LA ECONOMÍA NO ANDA BIEN, PERO OTRA VEZ TRIUNFÓ LA POLÍTICA

Hay una serie de indicadores que pese a su densidad y al signo que llevan parecen decir, o directamente dicen, que el domingo la economía no pesó tanto como se pensaba o podría haber pesado. Puesto en limpio: para nada logró prender el pregón del desastre y otra vez triunfó la política, aunque eso no equivale a sostener que Cambiemos tiene allanado el camino hacia octubre.
Por su dimensión, esos indicadores dicen un par de cosas más. Una es que el resultado difícilmente puede ser atribuido a las mejoras de los últimos meses, difundidas sin respiro desde el macrismo. Y la siguiente, que así el Gobierno haya salido fortalecido, como salió, y quedasen despejadas incertidumbres de corto plazo, todavía falta recorrer un largo trecho hasta comprobar si acierta con políticas capaces de dar vuelta el escenario que hay.
Ásperos en si mismos, los indicadores expresan el impacto del ajuste de las tarifas sobre el consumo y sobre la propia marcha de la economía. Salen de un informe preliminar de la consultora especializada G&G Energy Consultant y cuentan:
– Entre julio de 2016 y julio pasado, la demanda de electricidad bajó 2,1% o menos, si se computa que el julio reciente tuvo un día más que el otro. Efecto tarifas y efecto consumo medidos a través de un termómetro económico clave.
– Ahora, la demanda de gas residencial de los cinco primeros meses de este año contra los mismos cinco meses del pasado. Cayó nada menos que 17,4%: nuevamente tarifas, agregadas a deterioro de los ingresos. Puede descontarse que el repliegue resulta mayor en las más expuestas capas sociales medio bajas o en las capas medias, que en las de los escalones superiores de la pirámide.
– Una comparación semejante, esta vez para la demanda de gas comercial, arroja una caída del 12,7% y otra todavía más grande, del 18,6%, el último mayo. Visiblemente, tarifas, consumo y actividad vuelven a correr acoplados. Y encima corren acopladas en un sector cuya clientela ha dejado de crecer al ritmo que crecía, o no acompaña ni de cerca al crecimiento de la población.
Previsible: el achicamiento del consumo residencial y comercial de gas dejó un excedente que pudo ser aplicado a la generación de electricidad térmica. O, si se quiere, que permitió evitar cuellos de botella.
– De nuevo, cinco meses contra cinco meses, y ahora demanda de GNC. La caída fue del 10,4% o, puesto bien claro, que el fuerte aumento del precio en el gas en boca de pozo destruyó consumo de GNC.
– Una buena, o relativamente buena, es que desde marzo empezó a repuntar la demanda de gas para uso industrial. Pero enero-mayo contra enero-mayo da un muy raquítico avance del 0,5% y bastante menos que raquítico no bien se advierte que la comparación es respecto de un 2016 notoriamente recesivo.
Cuesta desde luego hacer coincidir este cuadro con una levantada vigorosa y pareja de la actividad económica. Como lo prueban los votos que Cristina Kirchner ha cosechado al interior del Gran Buenos Aires, justo el lugar donde cosas como esas saltan inevitables.
Así allí subsista cierta incertidumbre sobre sobre el final-final, lo cierto es que la misma paridad y el mapa nacional parecen haber aquietado aguas muy revueltas hasta la semana pasada. Para el caso, un dólar que pronto tomó por una curva descendente.
Podría suponerse, de seguido, que el Banco Central ya no estará tironeado por la presión cambiaria y podrá dedicarse a eso que su jefe, Federico Sturzenegger, considera función básica de la entidad: mantener los otros precios de la economía a raya, o hacerlo de una manera definitivamente perceptible.
Con un panorama ya menos apremiante el BCRA enfrentará hoy otro test clave. El resultado saldrá de cuánto consiga renovarsobre los $ 534.000 millones en Lebac que vencen, o de cómo gravita ahí la alternativa dolarizadora. Colgado va un dato nada despreciable: el manejo de las tasas de interés.
Menos próxima, aunque del horizonte cercano, aparece la posibilidad de que un Gobierno más afirmado y un lote de gobernadores que ha sumado legisladores propios terminen por acordar algunas leyes sin necesidad de esperar a octubre. Pasando por el Presupuesto Nacional, dentro de ese grupo podrían entrar el blanqueo laboral y ciertas fórmulas comunes orientadas a sujetar gastos tanto en la Nación como en las provincias.
Sintetizado en palabras de un analista: “Unos y otros administran territorios y son socios al fin en la urgencia de recuperar ingresos lo antes posible”.
Lo que continúa de su explicación dice que, frente a cuentas fiscales con tendencia a ordenarse, pueden asomar inversores antes reticentes a arriesgar plata. “Si baja la tensión sobre el Gobierno, también baja la tensión sobre la economía”, afirma.
Se verá entonces si al menos parte de la famosa, demorada lluvia de dólares empieza a gotear de una buena vez.
Pero ni hace falta decir, o hace falta decirlo sin rodeos, que aquello capaz de cambiar de verdad el horizonte se llamacrecimiento económico sustentable y sostenido. Uno que además de crear trabajo, derrame de un modo parejo y, junto a otras políticas, permita remover desigualdades ya cristalizadas.

Alcadio Oña
Clarín

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