medida en Córdoba, supera el 40 por ciento.
Una vez más, cuando la información irrefutable molesta, el poder se enoja en lugar de reaccionar proactivamente. El ministro de Hacienda se enojó con el INDEC y el INDEC – en manos de Jorge Todesca – ratificó su información. ¿Dujovne camino a Moreno?
Hay que recordarle al ministro la anéctoda borgiana: enojado no se puede pensar. Las afirmaciones de su colega Cabrera, “no hay inversiones”,- que es lo mismo que decir “el mundo empresario no tiene confianza”- han sido corroboradas por la percepción colectiva derivada de todos los hechos mencionados.
En mayo se registró la caída del Índice de Confianza del Consumidor (-0,9 por ciento) y del Índice de Confianza en el Gobierno (-3,6) ambos indicadores capturados por la UDT.
Un circuito relevante nos aprieta ausencia de inversiones y aumento de pobreza.
Las metas del gobierno, menos que ambiciosas, no llegan y se nota.
La inflación baja. Pero no lo suficiente como para abandonar la dramática persecución ejercida por la tasa de interés que detiene la producción urbana y la inversión.
Tampoco “arrancó la economía”: la industria y el comercio descienden.
¿Por qué? Es que el consumo frena, el tipo de cambio atrasado cancela el vigor de la productividad real y la única inversión que se registra es la pública. ¿Es un programa?
Comparativamente, en el primer trimestre de 2017, el PBI permanece debajo del nivel de 2015.
La política fiscal solo alcanzó hasta ahora para contener la caída de la actividad sin arañar el objetivo; y la política monetaria, muy dura, solo alcanzó para disminuir el ritmo de inflación pero no para aproximarse a las metas.
Seguimos en el escenario de estanflación y va todo el período M más la herencia del período K en el mismo tablado.
Conclusión la política es equivocada o incompleta, que es lo mismo.
Es equivocada porque, primero, ejerce presiones contradictorias; segundo, la contradicción aumenta la falta de coordinación derivada de la concepción gerencial del gobierno sin ministros y miles de funcionarios con título; tercero, ignora el ABC de la política económica destinada a combatir la estanflación.
El ABC es que combatir la inflación con políticas recesivas (tasa de interés) incrementa el estancamiento; y que combatir el estancamiento con políticas fiscales presiona la inflación.
No hay solución sólo “económica” para la estanflación. Es imprescindible una solución “política”. Es decir coordinar las políticas clásicas con políticas de ingreso y eso requiere el concurso de un gran número de actores y compromisos.
A Marcos Peña y a J. Duran Barba no les importa ni quieren negociar. Todos los que pueden negociar, dice la pareja Duran-Peña, están en el “círculo rojo”. Y en ese círculo están unas personas imbéciles que dicen tener ideología y que se ocupan de cosas que a “la gente” no le importa.
“La gente” sólo vive y se preocupa de su metro cuadrado: lo de todos los días. Y no escucha intermediaciones que no estén en la red y en la red está el metro cuadrado. Según Duran Barba, gran embaucador de chorlitos, gobernar es idénticamente igual a ganar elecciones.
Preparémonos la campaña será la única gestión gubernamental. Pasamos del cordón cuneta de los intendentes a la autopista, de la encuesta mensual a la medición diaria. Claro ni la encuesta y menos la medición diaria, nos pueden siquiera mencionar que es lo que hay que hacer para transformar el estancamiento en progreso. Cuando los políticos están gobernados por las encuestas, y este también es el caso del PRO, la misión pedagógica de la política está terminada.
Pero no hay encuesta que modifique que la realidad económica cotidiana constituye la parte más sensible socialmente del presente. Mientras tanto el pasado K se congela en la memoria.
Por ausencia de futuro, pasado y presente son las esquinas que ocupan quienes se enfrentan en el cuadrilátero electoral de nuestros días.
Presente versus pasado y viceversa. Es lo que hay.
Sin embargo el gobierno dice postular una controversia deseable: Futuro versus Pasado.
Pero el gobierno no ha puesto ese debate en la mesa por ausencia de propuesta de futuro. No hay una Agenda del Futuro más allá de exhortaciones escolares de fecha patria.
Por su parte la oposición ya demostró, durante 12 años, que el futuro no es lo de ellos.
Néstor – con recursos abundantes – se limitó a gobernar, desde el primer día, con la visión de sala de guardia y no de prevención de la salud. La gran excepción fue la prorroga por 30 años de las maquinitas de timba del Hipódromo de Palermo para que la demanda de juego no se vea insatisfecha (sic).
