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EL FIN DE NUESTRO MUNDO YA EMPEZÓ

El fin del mundo era anunciado por un demente en medio de una plaza. Hoy la noticia aparece en los diarios de todos los días, y generalmente es anunciada por un científico. Un geofísico, el norteamericano Daniel Rothman, estima que la próxima extinción masiva será en 2100, como resultado del aumento en las emisiones de dióxido de carbono. Sería la quinta extinción masiva que atraviesa el planeta.
Rothman es profesor del MIT y especialista en la extinción del Pérmico final, la más severa que hubo en la historia de la Tierra, hace 255 millones de años. Usando una fórmula matemática que relaciona “la tasa crítica y la magnitud del cambio en el ciclo del carbono con la escala de tiempo que separa el cambio rápido del lento”, predice que el carbono puede comportarse inestablemente y provocar una mortandad en masa. El geofísico aclara que no será un evento ni una fecha, sino un lento proceso de miles de años. Pero el fin del mundo (nuestro) ya empezó y la Tierra pasó por esto otras cuatro veces. Creer que somos capaces de destruirla es, apenas, narcisismo de especie.

SEPTIEMBRE DE 2017
Mariano Donadío
LA NACION


MANIPULACIÓN Y MENTIRA
Freud dijo haber descubierto fuerzas sexuales y agresivas primitivas en la profundidad de la mente de los seres humanos, fuerzas que al no poder ser controladas, llevarían a la destrucción y caos en la humanidad.

Basados sobre estas hipótesis, los elementos del poder utilizaron las teorías de Freud para intentar controlar a las masas en tiempos de democracia. En esta historia, Freud no es la figura central, sino otro miembro de su familia. Se trata de su sobrino, una mente brillante llamado Edward Bernays.
Edward Bernays (1891-1995)

Es llamativo que este hombre que revolucionó los métodos para manejar a la opinión pública con consecuencias aún indeterminadas en la actualidad, esté relegado a un injusto olvido y totalmente desconocido para la gran mayoría de las personas. Sin embargo, su influencia es más grande que la de su tío (que es mucho más recordado que el sobrino) y sus principios revolucionaron la comunicación a las masas y fueron utilizados por las dictaduras, particularmente la nazi, para adoctrinar a la población.

Las máquinas de felicidad
Bernays fue el primero en tomar las ideas de Freud para aplicarlas en gran escala con el objeto de promocionar desde productos comerciales hasta encumbrar políticos en los procesos electorales. Fue el primero en tomar conciencia que la gente podía llegar a consumir cosas que no necesitaba, vinculando productos de producción masiva con sus fantasías inconscientes.

De aquí saldrían nuevas ideas políticas para controlar a las masas. Básicamente, la técnica consistió en satisfacer los deseos íntimos egoístas de la gente que al ser más felices son más dóciles. Fue el comienzo de la sociedad de consumo que ha establecido sólidas raíces en el mundo actual.
Las ideas de Freud de cómo funciona la mente humana, han llegado a ser aceptadas por la sociedad, así como el psicoanálisis. Sin embargo, cien años atrás, sus postulados eran rechazados por la sociedad vienesa en un tiempo en que Viena era el centro de un vasto imperio. Para la poderosa corte de los Habsburgo, la mera idea de examinar y analizar los sentimientos privados de cada uno, no solo eran embarazosas, también era considerada una amenaza para su control absoluto. Por entonces, tenían el poder y obviamente no se podían exponer los sentimientos privados. Freud rompió con esa forma de pensar y lo que más temían los gobernantes era su idea de que en todos los seres humanos se escondieran impulsos instintivos y peligrosos.

Su método es el que todos conocemos bajo el nombre de psicoanálisis. Mediante el análisis de los sueños y la asociación libre, había desenterrado poderosas fuerzas sexuales y agresivas, que eran reminiscencias de nuestro pasado animal. Sentimientos que reprimíamos por ser demasiado peligrosos. La idea de Freud era explorar el subconsciente, una parte totalmente desconocida para nuestra conciencia.

