CHINA LIDERA LA GLOBALIZACIÓN CON AHORRO INTERNO

China creció tres veces por encima de EE.UU. entre 2010 y 2016 y fue responsable de 35% del crecimiento de la economía mundial en este período.
La economía mundial volvió a crecer en 2017 con más fuerza que la prevista, y se expande ahora a una tasa anualizada de 4%/5%; y lo hace después de 6 años de estancamiento, a contar de la crisis financiera internacional de 2008/2009 (Lehman Brothers).
El alza de la economía global se mide en términos de capacidad de compra doméstica (PPP), debido a que más de 80% de la economía mundial es obra de los países emergentes (China, 40%; India, 19%, comparado con EE.UU. que aporta solo 15%). La medición en PPP aumenta 0,7 puntos porcentuales el auge del producto, comparado con el nivel que se fija en dólares constantes.
La recuperación de la economía mundial en 2017 no tiene un carácter cíclico, sino estructural. Es el resultado del surgimiento en gran escala de la nueva revolución industrial en todo el mundo avanzado, liderada por EE.UU., China y Alemania.

También la expansión de la economía internacional constituye una nueva fase del proceso de globalización, que para desplegar plenamente el potencial de productividad de la nueva revolución industrial, necesita superar el impacto notablemente negativo que ha tenido en EE.UU. la anterior fase de la integración mundial, que se inició en 2001 (ingreso de China a la OMC) y concluyó en 2016.
Más del 80% de la fuerza de trabajo estadounidense no ha tenido aumentos en sus ingresos reales en este período; y la competencia china, al desplegarse en forma concentrada e intensiva después de 2001, ha destruido más de 2,8 millones de puestos de trabajo en los grandes estados industrializados del Medio Oeste (Pensilvania, Ohio, Michigan, Wisconsin).
No hay forma alguna de frenar el extraordinario despliegue de productividad que anida en la nueva revolución industrial, a condición, solamente, de que se aumente significativamente la tasa de inversión (2 puntos del PBI en 2017/2018).
El carácter imparable de la nueva revolución industrial está acompañado por una agudización extrema de todas las contradicciones sociales, económicas y culturales de EE.UU., ante todo la concentración acelerada de los ingresos en el 1% de arriba de la pirámide social.

Más de 60% de las empresas norteamericanas que disponen de tasas de retorno de 25% o más corresponden al sector de alta tecnología, cuyas ganancias son 8/10 veces superiores a las del promedio estadounidense (ese múltiplo era 3 en 1990). Esta es la causa estructural que ha provocado la quiebra del “Sueño Americano”.
China creció 3 veces por encima de EE.UU. entre 2010 y 2016(6,5% anual/ 2% por año); y fue responsable de 35% del crecimiento de la economía mundial en este período (EE.UU., del 15%).
Ventaja china
Lo decisivo no es eso. La clave de la primacía estratégica de la República Popular es su excepcional nivel de ahorro doméstico (47% del PBI/US$5,1 billones en 2016), que treparía a US$6.9 billones en 4 años (FMI). El ahorro interno ascendió en EE.UU. a US$3,5 billones en igual período.
Por eso China se ha convertido en la principal fuente de capitales del siglo XXI; y esta es la base material, totalmente objetiva, en que se funda el liderazgo – la iniciativa estratégica – de Xi Jinping en los conflictos de la década, ante todo en la relación con EE.UU.
Esto fue lo que ocurrió en la reunión cumbre de los 2 países en Palm Beach, Florida, realizada el 6 y 7 de abril de este año. Donald Trump advirtió de entrada que era “inaceptable” para EE.UU. el superávit comercial chino (US$340.000 millones en 2016), el mayor del mundo, en un intercambio bilateral que ascendió a US$560.000 millones el año pasado.

Xi Jinping acordó completamente con el mandatario norteamericano y le propuso un “Plan de 100 días” para eliminar ese superávit comercial en un plazo de 3/5 años, al tiempo que se multiplicaba el intercambio bilateral. El líder chino asumió en Palm Beach como propio el diagnóstico de Donald Trump sobre la crisis norteamericana y las causas del debilitamiento de EE.UU. en el sistema mundial.
Consiste básicamente en que ha sido la pérdida del trabajo – y por lo tanto de la inversión – experimentada por la economía norteamericana en los últimos 15 años; y como contrapartida y conclusión de ese diagnóstico, la necesidad de revertir esta experiencia ruinosa que ha convertido a la nación americana en la gran perdedora del proceso de globalización.
Esta reversión del trabajo y la inversión tiene que ocurrir en lo esencial antes de que EE.UU. despliegue plenamente la nueva revolución industrial (en los próximos 2/3 años); y de esa manera logre resolver (procesar) las contradicciones que destruyen la unidad nacional, y que provienen de la anterior fase de la globalización que concluyó en 2016.
La regla estratégica esencial de Mao Tse Tung – el maestro de Xi Jinping – fue siempre la misma desde que desató la “guerra prolongada” en la década del 30 y lideró la Larga Marcha: nunca, en ningún caso, hay que perder la iniciativa en un conflicto.

Jorge Castro
Clarín,

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