Lamentablemente había en aquél elenco gobernante demasiada preocupación por la suerte personal, por decirlo de manera tierna.
Las revelaciones de las denuncias de Aldo Ducler, tardías pero dignas de la mayor atención, nos señalan que es difícil servir a dos señores.
Lo que todos sabemos de YPF, las acciones, los Esquenazi, el Banco de Santa Cruz, la estatización hecha de mala manera, conforman una línea difícil de argumentar por el lado del señor Bien Común y alientan las razones del Señor Bien Privado. ¿Habrá vocación de investigar y fundamentar o todo, una vez más, quedará consumido en los titulares de los diarios?
Lo que agiganta las dudas es que el presente también está salpicado con cosas realmente escandalosas como las del Correo y las demoras inexplicables como la lentitud, torpeza, desrumbo del gobierno con el caso Odebrecht que nos ha hecho uno de los tres países que no cuentan con la información de los coimeros y los coimeadores.
Dejo de lado las palabras y pienso en los hechos. Hasta ahora nada que valga la pena destacar.
Volvamos a lo más importante: el futuro, como proyección de lo deseado, con el diseño del mapa de acceso y las estaciones de recarga necesarias. No aparece por ningún lado. El futuro no está en oferta.
No lo expone el gobierno, siendo que esa es la principal función de la vida pública, y no lo exponen quienes están fuera del gobierno, siendo que esa es la principal función de quién se postula comHo alternativa.
Estamos electoralmente encerrados en Presente versus Pasado y la política no tiene mas vuelo que una campaña de dentífrico o productos de limpieza. Gobiernan los hombres de marketing.
En ese contexto la idea misma de democracia se desvanece y se convierte en una irrelevante compulsa electoral.
Mal que le pese al oficialismo el presente es todo lo que puede ofrecer.
Mientras que a la principal oposición, insólitamente, no le queda otra cosa que reivindicar (¿?) el pasado. Lo hace dividida en función de la parte del pasado en que participó. Todos participaron y mucho.
El presente sólo y sin adjetivos, tal cual es y tal cual se percibe, enfrenta al pasado inmediato, que es el de los doce años inaugurados por Néstor Kirchner.
Peor. Porque las voces del presente no enfrentan todo el pasado que nos agobia. Sabemos que muchos de los actuales funcionarios han sido actores de gestiones previas al kirchnerismo y, básicamente, sus ideas económicas, aunque lo nieguen, ya fueron puestas en práctica por JA Martínez de Hoz y Domingo Cavallo.
En la macro del día a día el PRO practica, como Joe y Mingo, la pulsión por la apertura comercial y la convalidación de un tipo de cambio atrasado a causa de la financiación externa del déficit fiscal.
Eso ya lo vivimos. Y sabemos cuanta industria, empleo y pobreza nos costo.
Y también sabemos que, desde entonces, vivimos el déficit fiscal que las malas políticas económicas generan al obligar a políticas sociales compensatorias para mantener la paz social que las políticas económicas destruyeron.
Por ejemplo el PRO celebra el incremento del número de AUH que no es otra cosa que el analgésico imprescindible para solventar la crudeza de una situación laboral de desempleo y marginalidad como mínimo estancas. Es decir en el presente hay mucho del pasado. Mucho de los mismos problemas y de los mismos paliativos que agravan las situaciones.
Y en la concepción de largo plazo, el presente PRO, repite con entusiasmo la asociación estratégica con China que inauguró Cristina Elisabet Kirchner.
Comprender el significado y las consecuencias de esa asociación modeladora, requiere tener presente la tendencia a la dependencia de un solo producto (soja) y un solo mercado (China), en el marco de una política cambiaria de retraso sin retenciones.
Pero además, exige ser conscientes de la estrategia de la República Popular China que, en el Libro blanco sobre Política china de recursos minerales (2003), señala que “La potencia imparable que ofrece una economía política centralizada por un Estado firme y prudente, que cuenta además con la población más numerosa, trabajadora y sacrificada de la Tierra, asegura que el Pueblo, transcurridos los primeros años del siglo XXI, está llamado a dictar el devenir de la humanidad en las próximas décadas”.
El presente que vivimos tiene elementos estructurales definidos en el pasado inmediato como lo son la Alianza China y la política social en lugar de una estrategia de desarrollo.
Las acciones PRO suman elementos de pasados previos como lo son la apertura y retraso cambiario provocado por la deuda externa, cuyo origen es el déficit fiscal.
La confrontación política está limitada al presente con el pasado inmediato.