En 1914 el Imperio Austrohúngaro llevó a Europa a la guerra, Freud vio esto como una terrible evidencia de la verdad de sus descubrimientos. “Lo más trágico de esto- escribió- es que es exactamente la forma que debemos esperar de la gente, según nuestro conocimiento del psicoanálisis”. Los gobiernos habían liberado las fuerzas primitivas en los seres humanos y nadie parecía saber cómo detenerlas.

En ese momento, el joven sobrino de Freud, Edward Bernays, trabajaba como agente de prensa en Estados Unidos. Los padres de Bernays hacía veinte años que habían emigrado de Viena, pero él mantenía un estrecho contacto con su tío Freud compartiendo vacaciones en los Alpes austríacos.

Ventajas de la Gran Guerra
Bernays regresó precipitadamente a Estados Unidos cuando el país anunció su ingreso en la guerra contra Alemania y Austria. Como parte de esta decisión el gobierno creó el Comité de Información Pública y Bernays formó parte del mismo para promover los objetivos de Estados Unidos en la prensa. Woodrow Wilson, el presidente de turno había anunciado que su país no lucharía para restaurar los antiguos imperios, sino para llevar la democracia a toda Europa.

Fue esta una de las primeras demostraciones del talento de Bernays, quien por entonces tenía 26 años, para promover ideas que modificaran el comportamiento del público. Para convocar a los ciudadanos a ingresar al ejército en lugar de emplear términos como “incorpórese al ejército de Estados Unidos” o frases similares, Bernays utilizó la representación humana del país, es decir “el tío Sam” que desde un afiche miraba fijamente al espectador y mientras lo señalaba en forma inquisidora con el dedo decía: “Te necesito para el ejército” (I want you to the U.S: Army). Esta breve frase más la figura casi imperativa de pedido de ayuda, caló hondo en la sociedad y aumentó considerablemente el número de reclutas.
El llamado del Tío Sam

Al término de la guerra acompañó al Presidente a la Conferencia de Paz en París, con el objeto de generar un mundo más “seguro y democrático”, el slogan inventado por Bernays. Esta propaganda fue sumamente eficaz y Wilson, al ser presentado como un hombre que había creado un nuevo mundo donde el ser humano sería libre, tuvo un recibimiento apoteósico.
Multitudinario recibimiento de Wodrow Wilson en París

Consejero de relaciones públicas
Mientras veía a la muchedumbre agolparse en torno a Wilson, Bernays se preguntó que si pudo lograr semejante persuasión masiva para la guerra, también podría hacerlo para la paz. Sin embargo, la palabra “propaganda”, se había transformado en un término desagradable y la cambió por la de “consejero de relaciones públicas”. Había comenzado la etapa de los eufemismos, tan usada en nuestros días.

A fines del siglo XIX, el país se había transformado en una sociedad industrial y Bernays se propuso buscar la forma de modificar lo que pensaba y sentían las masas. Para ello recurrió a las fuentes: las ideas del tío Freud. Los conceptos de las fuerzas irracionales escondidas dentro de los seres humanos, que surgieron de la lectura del libro Introducción General al Psicoanálisis, lo fascinaron. Se preguntó si podía hacer dinero manipulando el subconsciente de la gente.
Comenzó a trabajar sobre la idea de cuáles son las cosas que afectan a las emociones irracionales y abandonando los métodos convencionales de propaganda, decidió experimentar con las mentes de las clases populares.

Uno de los experimentos más exitosos consistió en persuadir a las mujeres para que se incorporaran al hábito del cigarrillo. Por entonces existía una especie de tabú en este aspecto. Uno de los primeros clientes de Bernays fue George Hill, presidente de la American Tobacco Corporation quien le pidió que buscara la forma para romper con ese tabú que perjudicaba las ventas. Bernays consultó con un distinguido psicoanalista para averiguar que pensaban las mujeres sobre el hábito de fumar. El especialista le cobró una fuerte suma por el informe, pero le dio la clave para resolver el problema. Para las mujeres el cigarrillo simbolizaba el pene y el poder sexual masculino. Había que encontrar la forma para conectar los cigarrillos con el desafío al poder masculino. Las mujeres fumarían y así tendrían sus propios penes.

