LOS MILITARES DESPLAZAN A LOS DIPLOMÁTICOS EN EE.UU.

A siete meses de la inauguración de la Administración Trump, la estructura diplomática de Estados Unidos todavía refleja síntomas de no haberse acomodado. El Departamento de Estado, conocido como Foggy Botton desde que se instaló en el edificio Harry S. Truman en 1947, parece seguir en un proceso de transición que incide en la gestión diplomática.
Un número de cargos sustantivos todavía no han sido cubiertos. Los vacíos son particularmente visibles en la mayoría de las embajadas estadounidenses. Por el momento, solo se ha designado embajadores en Naciones Unidas, Beijing, Tel Aviv, Tokio, Ottawa, Roma y Londres. Siguen vacantes un centenar de puestos claves como Berlín o Moscú, por citar dos ejemplos tradicionalmente centrales para la diplomacia norteamericana.
La Asociación Americana del Servicio Exterior e individualmente un número de diplomáticos de carrera, mantienen una posición pública crítica con la gestión del Secretario Rex Tillerson. Las referencias apuntan a una parálisis de conducción y falta de defensa del papel central que debería ocupar la diplomacia profesional. También a la disminución sustantiva del presupuesto. Al recorte del 31%, que afecta principalmente los fondos de cooperación internacional que utiliza el Departamento de Estado como instrumento de política exterior, se agrega una disminución de la planilla de personal de aproximadamente el 10%.
Estas cuestiones se encontrarían generando una atmósfera de descontento interno que ha llevado a que el Secretario de Estado haya tenido que desmentir rumores de alejamiento. Las especulaciones surgieron además como consecuencia de la incidencia de militares en actividad o en retiro en decisiones primordiales de política exterior que eclipsan la visión de académicos o de los diplomáticos del Foggy Botton. De acuerdo con un análisis del Washington Post, por ejemplo, en el Consejo Nacional de Seguridad la mayoría de los cargos sustantivos son ocupados por militares frente a dos en la Administración Obama. Desde los tiempos de Franklin D. Roosevelt no había un general en el gabinete.
Según funcionarios del Departamento de Estado, la ausencia notoria de civiles reconocidos en política exterior en el primer círculo de influencias de la Casa Blanca hace más difícil, entre otras cuestiones, mantener coherencia y continuidad en los objetivos diplomáticos geoestratégicos como en lo que hace a la supervisión eficaz del conjunto de agencias no militares involucradas en la política internacional. El giro en el acento burocrático, con una agenda muy conservadora, es interpretado por observadores diplomáticos extranjeros en Washington como la demostración de fuerza que el Presidente Trump pretende imprimir a la política exterior. Este punto estaría quedando en evidencia con algunos pronunciamientos de la Casa Blanca, en particular en la retórica y metodología utilizada en una serie de situaciones críticas como podría ser Corea del Norte, Irán, Siria, Afganistán e incluso recientemente respecto a Venezuela.
Tras poco más de medio año de gestión, la erosión temporal del Departamento de Estado no ayuda para valorar circunstancias o proyecciones diplomáticas futuras. Muchos enigmas se mantienen. Por el momento, el concepto pragmático de America First parece prometer ser más que un slogan al dar un primer indicio y servir de guía de alguna de las características que podría atravesar la nueva era de la diplomacia norteamericana.
Roberto García Moritán es diplomático. Fue vice-canciller

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