UN GIRO QUE PRIORICE EL FEDERALISMO Y EL EMPLEO

El centralismo del puerto y los intereses de las provincias se enfrentaron durante casi todo el siglo XIX por la formación de nuestro país. El conflicto principal: las Aduanas que gravaban los productos de las provincias. La declaración de Independencia no impidió esta transferencia, en favor del puerto de Buenos Aires. El federalismo tuvo escasa práctica institucional y se diluyó aún más con las sucesivas modificaciones a la Constitución de 1853. Esto convirtió a las provincias en espectadoras en lugar de actoras. Condición que se ratificó con la “Ley de Coparticipación Federal de Impuestos”: la tergiversación por décadas de las normas llegó a tal punto que terminó forzando a las provincias a pedir al Gobierno Central, como favor, lo que les corresponde por ley. Pero ya no es posible desarrollar un país equitativo y con empleo en función de un modelo desarticulado. Es imprescindible modificar la ley en cuestión para equilibrar las posibilidades y alcanzar la verdadera Nación.
El concepto de Federalismo es que la recaudación impositiva, fruto del trabajo y la producción nacional, debe repartirse de manera equitativa para retroalimentar el circuito virtuoso de más producción y empleo. Tanto como una real organización política. Ya lo supo ver Alberdi: “La descentralización política y económica es esencial para que la soberanía local se base por sí misma”.
Si cada provincia pudiese dar impulso a sus diferentes productos — petróleo, gas, alimentos, minería, textiles, materiales para la construcción, madera, tabaco, entre tantos más- estaríamos cerca del frecuentemente invocado proceso de trasformación de las “economías regionales” con la consiguiente demanda de empleo en origen. El proceso de transformación industrial local implica un cambio profundo y estructural.
Es ineludible dar lugar a un nuevo modelo de desarrollo, basado en la producción armónica y equitativa a fin de que las provincias se pongan al frente del crecimiento. Esta transformación hoy requiere un fuerte impulso de la Obra Pública e Infraestructura: autopistas, rutas, vías férreas, hidrovías, puertos, puentes y, sobre todo, de energía.
Es justo decir que el Gobierno actual ha planificado con conocimientos este ítem tan necesario para compensar al Interior, como la nueva ley de Energías Renovables. También hace esfuerzos por poner en orden la cuantiosa deuda de la administración anterior. Pero los tiempos parecieran priorizar instrumentos más cercanos a la especulación que al empleo y a la producción.
Para establecer industrias que manufacturen sus materias primas, aumentando el valor agregado y concordantemente la demanda de empleo, hay que terminar con las “aduanas del siglo XXI”, que hoy son los fletes: el sobreprecio de la energía, la falta de recursos humanos, de comunicación y muchos otros, que impiden aportar a la industrialización provincial. Hasta tanto la situación demográfica se normalice es necesario un régimen de promoción industrial que contribuya a equilibrar las asimetrías actuales entre las provincias y las zonas que concentran el consumo.
Las economías regionales, con sus bienes industrializados, constituyen empleo, arraigo, descompresión de los conurbanos, descentralización, federalización de la producción, del trabajo. La concreción del sueño de una autonomía y riqueza provincial. En palabras de Carlos Pellegrini; “Sólo el desarrollo puede dar efectivo sustento al federalismo”.

Diego Videla, ex vicepresidente de la Unión industrial Argentina

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