Cada año se celebraba en Nueva York la Easter Parade o desfile de Pascuas que convocaba multitudes y Bernays contrató un grupo de mujeres jóvenes y bonitas quienes al marchar durante la manifestación levantaban simultáneamente la pollera, sacaban de la pierna un cigarrillo que tenían escondido, lo encendían y lo mostraban con la mano levantada como la imagen de la Estatua de la Libertad. Esto coincidió con un movimiento feminista a favor del sufragio femenino llamado “La Antorcha de la Libertad”. Al día siguiente los diarios de todo el país mencionaron el hecho y a partir de ese momento la venta de cigarrillos a las mujeres comenzó a aumentar. Bernays había logrado, mediante un simbolismo, que el cigarrillo fuera socialmente aceptado entre las mujeres. Había creado la idea de que si una mujer fumaba, esto la hacía más poderosa e independiente.

Mujeres hermosas e insinuantes, formaron parte de la estrategia para hacer fumar a las mujeres. A la derecha el mensaje es más explicito: en la parte superior se ve a una mujer arrastrando un arado primitivo y el esposo que la sigue dándole órdenes. En la parte inferior una joven totalmente emancipada fumando alegremente.

Descubrió que para vender un producto no había que actuar sobre el intelecto de la persona, sino demostrarle que al tenerlo se siente mejor o más realizado. Algo similar hizo con la industria del automóvil, no era el solo hecho de poseer el automóvil, lo importante era involucrarse emocionalmente con el producto, independientemente de que lo necesite o no.

La nueva estrategia de venta de Bernays fascinó a las grandes corporaciones, habían salido fortalecidas de la guerra, pero tenían una preocupación creciente. Se había creado un sistema de producción en masa donde millones de productos salían de las cadenas de montaje y se corría el peligro de que la gente tuviera suficientes bienes y simplemente dejara de comprar. Hasta entonces, los productos se vendían sobre la base de la necesidad.
Se debía preparar a la gente para desear, por ejemplo cambiar el modelo viejo por un producto nuevo, aunque aquel aún fuese útil, las necesidades de una persona debían ser eclipsadas por sus deseos y el hombre indicado para realizar ese cambio sería Edward Bernays.

Durante la década de 1920, los bancos de Nueva York, financiaron la creación de cadenas de grandes almacenes y centros comerciales en todo Estados Unidos, que serían los encargados de las ventas masivas. Bernays también trabajó para William Rudolph Hearst, el magnate de la prensa para darle nuevo atractivo a la publicidad de sus diarios y revistas, asociando un determinado producto con una estrella de cine famosa como Clara Bow. También comenzó con la publicidad indirecta en las películas. En las premieres vistió a las actrices con ropa y joyas de otras firmas que él representaba.

Fue el primero en decirle a los fabricantes de autos que podían venderlos como símbolos de la sexualidad masculina. Empleó a psicólogos para que hicieran informes diciendo que ciertos productos eran saludables y luego los presentaba como investigaciones independientes. El mensaje subliminal era: “tu no quieres cosas solo porque las necesitas, sino para expresar la esencia de tu yo interior en los demás”.

Un cambio en la dieta de los norteamericanos
El desayuno que caracteriza a los norteamericanos por su gran cantidad de calorías a base de huevos y panceta es una costumbre que no proviene de los austeros colonizadores ni de un cambio evolutivo en la alimentación de los norteamericanos. Fue una transición brusca y cuidadosamente dirigida por la publicidad. En 1920, Bernays fue solicitado por los gerentes de Beech-Nut Packing Company, que producía toda clase de alimentos. El tema que los inquietaba era como aumentar la venta de panceta. Bernays logró que un destacado médico amigo suyo, influyera sobre otros colegas y sacaran una declaración conjunta acerca de los beneficios de la panceta en la dieta.

La nota fue publicada en los principales diarios y revistas y como resultado se produjo un aumento en el consumo de ese alimento, especialmente en el desayuno. Este fue uno de los varios casos en que Bernays recurrió a investigadores y profesionales “independientes”, para darle respaldo “científico” a un determinado producto.

