RECORDAMOS AL PADRE DE LA PATRIA EN EL 167° ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

José de San Martín y Matorras, Padre de la Patria, es uno de los próceres más importantes de la historia del continente. Todos los años las tres fuerzas armadas de EEUU le rinden homenaje el día de su nacimiento, es el único militar extranjero al que conceden ese honor por ser considerado uno de los dos mas grandes estrategas de la historia militar del mundo y se sigue estudiando en West Point.

Nació el 25 de febrero de 1778 y murió en Francia el 17 de agosto de 1850. Hoy recordamos un aniversario más de su paso a la inmortalidad.

La vida de Don José fue la de un inmigrante en un país extranjero que regresa, después de una larga ausencia, para hallar que su casa está cerrada a cal y canto, mientras que los vecinos lo miran con sospecha y las autoridades se muestran desconfiadas. La única alternativa es comenzar de nuevo. Los historiadores argentinos se refieren al exilio de San Martín como su “ostracismo”, pero éste fue una situación que él quiso y aceptó. Perpicasmente, Mitre dijo que “el gran hombre de guerra, admirado en el Plata y aceptado como una necesidad en Chile, nunca fue amado ni verdaderamente popular en uno ni otro…Era americano ante todo sin dejar de ser argentino…alma solitaria que no tenía afecciones íntimas y estaba condenado a no tener ni hogar”. Era, consideraba Mitre, “el hombre americano, el hombre necesario.”
Se lo recuerda como el Libertador o el Padre de la Patria. No solo tiene el reconocimiento del pueblo argentino sino también de Chile y Perú. José de San Martín y Matorras logró durante la lucha por la Independencia derrotar a los ejércitos realistas en los tres países. “El Padre de la Patria trabajó desde la honestidad y la lealtad para lograr la independencia y formación de la nación; sin embargo, no tuvo una devolución de la misma envergadura”, analizó José de Guardia de Ponté, miembro del Movimiento Sanmartiniano Nacional. El armado del histórico Ejército de los Andes no contó con el apoyo del Gobierno criollo. “Fue una lucha que hizo solo y que contó con el apoyo del pueblo de Cuyo. Nada tuvo que ver Buenos Aires en esta gesta histórica”, relató en diálogo con el diario “El Tribuno”.
En su moderna biografía de San Martín y Matorras, Patricia Pascuali sostiene que su fuerte sentido de la misión lo colocó en “la soledad de la gloria.” A pesar de las exhibiciones de orgullo nacional, siguen existiendo sospechas de que el General no era argentino y no amaba realmente a Argentina (?), o Argentina a él, de que siempre fue “un hombre sospechoso en su país”, así le supo escribir a Guido en 1816 él mismo. De Guardia de Ponté, por otra parte, destacó que el valor primordial que defendió San Martín fue la libertad. “El amor a la Patria estuvo sobre todas las cosas. Hay que recordar también que la libertad por aquellas épocas era un valor muy codiciado”, recordó. Desmintiendo algunos pasajes de la historia que afirman que José de San Martín murió en la pobreza, De Guardia advirtió que una vez que el militar dejó el país, se dedicó a la administración de los bienes de un rico empresario español, de quien posteriormente fue albacea. “Si bien pasó malos momentos como todos, San Martín administró la fortuna de este hombre por 10 años y cuando los hijos crecieron les entregó sus bienes. Esto habla de su honestidad”, destacó De Guardia.
Además de su faceta militar, se destacó como un político revolucionario, con pensamientos avezados e inteligentes en pos de objetivos magnos como la libertad y la independencia. El principal legado que dejó el prócer es el hecho de pensar la libertad a través de la educación. “Al arte, la ciencia y la cultura les daba un lugar preponderante. En Lima, en trece meses construyó una nación que entre sus normas permitió el ingreso de artistas populares. Son aspectos sustanciales que nos dejó San Martín para la construcción de la patria”, explicó Eduardo García Caffi, del mismo instituto. “En sus campañas llevaba baúles con más 800 libros y fundó bibliotecas en cada uno de los lugares en los que le tocó actuar”, finalizó el titular del organismo encargado investigar y divulgar la vida y obra del Padre de la Patria.
¿Pueden los líderes individuales influir o cambiar el curso de la historia? Los acontecimientos históricos, las estructuras y su movimiento, la continuidad y el cambio, dependen exclusivamente de los seres humanos. Los líderes concentran las acciones de los hombres, y él la revolución sudamericana. Don José de San Martín fue el soldado que estuvo al frente con sus ideas y acciones, condujo la revolución más allá de sus fronteras e intereses nacionales y le otorgó una identidad americana. Esa era su misión y esa fue su gloria. San Martín estaba, justificadamente, orgulloso de su jefatura y con razón se sentía ultrajado por cualquier insinuación que pusiera en duda su buena fe o buscara minar su autoestima. Como cualquier líder mundial no podía desinteresarse por su propio destino. Pero no respondía ante ningún grupo de interés o de presión particular; a los largo de toda su carrera en América, su impulso derivaba de sus objetivos e ideales políticos. Su única base de poder era el ejército que él mismo había formado gracias a su determinación y genio organizativo.
Don José de San Martín y Matorras siempre sostuvo que los objetivos militares eran más fáciles de alcanzar que los políticos, y pronunció sus sombrío veredicto sobre las sociedades postcoloniales, tan válido en la actualidad, como en el siglo XIX, a saber, que la destrucción de la tiranía no necesariamente conduce a una utopía democrática sino, con frecuencia, a la anarquía y al regreso de los tiranos. Por tanto, observaba que la gran crisis de América se produciría, no en defensa de la independencia, sino en la posterior defensa de la libertad y de los derechos de esa sociedad atrasada, desprovista de leyes vinculantes y de ciudadanos de educación e integridad suficientes para conducirlas al buen gobierno.
Las opiniones de San Martín no se encuentran expuestas, ni en sus discursos ni en nada parecido, sino en las cartas a sus amigos y camaradas, escritas en un estilo sencillo y fuerte, en las que su autoridad es inconfundible. Sus determinaciones dicen poco, incluso al proyecto trasandino fue presentado como una serie de operaciones: cruzar los Andes, reconquistar Chile, invadir Perú. Su invitación a pensar en grande tenía un significado estratégico, no conceptual. Por eso, utilizó los recursos del Río de la Plata para ayudar a Chile y los recursos de Chile para ayudar al Río de la Plata (entiéndase Argentina), para invadir Perú, y más allá se hablaba de “la causa Americana.”

