EVITA, LA AUTÉNTICA

Al atardecer del 26 de julio es imposible evitar un recuerdo y un homenaje cariñoso y agradecido hacia la gran mujer argentina del siglo XX: Evita.
No fue una alambicada intelectual. Apenas sabía leer y escribir cuando llegó a Buenos Aires para ser actriz. Debieron enseñarle a pronunciar bien su pobre castellano para darle el primer papel en radio.
Poco después, una admirada Europa se rendía a sus pies, mientras los humildes de la Argentina la proclamaban su abanderada.
Fue una apasionada por los pobres. Sus grasitas, a quienes amaba de verdad.
Aparentemente en forma paradójica, fue una amante y leal esposa. No una ideóloga o activista feminista, sino una mujer muy femenina, que es distinto.
Y, por ello mismo, fue la mujer que más hizo en nuestra historia para lograr justicia, respeto y dignidad hacia sus compañeras de sexo.
Para algunos grupos vocingleros de hoy, sugestiva y sospechosamente subvencionados y programados por ciertas fundaciones extranjeras, eso es un misterio.
Para nosotros es lo lógico. Lo natural.
Mis deseos de que tengamos muchas imitadoras de Evita.
Auténticas.
Leales.
Apasionadas.
Humanas.
Es decir, bien femeninas.
Mi homenaje a Evita.
Mi oración por su eterno descanso.

Por Juan Gabriel Labaké
EVITA, LA AUTÉNTICA

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