En 1927, un periodista de Estados Unidos escribió “Un cambio ha invadido nuestra democracia y se llama consumismo. El ciudadano norteamericano ya no es importante a su país como ciudadano, sino como consumidor”. La creciente ola de consumismo se tradujo a su vez en crear el boom de la bolsa y aquí nuevamente Bernays se involucró. Promovió la idea de que la gente común debía comprar acciones, tomando dinero de bancos que también él representaba y una vez más, millones siguieron su consejo.

La ingeniería del consentimiento
Para Bernays la democracia era un concepto maravilloso, pero consideraba que la gente carecía de un criterio fiable. Podrían fácilmente votar a la persona equivocada o pretender cosas indeseables y por lo tanto debían ser dirigidas desde arriba, lo cual es sinónimo de despotismo. Apelando a sus inquietudes desconocidas y aprovechándose de sus deseos o miedos más profundos, se los podía utilizar para beneficio del conductor. Bernays tomó la idea de democracia y la convirtió en un paliativo. Si se puede estimular el Yo irracional, entonces los líderes pueden hacer lo que desean.

Por entonces Freud quien ya sufría un cáncer de boca se retiró a los Alpes escribió El malestar de la cultura, donde negaba que la civilización fuera la expresión del progreso humano. Por el contrario, la civilización se erigió para controlar las peligrosas fuerzas animales que existen en el interior de todos los seres humanos. Lo que estaba implícito en el mensaje de Freud era que la idea de la libertad del individuo, que es la base de la democracia, es imposible.

A los seres humanos no se les debería permitir expresarse libremente porque es demasiado peligroso. Deben estar siempre controlados y por lo tanto siempre descontentos.
Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Adolf Hitler tomó muy en cuenta las ideas de Freud y era un ávido lector de las obras de Bernays. Sobre esas bases creó los siguientes 11 postulados que aplicó sobre las masas de Alemania.

Joseph Goebbels (1897-1945)

1.- Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.
2.- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3.- Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.
4.- Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5.- Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.
6.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
7.- Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8.- Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9.- Principio de la silenciamiento. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10.- Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11.- Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

Personalmente pienso que estos postulados figuran en un cuadrito sobre la mesa de luz de Duran Barba.
Este material se obtuvo de la Reunión de Historia presentada por José Naón; del video de la BBC The Century of the Self y del libro de Joseph Bernays: Propaganda. Como manipular la opinión en democracia. Editorial del Zorzal, 2016, Buenos Aires.


Unos 40 mil mendocinos buscan un segundo trabajo
La subocupación demandante en Mendoza creció al 8,3%. Se trata de personas que ya tienen empleo, pero que están buscando activamente otra fuente laboral, ya que trabajan menos de 35 horas semanales.
La Plata, 22 Sep (InfoGEI).- Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), en el segundo trimestre de este año, la subocupación demandante en Mendoza creció al 8,3 %, cuando en el mismo período del año pasado fue del 5,9 %. Se trata de personas que ya tienen empleo, pero que están buscando activamente otra fuente laboral, ya que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias.
Si a los 37 mil subocupados se les suman los 43 mil ocupados demandantes –buscan otro trabajo porque lo necesitan–, puede estimarse que unos 60 mil mendocinos se están disputando los empleos disponibles.
Por otra parte, la reducción interanual de desempleo fue del 0,7 %, pero no precisamente porque más personas encontraron empleo, sino porque abandonaron la búsqueda laboral. Es que, según los datos del Indec, la tasa de actividad cayó del 43,9 % en el segundo trimestre de 2016 al 42,1 % en este año.
El economista Pablo Salvador explicó en dialogo con Jornada que en épocas de ajuste se produce una situación de retención de empleo, es decir que no se producen despidos de manera masiva. Una vez que los números comienzan a ser alentadores, las empresas se encuentran “ociosas de personal”, por lo que la inclusión de nuevos empleadores es lenta y/o demorada.
Las expectativas nuevamente se ven a futuro. Salvador ponderó que el peor escenario económico ya pasó: “Hay cifras de recuperación en el comercio del microcentro del 3,7 % y un fuerte crecimiento en el sector de obra pública y de construcción”. Sin embargo, es crucial que otros sectores puedan crecer, ya que la construcción es “altamente sensible” y varía según la época. (InfoGEI).


