SE REDUJO LA SUBA POTENCIAL DE LA ECONOMÍA GLOBAL

La tasa de crecimiento potencial de los países avanzados ha caído más de la mitad, pasando de 2% anual en 2009/2010 al 1% por año, o menos.

El principal resultado de los seis años de estancamiento experimentados por la economía mundial entre 2010 y 2016 ha sido que la tasa de crecimiento potencial de los países avanzados ha caído más de la mitad, pasando de 2% anual en 2009/2010 al 1% por año, o menos. Y en el caso de EE.UU. se orienta a caer todavía más, y sería 0.5% por año en 2025, inferior a la de Japón.
Esto se contrapone con el hecho de que la economía mundial volvió a crecer en los primeros 6 meses de 2017 (+4.3% anual en el segundo trimestre), lo que implica 3,5 puntos porcentuales por encima de la tendencia potencial de largo plazo.
La causa mayor de esta disminución ha sido el debilitamiento de la productividad de todos los factores (PTF), que se ha reducido a 0,5% anual en este período (en EE.UU. cayó a 0,2% por año en 2016).
El cálculo que hace la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) es que por cada 2 puntos de aceleración de la productividad de todos los factores (PTF) en los países avanzados – esencialmente EE.UU. – hay un crecimiento de 0,3 puntos porcentuales en el resto del sistema mundial que comercia con ellos.
La fuerza de trabajo declina en todo el mundo avanzado por el envejecimiento generalizado de la población y su disminución en términos absolutos. Por eso el aumento de la productividad depende ahora en forma prácticamente exclusiva del alza de la innovación (que es sólo PTF); y por lo tanto de lo que ocurra con el cambio tecnológico en los 2 países centrales, que son EE.UU y China.
No hay cuestión más importante para el sistema capitalista en los primeros 20 años del siglo XXI que lo que ocurra en materia de cambio tecnológico en los 2 países más avanzados, y entre ellos. De esto depende la recuperación sostenida de la economía mundial o su fracaso.
El riesgo mayor que enfrenta la economía global en 2017 es que se produzca una ruptura entre las dos superpotencias de la época, que son a su vez las que encabezan la nueva revolución tecnológica, y que esto suceda bajo la forma de guerra comercial.
Esta ominosa eventualidad sumergiría a la economía mundial en un proceso de proteccionismo generalizado y de ruptura de los lazos internacionales, que hundiría sin alternativa la recuperación experimentada este año.
EE.UU. y China son las dos mayores economías del mundo. Entre ambas tienen un producto combinado de US$30 billones (EE.UU., US$18 billones y China, US$11,4 billones), que es la mitad del PBI mundial (US$67 billones).
Una guerra comercial entre EE.UU y la República Popular implicaría por necesidad la quiebra del proceso de integración mundial del capitalismo, que es el verdadero significado histórico de la globalización como fenómeno central de la época.
De ahí la importancia decisiva del pacto establecido por Donald Trump y Xi Jinping en Palm Beach, Florida (6 y 7 de abril de este año), en el que las dos superpotencias fijaron un acuerdo completo sobre comercio e inversiones, que se ha convertido en el nuevo punto fijo de los acontecimientos mundiales y la principal decisión política-estratégica de 2017.
La nueva revolución industrial (informatización completa de la manufactura y los servicios) implica el pleno despliegue de tres tecnologías fundamentales: Inteligencia artificial (AI), Internet de las Cosas (IoT), y robotización. EE.UU. tendría 5,2 robots por cada 1.000 trabajadores en 2025, lo que equivaldría a un aumento de la productividad de más del 30% en este período. Alemania prevé un porcentaje similar de incremento de la PTF por este mismo fenómeno (Industrie 4).
El mundo está en las vísperas de un extraordinario surplus de productividad. La única cuestión no es si va a acontecer, sino que se hace con él, como se lo redistribuye. La Reserva Federal de San Francisco señaló que la revolución tecnológica del procesamiento de la información (IT) fue responsable de un aumento de la productividad en la economía mundial de 3% anual entre 1990 y 2004.
Pero esta revolución tecnológica se agotó en 2004, y esto sumergió a la economía global en una fase depresiva que se acentuó a partir de la caída de Lehman Brothers en 2008.
Significa que la recuperación del crecimiento mundial en 2017 no tiene un carácter cíclico, sino estructural. Responde a una nueva revolución tecnológica (la “nube” o cloud computing), en la que convergen bajo la categoría de nueva revolución industrial las tres grandes tecnologías de la época (AI, IoT, robotización).
El crecimiento económico no es en el capitalismo un fenómeno agregado de tipo cuantitativo, sino una serie de saltos cualitativos que se despliegan a través de sucesivas revoluciones tecnológicas. El capitalismo es un sistema autoinducido de revolución permanente, altamente inestable por necesidad.
La recuperación de la economía mundial en 2017 es un fenómeno real, no monetario, de carácter cualitativo, que aumenta el producto potencial a través de un auge sostenido de la productividad de todos los factores.
La realidad siempre tiene razón.

Jorge Castro

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