UNA DEUDA A CIEN AÑOS SIN VISIÓN DE LARGO PLAZO

Hay dos ejemplos del coloniaje mental que padecen los que supuestamente deben ser los conductores en lo público y lo privado, y que se mueven al ritmo que les marcan los mercados y los medios de comunicación: la deuda a 100 años y la reacción ante la calificación de Morgan Stanley

Quienes tienen la responsabilidad de dirigir una Nación o cualquier tipo de organización deben orientar sus acciones y sus pensamientos en función de una meta de largo plazo, que se puede ajustar tácticamente a las fluctuaciones de las circunstancias, pero que no se desvía un ápice de la meta final trazada.

Eso es la grandeza de pensamiento y es lo que falta de manera clamorosa desde hace largo tiempo en una dirigencia argentina que se mueve al vaivén de noticias internacionales, de las fluctuaciones coyunturales, de las modas intelectuales que se originan en los grandes centros, pero casi nunca, por no decir nunca, tienen raíces en lo profundo del país y la sociedad.

Hay dos ejemplos de este coloniaje mental que padecen los que supuestamente deben ser los conductores en lo público y lo privado, y que se mueven al ritmo que les marcan los mercados y los medios de comunicación.

Uno de esos ejemplos es la emisión de una deuda a 100 años anunciada por el ministro Luis Caputo, y el otro es el pánico de los operadores bursátiles y financieros porque el país no fue calificado como emergente, y se mantiene en el rango de economía de frontera.

El ministro Caputo emitió un préstamo a 100 años de plazo con una tasa inferior al 8 por ciento anual por un monto de u$s 2.500 millones, cuando el mercado financiero internacional le ofertó alrededor de u$s 11.000 millones. Salta a la vista de inmediato el fenomenal contraste entre el plazo de vencimiento de la deuda y la modestia del préstamo, que contradice por completo el propio argumento del Ministro de que había que aprovechar la abundancia de liquidez internacional y las bajas tasas de interés existentes en la actualidad.

Esta falta de visión de largo plazo parece haber incapacitado al Ministro y también a la Jefatura de Gabinete y al propio Presidente, para tomar todos los fondos ofertados lo que le hubiera permitido al país recaudar u$s 10.000 millones en un préstamo a 100 años, con lo cual el capital a amortizar año tras año sería del 1 por ciento, o sea el equivalente a u$s 100 millones, cifra insignificante para el Tesoro Nacional.

Con esta suma, el gobierno podría haber lanzado un gran programa de inversiones en obras públicas en todo el territorio nacional, con un amplio sentido federal buscando la proyección exportadora del país, lo que habría posibilitado generar miles de puestos de trabajo creando las bases para un rápido resurgimiento de los niveles de actividad y empleo.

El otro suceso que muestra la mediocridad de la mentalidad imperante entre el mundo bursátil, financiero y también de los medios de prensa, es que un gran Banco internacional como el Morgan Stanley inventó una clasificación en función del grado en que una economía se acerca a los parámetros de mercado, con parámetros que el banco mismo inventó como marketing. El problema es que esta clasificación es tomada como la infalibilidad papal cuando es algo totalmente superficial. La prueba más relevante de esa liviandad de pensamiento es que, como gran cosa, elevan a China al rango de economía emergente. Esto es realmente ridículo porque no hay hoy en el mundo una economía más poderosa y con más peso en la economía mundial que la de China, y esto lo saben muy bien los Bancos y también el propio Morgan Stanley, que está desesperado por entrar en el mercado más vasto del mundo, medido por la paridad del poder adquisitivo del yuan y el dólar.

Así como el BRIC en su tiempo pasó como una fórmula inventada por Goldman Sachs para conseguir clientes y hoy dicha sigla no existe más, es una cáscara vacía, algo parecido sucederá con las clasificaciones del banco estadounidense. Hay economías de frontera que pueden ser más dinámicas que las economías emergentes, y hay economías desarrolladas de mercado que no pueden salir del atolladero desde hace casi una década, no obstante haber emitido más de 8 trillones de dólares los grandes Bancos Centrales del mundo para inyectar vitalidad a sus economías, practicando políticas monetarias que son contrarias a toda verdadera economía de mercado.

Esto dos sucesos que hemos comentado demuestran una vez más que sin un gran liderazgo político no hay desarrollo económico posible, porque la tecnocracia financiera, monetaria y presupuestaria, tiene siempre visiones estrechas de la realidad y es impotente en lo intelectual para diseñar un gran pensamiento estratégico, sin el cual la nación y la sociedad se encuentran siempre atrapadas en el mundo frágil de la tiranía de lo inmediato.

Por Ricardo Romano

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