Por una reforma estudiada y con consenso
P/12, 23-9
El Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires expresó su rechazo a la reforma educativa que impulsa el gobierno porteño y al modo en que pretende imponerla. Si bien coincidió en que “la redefinición de la escuela media es uno de los temas de política educativa más urgentes en la actualidad”, el órgano de conducción de esa facultad se manifestó en contra “los rasgos generales por el momentos dados a conocer de la Escuela Secundaria del Futuro” y reclamó que se tenga en cuenta la opinión de los alumnos.
El pronunciamiento de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA se da en el marco del conflicto desatado ante la decisión de las autoridades porteñas de avanzar con una reforma educativa sin el consenso de docentes, padres y alumnos, y por el cual permanecen tomados unos treinta colegios secundarios. La ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, aceptó finalmente esta semana sentarse a conversar con los estudiantes que rechazan los cambios, pero el encuentro no redundó en la apertura de un diálogo.
A eso apuntó el Consejo Directivo de la Facultad de Filosofía y Letras al demandar que “se resguarde y garantice el derecho a participar y ser escuchados/as” de los alumnos. En esa línea, planteó que “previo a la implementación de cualquier tipo de reforma educativa se establezcan mesas de diálogo formales e institucionales que permitan la participación de los/las adolescentes”.
Desde la Facultad de Filosofía y Letras también advirtieron sobre la intención de criminalizar la protesta estudiantil y frente a eso demandaron que “se garantice el derecho a la privacidad” de los alumnos que participan de las protestas, “evitando que sus nombres queden plasmados en actas de cualquier tipo”. En este punto, pidieron también a la cartera conducida por Acuña que “informe de manera pública y por vías administrativas a todos los establecimientos educativos, que no debe implementarse el Instructivo sobre Forma de Proceder en Casos de Toma de Establecimientos Educativos, tal como fue establecido por el Poder Judicial” y “que se tomen acciones en los casos en que las denuncias ya fueron hechas para que no se avance en la judicialización de los y las adolescentes involucrados/as”.
Sobre la reforma en sí, los consejeros directivos de Filosofía y Letras señalaron que “cualquier transformación del sistema educativo requiere un estudio cuidadoso y un despliegue teórico político que anticipe cabalmente sus características y sustentabilidad, como asimismo de una consulta y debate con la comunidad educativa en su conjunto” y remarcaron que no fue ese el camino que tomaron los funcionarios de la ciudad. Por el contrario, consideraron “confusa” la información disponible y añadieron que “en sucesivas notas periodísticas las autoridades de la cartera educativa han ido cambiando las características de la transformación propuesta, sumiendo a la comunidad educativa en el desconcierto y el desasosiego”.
Además, definieron al emprendedorismo “como práctica aberrante que apunta a convertir a los sujetos en empresarios de sí mismos” y advirtieron sobre el riesgo de “precarización laboral y explotación” que conlleva “una temprana incorporación (de los estudiantes) a un sistema de pasantías sin garantizar condiciones de aprendizaje ni de seguridad apropiadas”.