En este sentido, su estrategia tenía una inspiración más americanista que nacionalista; la colaboración americana, pensaba, era la forma más segura de ampliar y completar la revolución por la independencia. Estas eran estrategias para la guerra y la revolución, no conceptos para la dirección futura del continente. Su americanismo estaba desprovisto de adornos y carecía de un marco teórico o análisis comparativos. San Martín no teorizaba sobre traiciones políticas compartidas o influencias culturales comunes. Quizás equivocadamente veía a Argentina, Chile y Perú como estados distintos con sus propios intereses nacionales, y la experiencia le enseñó que había un límite a su colaboración una vez consumado el objetivo español. El proyecto de San Martín –influenciado por el de la “Logia Lautaro”- no preveía una unión latinoamericana, el surgimiento de agrupaciones regionales o un futuro común para los distintos países en construcción; San Martín no le puso atención a esas cuestiones.
La vena de escepticismo que recorre su pensamiento político contuvo cualquier tentación de planear la postguerra que hubiera podido tener. Defender el orden y preservar la libertad serán la prueba de fuego de los que atinarían a la organización de los estados latinoamericanos. El hombre necesario y elemental, con la capacidad de dirigir ejércitos, formarlos, organizar, delinear cada detalle para cada tropa individual y de grupo, dió la independencia y dejó a la posteridad su ejemplo. Su amigo, Felix Frías, en 1850, cuando el General tenía 72 años, que por casualidad pasó por su casa el día posterior a su fallecimiento, escribió: “El día 18, tuve la dolorosa satisfacción de contemplar los despojos mortales de ese hombre cuya vida pertenece a las brillantes páginas de la historia americana. Su rostro conservaba los rasgos marcados de su carácter severo y respetable. Tenía un crucifijo sobre el pecho y había otro sobre una mesa de al lado, entre dos cirios encendidos, dos hermanas de caridad rogaban por el alma del difunto.”
“El rey nos decía que si no podíamos comprar leña que nos emponchemos, que si por pobre no podíamos alimentar a nuestro caballo que no lo tengamos, que si alimentarnos era costoso que comamos menos… Entonces decidimos ahorrar gastos y nos Iiberamos del rey.” Nos decía Don José de San Martín. “Compañeros del Ejército de los Andes: Ya no queda duda de que una fuerte expedición española viene a atacarnos; sin duda alguna los gallegos creen que estamos cansados de pelear y que nuestros sables y bayonetas ya no cortan ni ensartan; vamos a desengañarlos. La guerra se la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios. Seamos libres lo demás no importa.” Seguía explicándonos Don José de San Martín.
Una acotación al margen –y muy poco conocida-, San Martin, fue designado por Rosas como embajador ante el gobierno Frances, después de la vuelta de obligado; se presentó con su uniforme de General del Ejercito de Los Andes y “Armado”, con dos pistolas y el sable corvo. A la reunión, llevo mapas de la zona, los mapas eran su obsesión, y explico cómo las tropas invasoras no tenían ninguna chance de salir con vida de pisar suelo en el Rio de la Plata, ante la pregunta si el pelearia en esa ocasión, la respuesta de San Martin, fue ponerse de pie y apoyar su mano en el Sable. Pocos saben la intervención “diplomática” de San Martin en este tema, hay que tener en cuenta que era el militar más reputado y reputeado de Europa, sobre todo después de negarse a conducir las tropas flamencas contra los franceses en Bélgica, argumentando que “no era un mercenario”.
¡¡¡SALUDO UNO GENERAL !!! ¡¡¡MI HOMENAJE SOLDADO DE LA PATRIA!!!

Buenos Aires 17 de Agosto de 2017
Roberto Stangaferro, José M. García Rozado y Juan E. Ivanoff Tzvetcoff
ICIMISS – CIMISS

1 Comment on "RECORDAMOS AL PADRE DE LA PATRIA EN EL 167° ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO"

  1. Roberto Stangaferro | 12 octubre, 2017 at 16:52 | Responder

    Gracias por tomar mis palabras del día del Homenaje al gran General.

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