Del pasado inmediato permanecen vivas y agitadas las negativas imágenes policiales que han cambiado el orden de las secciones de los medios de prensa: las páginas políticas chorrean delitos. La muerte de Ducler, sospechosa, es el epílogo -¿será así?- de una denuncia de hechos iniciados antes de 2003 y continuados no sabemos hasta cuando.
Pero esas imágenes delictivas se erosionan a causa de la desesperanza que provoca el ejercicio rengo y manco de la Justicia.
En estos días, antes de Ducler, la incapacidad de juzgar a un Camarista, cuyos antecedentes tornan escandalosos, instala la legítima preocupación que la Justicia pertenece al poder.
Y que no habrá castigo al pasado ni al presente, mientras el poder presente, por conveniencias electorales; o el poder supérstite del pasado, por lealtades siempre inconfesables, intervengan en función de sus intereses.
Si hay intereses condicionando a la justicia no hay justicia.
Del pasado inmediato K también hay memoria de beneficios económicos y sociales, transitorios, surgidos de los desparramos cometidos. Desparramos a su vez transitorios posibilitados por el agotamiento del stock.
Desacumulación de capital (como también lo es el del capital social) como lo es la deuda externa que, salvo sea parte de un proyecto de desarrollo, es un modo de desacumulación del futuro.
Desacumulación de futuro es una buena síntesis de nuestro pasado inmediato y lo que va del presente.
Así expuestos los términos en pugna, de pasado versus presente, denuncian un gran extravío del que sabemos que es necesario salir y no conocemos y nos cuesta imaginar un hilo conductor que nos conduzca a otro territorio.
La política aquí y ahora se reduce a descalificaciones, tal vez ciertas, que por ser el único contenido del discurso terminan por descalificar a quienes lo emiten.
Es que sólo grandes liderazgos son capaces de introducir el futuro en una contienda.
Una contienda sin futuro sobre la mesa es una grita de conventillo. Ahí estamos como consecuencia del vuelo rasante de nuestros dirigentes políticos. Claro que siempre hay excepciones en todos los sectores políticos. Hay muchos que piensan más allá.
Es obvio que si la disputa está reducida al enfrentamiento entre el presente y el pasado, la política es un ave de vuelo bajo.
El mandato es levantar vuelo para mirar el panorama desde la altura enorme que brinda pensar en el futuro de una Nación con enormes potenciales.
Necesitamos el mínimo consenso para convocarnos a mirar el futuro. Vamos a redescubrir el potencial y a identificar los contrapesos, barreras y fronteras que lo están secando.
¿Qué debemos acordar aunque no lleguemos a poner todo en cuestión? ¿Qué es posible y necesario acordar ya?
Primero, la lucha contra el presente en que viven quienes están condenados a la pobreza y fundamentalmente el 50 por ciento de los menores de 14 años. Ahí está el futuro. ¿Qué programa tenemos para esa realidad?¿Hay ejemplos exitosos para emular? Por supuesto que si. ¿Quién puede negarse a un acuerdo sobre este riesgo fatal en el que estamos embarcados hoy?
Segundo, la lucha contra la concentración demográfica del conurbano bonaerense. Un capítulo de esa lucha es el que incluimos en el primer punto. El otro es la relocalización de las oportunidades de trabajo que contribuyan a la integración del territorio.
Entre ellas reconstruir la industria ferroviaria nacional. Detener el inmediatismo, otra continuidad PRO FPV, de la importación de lo que sabemos, podemos y necesitamos hacer. Y también inaugurar un programa nacional masivo de producción de equipos solares y eólicos para la producción de energías limpias. Trabajo para nuestra realidad de 50 porciento del trabajo de baja calificación. Trabajo para ocupar el territorio. Trabajo para integrar modernidad, tecnología y respuestas en deuda que mantenemos desde mitad del SXX y que no podemos cancelar con quimeras de esdrújulas griegas.
Discutamos estas cuestiones materiales posibles de acordar, que no requieren despellejar el pasado o el presente, y estaremos ganando altura y dejando de lado la necesidad de ocultar o mentir, porque las cartas de presentación del presente y del pasado no avalan hoy a ninguno de sus portadores.
Solamente en el discurso del futuro hay posibilidad de consenso y por lo tanto de construcción. Porque “El futuro no es lo que va a venir, sino lo que nosotros vamos a hacer”. (Henri Bergson, filosofo) podemos comenzar a hacer futuro. ¿Cómo? Acordando un programa de recuperación de la pobreza joven y niña, y unos programas de construcción de industrias no complejas, transformadoras y para las que tenemos recursos. Abrimos la puerta al futuro todos al mismo tiempo. Vale la pena dejar de desacumularlo.

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