UN MOVIMIENTO QUE NO PARECE PREOCUPANTE NI DESCONTROLADO

¿Es preocupante la reciente suba del dólar de 15,80 a 17,74 pesos? Hace un mes el problema era que el tipo de cambio estaba atrasado y se pedía a gritos que el Banco Central intervenga para subirlo. Ahora que subió todos están nerviosos. Parece difícil entender la psicología del argentino. La verdad, es que este movimiento del tipo de cambio, si bien luce brusco, no parece preocupante ni descontrolado. El Banco Central con la nueva gestión liderada por Federico Sturzenegger optó por un régimen de tipo de cambio flotante, como parte de la estrategia para bajar la inflación. Debería ser obvio que dentro de este esquema lo que tenemos que esperar es que el tipo de cambio se mueva, como de hecho pasa en Brasil, México y en tantos otros países de la región. Sin embargo ese no es el caso.

Sabemos que en la Argentina el tipo de cambio no es un variable cualquiera y los movimientos bruscos generan son difíciles de interpretar. A veces indican el comienzo de una crisis cambiaria, como por ejemplo en el 2001. Pero otras veces corresponde a una corrección luego de un período de atraso cambiario y no tiene mayores consecuencias financieras.
La suba reciente del dólar en lo que va del año fue menor que la inflación. Si bien la depreciación reciente ha sido importante, no está descontrolada y probablemente se revierta, al menos parcialmente, en el futuro cercano. Vale la pena recordar que desde que el Banco Central adoptó el régimen de flotación los ajustes en el tipo de cambio no fueron suaves, sino más bien fueron espasmódicos. En general los saltos estuvieron asociados con factores externos (como Brexit, el triunfo de Trump o el posible impeachment a Temer en Brasil).

Esta vez también jugaron factores externos. Se observó que varias monedas de emergentes se depreciaron junto con el peso; como el rublo, la lira turca o el rand sudafricano. Pero también hubo algo diferente, ya que jugaron factores locales, y coincidió con los anuncios de la candidatura de Cristina Kirchner y que Argentina no subiría de mercado de frontera a emergente.
Lo cierto es que en la última semana el contexto internacional mejoró, pero mientras que las otras monedas se fortalecían, el peso se siguió depreciando. ¿Cómo se explica? Parece que los factores locales están tomando un rol más preponderante. No se ven razones para que el tipo de cambio se escape, principalmente porque lo que observamos es una corrección del hecho de que se mantuvo muy estable durante la primera mitad del año.
Sin embargo, hay que reconocer que en la Argentina los períodos electorales están acompañados por mayor volatilidad cambiaria. Este año no parece una excepción, especialmente porque lo que preocupa en el mundo de los inversores es la posible vuelta del populismo, acompañado de mayor inflación y cepos cambiarios. Desde una visión de mediano plazo las fuerzas que han llevado a que Argentina tenga un peso fuerte siguen vigentes y están ligadas a la entrada de dólares como resultado de un déficit fiscal financiado en el exterior y de una política monetaria contractiva. Eso no va a cambiar. El principal riesgo de que el tipo de cambio se dispare es la vuelta del populismo. La conclusión es que hoy parece más relevante para proyectar el tipo de cambio mirar las encuestas que la cantidad de dinero.

Miguel Kiguel

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