En su nuevo libro, Piketty explora las contradicciones de la desigualdad
En ¡Ciudadanos a las urnas!, Thomas Piketty, uno de los intelectuales hoy más influyentes, explora en tono de crónica y divulgación los fenómenos políticos y económicos clave del siglo XXI; aquí, reproducimos un fragmento del prólogo
LA NACIÓN, DOMINGO 24 DE SEPTIEMBRE DE 2017
Reproducimos aquí un fragmento del prólogo de ¡Ciudadanos a las urnas!, editado por Siglo XXI.
Al igual que en otros países, en Francia el compromiso político no podría resumirse en los comicios. En primer término, la democracia reposa sobre la confrontación permanente de ideas, el rechazo a certidumbres prefabricadas y la renovada decisión de, sin concesiones, poner en entredicho instancias de poder y de dominación. Las cuestiones económicas no son cuestiones técnicas que deberían quedar libradas a una reducida casta de expertos. Son eminentemente políticas; con relación a ellas, cada cual debe tener discernimiento para formarse su propia opinión, sin dejarse impresionar. No hay leyes económicas: sencillamente existe una multiplicidad de experiencias históricas y de trayectorias a la vez nacionales y globales, hechas de bifurcaciones imprevistas y de bricolajes institucionales inestables e imperfectos, en cuyo seno las sociedades humanas eligen e inventan diferentes modos de organización y de regulación de las relaciones de propiedad y de las relaciones sociales. [?]
Esos intercambios también me alentaron en la idea de que las desigualdades difundidas por el actual capitalismo globalizado y desregulado no tienen mucho que ver con el ideal de mérito y eficacia descripto por quienes son los ganadores en este sistema. Con infinitas variaciones de país en país, la desigualdad moderna combina elementos viejos -hechos de relaciones de dominación brutal y de discriminaciones raciales y sociales- con elementos más nuevos, que a veces desembocan en formas de sacralización de la propiedad privada y de estigmatización de los perdedores aún más extremas que en las etapas de globalización previas. Todo eso se da en un contexto en que los avances del conocimiento y de la tecnología, así como la diversidad y la inventiva de las creaciones culturales, podrían permitir un progreso social sin precedentes. Por desgracia, a falta de una adecuada regulación de las fuerzas económicas y financieras, el ascenso de las desigualdades supone una cruda amenaza: la exacerbación de las crispaciones identitarias y los repliegues nacionales, tanto en los países ricos como en los países pobres y emergentes.
Si intentáramos hacer el balance del período sobre el cual versa este libro, indudablemente el acontecimiento más dramático, aquel que dejó una huella más nítida, es la guerra en Siria y en Irak, sumada a la ebullición en Medio Oriente, que avanza a la vez que -de modo radical y acaso duradero- se pone en entredicho el sistema de fronteras implementado en la región por los poderes coloniales en ocasión de los acuerdos Sykes-Picot de 1916.
Los orígenes de esos conflictos son complejos, lo que simultáneamente implica antiguos antagonismos religiosos e infructuosas trayectorias modernas de construcción del Estado. Sin embargo, resulta muy evidente que las intervenciones occidentales recientes -en especial, al producirse las dos guerras de Irak en 1990-1991 y 2003-2011- desempeñaron un papel decisivo. Si nos situamos en la perspectiva de un -más- largo plazo, es impactante constatar que Medio Oriente -aquí definido como la región que se extiende de Egipto a Irán, pasando por Siria, Irak y la península arábiga; vale decir, alrededor de 300 millones de habitantes- constituye no sólo la región más inestable del mundo, sino también en idéntica medida aquella que propicia mayores desigualdades.
Si tenemos en cuenta la extrema concentración de los recursos petroleros en territorios sin población (desigualdades territoriales que, por lo demás, residen en el origen del intento de anexión de Kuwait por parte de Irak en 1990), podemos estimar que el 10% de individuos más favorecidos de la región se apropian de entre el 60 y el 70% del total de los ingresos; esto es, más que en los países donde imperan las mayores desigualdades del planeta (entre el 50 y el 60% de los ingresos para el 10% más favorecido en Brasil y en Sudáfrica, cerca del 50% en Estados Unidos), y tanto más que en Europa (entre el 30 y el 40%, contra cerca del 50% de un siglo atrás, antes de que las guerras del Estado benefactor y de fiscalidad llegasen para igualar las condiciones).
