HACE 1900 AÑOS MURIÓ TRAJANO TRAS HABER LLEVADO A ROMA A SU MAYOR EXTENSIÓN PERO DEJANDO GRAVES PROBLEMAS FINANCIEROS

Roma había llegado a su máxima expansión territorial de la mano del emperador Marco Ulpio Trajano pero cuando éste se preparaba para seguir con su sueño de gobierno universal ocupando la India falleció el 8 de agosto de 117, diecinueve siglos atrás, próximo a cumplir 64 años y dejó como sucesor a Publio Elio Adriano quién debió encarar los serios problemas financieros de la administración pública.
Trajano había nacido en Itálica el 18 de septiembre del año 53 y su aspiración fue la de llegar a ser más importante que el macedonio Alejandro Argeida, más conocido como Alejandro III, “El Magno”, por lo que dedicó su gestión, desde que asumiera como emperador en el 98, a expandir el territorio romano incluyendo lugares como los actuales de Hungría, Rumania, Croacia y otros de Europa Central y Oriental y buena parte de Arabia en Asia.
Pero este notable emperador, a la par que avanzaba en la incorporación de territorios y engrandecía la ciudad de Roma con grandes obras públicas fue complicando la situación financiera del estado ya que esos gastos, sobre todo los militares, no eran compensados con los recursos obtenidos a pesar de lo cual mantuvo su criterio expansionista hasta el instante mismo de su muerte.
Como en Roma la sucesión no era sanguínea ni electiva sino una decisión del antecesor, Trajano había designado para sustituirlo a su sobrino nieto, Adriano, que también había nacido en Itálica, una periferia de la actual Sevilla, hoy denominada Santiponce, a 17 kilómetros de esa importante ciudad del sur de España, país que entonces también formaba parte del Imperio.
Cuando Adriano asumió ya estaba todo preparado para seguir los pasos de Alejandro en la India pero él desistió privilegiando las cuentas públicas por lo que encaró un importante ajuste que se centró, fundamentalmente, en pacificar el Imperio incluyendo la cesión de territorios por lo que abandonó la idea de la hoy llamada “globalización” expuesta en su “Historia Universal” por Polibio de Megalópolis en el Siglo III Antes de Nuestra Era (ANE).
Adriano, que gobernó entre 117 y 138, no era, precisamente, un blando como que hizo matar a los generales de confianza de Trajano, a los que podían discutir su poder y a miles de judíos en 132, entre otras muestras de su carácter; pero era un realista.
Esto hacía que considerara un imposible seguir adelante la expansión hacia el imperio universal como había dejado en su testamento ese gran antecesor que fuera Cayo Julio César Octaviano (auto rebautizado como Augusto, “el elegido por los augures”), sobre todo cuando en fecha reciente se habían conocido los mapas de Marino de Tiro y de Claudio Ptolomeo que mostraron una geografía mucho más dilatada con pantallazos americanos.
Cuando Adriano comprendió que estaba frente a guerras de desgaste en las que llevaba Roma las de perder optó por poner fin a la idea del imperio universal y planteó un achicamiento a fronteras más seguras de manera que empezó por irse del actual Irak.
La retirada de la Mesopotamia fue la primera de sus decisiones a las que siguieron otras siempre con la idea de consolidar y dejar de avanzar, como dar fin a la guerra de los judíos y la construcción del famoso “Muro de Adriano” entre Escocia e Inglaterra que tuvo como objeto poner coto a los ataques de los belicosos caledonios (hoy escoceses).
Pero la política de consolidación no fue suficiente y la crisis económica siguió carcomiendo el estado durante más de dos siglos hasta que se logró un equilibrio bajo los lineamientos del conde Félix, responsable del área económica del emperador Flavio Claudio Juliano, llamado “El Apóstata”, quién también volvió luego a las andadas y al ocupar Irak fue asesinado por uno de sus soldados.
Enmarcada en su crisis financiera la política también siguió deteriorándose lo que, al debilitar el estado, se avanzó hacia un sistema de feudalización que se aceleró cuando en 476 Odoacro, un importante general romano de origen hérulo, terminó con lo que quedaba del Imperio en la mal llamada “Invasión de los bárbaros”.
Odoacro era un bárbaro que vivía en Roma y dirigía su ejército y que ya poco podía hacer ante los conflictos como que unas décadas antes el monarca había tenido que entregar las reservas públicas al huno Atila para que éste aceptara retirarse de Italia, lo que terminó de vaciar el alicaído tesoro imperial que arrastraba más de tres siglos de crisis.

Por Fernando Del Corro

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