La misma marca profunda nos queda cuando constatamos que, en parte, las regiones del planeta donde imperan las mayores desigualdades tienen sus orígenes en un gravoso pasivo histórico en términos de discriminaciones raciales (eso resulta evidente en los casos de Sudáfrica y Estados Unidos, pero en idéntica medida respecto de Brasil, que antes de la abolición de 1887 computaba cerca de un 30% de esclavos), lo que no sucede en Medio Oriente. En esa región, las desigualdades masivas tienen un origen tanto más “moderno” y en relación directa con el capitalismo contemporáneo, en cuyo núcleo medular está la actuación clave del petróleo y de los fondos financieros soberanos. [?] Desde luego, allí, en Medio Oriente, la solución no es la invasión generalizada del territorio del vecino. Pero hay que aceptar un debate calmo acerca del sistema de fronteras y el desarrollo de formas regionales de integración política y de redistribuciones.
Desde este punto de vista, es lícito pensar que el Brexit (o al menos el voto del 52% de los británicos en mayo de 2016 a favor de salir de la Unión Europea, ya que el Brexit efectivo todavía está muy lejos) es el segundo acontecimiento que dejó huella en el período contemplado en este libro. Desde luego, menos dramáticamente que el desarrollo de la guerra en Siria y en Irak, el Brexit no es sólo una terrible derrota para la Unión Europea. En igual medida es una triste noticia para todas las regiones del mundo, que más que nunca necesitan (y tanto) formas originales y logradas de integración política regional. [?]
En eso reside la paradoja. Más que nunca, los diferentes países consideran que para garantizar su desarrollo necesitan acuerdos y tratados internacionales, especialmente en forma de reglas que garanticen la libre circulación de bienes, servicios, capitales y (en mínima medida) de personas; por su parte, el Reino Unido se apresurará a renegociar dichas reglas con los países de la Unión Europea. Pero al mismo tiempo, nos cuesta desarrollar los espacios de deliberación democrática que permitan debatir el contenido de esas reglas, así como los mecanismos de toma de decisión colectiva y transnacional según los cuales los pueblos y las diferentes clases sociales podrían reconocerse, en vez de sentir que constantemente se sacrifican en provecho de los más ricos y los más móviles. […]
Sin embargo, quiero llegar a la conclusión con una nota de optimismo, ya que en el fondo todo puede revertirse, y lo más importante es debatir lo que vendrá. Sobre todo, quiero ser optimista porque pienso que los hombres y las mujeres tienen infinita capacidad de cooperación y de creación, sin importar cuán escasas sean las ocasiones en que crean para sí buenas instituciones. Los hombres y las mujeres son buenos; las malas son las instituciones, y son mejorables. […] Las instituciones colectivas que uno crea para sí -instituciones políticas, reglas electorales, sistemas sociales y fiscales, infraestructuras públicas y educativas- permiten que la solidaridad exista o desaparezca.
Por eso, me gustaría volver a señalar aquí que una reformulación democrática de las instituciones permitiría generar avances en la solidaridad e implementar las mejores estrategias de desarrollo para nuestro continente. Concretamente, las cumbres de jefes de Estado y de ministros de Finanzas y Economía, que en Europa de unas décadas a esta parte hacen las veces de gobierno supranacional, constituyen una máquina de enarbolar los intereses nacionales mutuamente contrapuestos, e impiden cualquier toma de decisión mayoritaria y calma, después de un debate público en que se oigan las distintas opiniones. El Parlamento Europeo es una institución más promisoria, con la salvedad de que, en un sentido demasiado amplio, no pisa el suelo común, y elude por completo a los Parlamentos nacionales, que pese a todas sus imperfecciones siguen siendo los cimientos sobre los cuales se construyeron la democracia y el Estado benefactor europeo durante el siglo XX.
De uno u otro modo, la solución pasa por una más intensa implicación de esos órganos legislativos; en términos ideales, con la creación de una auténtica Cámara Parlamentaria de la zona euro, que nuclee a integrantes de los Parlamentos nacionales, en proporción directa con las respectivas poblaciones y con los grupos políticos. Así, podría construirse una cabal soberanía democrática europea, sobre la base de las soberanías parlamentarias nacionales, lo que daría una legitimidad democrática fuerte para adoptar las medidas sociales, fiscales y presupuestarias que se impongan [?]
Estos debates continuarán, y las decisiones específicas dependerán de la capacidad de los ciudadanos y de los diferentes grupos sociales para luchar e ir más allá de las barreras del conocimiento y de los egoísmos estrechos de miras. El final de la historia no va a ser mañana.

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