¿UNA NUEVA ETAPA PRO?

Todas las encuestas, inclusive la de quienes responden a CFK, descuentan el triunfo de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires. Se trata de un avance político, de construcción de poder del gobierno, respecto de las PASO. Y además se estima que se ratificarán los éxitos en provincias en las que las PASO le brindaron a Cambiemos resultados inesperados.
Cambiemos, no es un partido ni tampoco una federación de partidos.
El radicalismo aportó el aparato de triunfo en muchas localidades del interior. No posee aparato importante ni en la Capital ni en gran parte del territorio de la Provincia de Buenos Aires, territorios que fueron los ámbitos de su liderazgo original, y diría, histórico.
Elisa Carrió arrasó en la Capital habiendo abandonado hace largo tiempo la cultura radical.
María Eugenia Vidal, como contracara de lo peor del cristinismo, tuvo un triunfo emblemático apoyada por dirigentes del peronismo que recalaron en su gobierno.
Como mínimo tres partidos distintos – sin trayectoria común, sin ideas del futuro en común – organizaron el triunfo de Cambiemos. Convengamos que la Vidal es la menos PRO de los dirigentes si es que PRO es lo que representa Mauricio Macri y Marcos Peña.
La convergencia electoral no alcanzó para hacer de Cambiemos una cabal alianza programática de gobierno.
No fue una convergencia electoral programática y del triunfo tampoco nació un programa común. Es más, después del triunfo, el gobierno fue más PRO que Cambiemos.
Si hay un programa, una dirección, un estilo, es el del PRO; y no el de todos los partidos que integran Cambiemos.
Este es un problema hacia el futuro de la convergencia. Cada decisión tiene un origen ideológico y si las ideas no convergen, implica que más decisiones menos convergencia.
Mauricio Macri hace tiempo dijo el gobierno es J. Duran Barba, que es la publicidad para ganar; Marcos Peña que es el encargado del discurso de la anti política; y los CEO Mario Quintana y Gustavo Lopetegui están para gestionar.
Macri verbaliza antí política, explota la publicidad a full y se refleja en la gestión.
A Macri poco le importa la idea de la política de los radicales y de los lilitos que son quienes ponen gran parte, sino la mayor parte, de los votos (computemos los votos que le colectan los peronistas aliados a Vidal).
¿Cómo se ensambla la diversidad de Cambiemos?
El ensamble electoral está amalgamado por el rechazo al cristinismo y al kirchnerismo. Rechazo que comparte la inmensa mayoría, más del 60 por ciento del electorado, aunque por distintas razones.
Lo que ha logrado el PRO es canalizar una parte sustantiva de ese rechazo, en parte gracias a haber alentado el temor a su retorno y en parte haciendo muchas cosas que el kirchnerismo y el cristinismo, como mínimo por incapacidad, no hicieron a pesar de la imperiosa necesidad de su realización, por ejemplo, obras públicas obvias. Convengamos que en manos de Lázaro Báez, Electroingeniería, etc., jamás podrían haber sido hechas en tiempo y forma. Ávidos de fortuna más que de éxito.
Simplemente eso es “la gestión” que siendo elemental, por contraste, aparece como algo extraordinario.
¿Cuántos Metrobús a La Matanza se podrían haber hecho con los impuestos a los combustibles que retuvo indebidamente Cristóbal López para acrecentar su patrimonio?
De resultas de todo eso hoy, rechazo y gestión, Cambiemos es la primera minoría. Que no es poco. Pero que claramente es insuficiente para la requerida agenda de transformación estructural. No hay transformación sin tiempo y no hay tiempo sin mayorías programáticas amplias y consensuadas. Hasta ahora al PRO no le interesa el consenso, ni las mayorías programáticas. No es un buen augurio del futuro.
Vamos al presente. Hay por lo menos dos hechos – más allá de las palabras – , sobre los que volveremos, que han recreado el escenario positivo con el que Cambiemos llevó primero a María Eugenia Vidal a la gobernación; y luego a Mauricio Macri a la presidencia.
La Vidal llegó, recordemos, gracias al espanto que produjo, en muchos ciudadanos de la provincia, la candidatura de Aníbal Fernández quien exponía lo peor del proceso Kirchnerista: la inseguridad, el avance del narcotráfico, la mentira descerebrada (“tenemos menos pobres que Alemania) y la soberbia sumada a la pobreza de lenguaje. La candidatura de Aníbal fue una desmesurada ofensa y generó un enorme rechazo.
La beneficiaria, Vidal, representaba justamente lo contrario: humildad, serenidad, veracidad, convicciones contra el narcotráfico y la inseguridad.
Macri, que no se destaca por alguno de esos atributos, se benefició de la transferencia de imagen de Vidal la que fue realzada por el contraste del principal candidato opositor.
Apuntemos que el espanto del pasado no es la mejor materia para construir o imaginar el futuro. Pero sirve como estrategia electoral.
Ya el PRO en el gobierno vinieron los hechos acerca de los cuales dijimos que volveríamos.
En la primera etapa el PRO, insisto el verdadero gobierno, fue perdiendo los atributos de contraste con el kirchnerismo. Se tornó, sino mentiroso, al menos exagerado respecto a los logros económicos y dejó a la lucha contra la corrupción sólo como una cadena de amagues.
El resultado fue que, a lo largo de 2015, el PRO perdió imagen. La economía cayó, no creó empleo productivo y la pobreza creció. Y la anunciada “mani pulite” ni ahí.
Pero ese combo negativo fue mas que compensado por la ausencia de generación de confianza por parte de los sectores opositores.
La oposición, dominada por la imagen de CFK, no pudo superar los pocos méritos de la gestión PRO ni la pérdida de la imagen inicial. Como consecuencia Cambiemos se impuso en las PASO y lo hizo más allá de todas las estimaciones.
Hoy el escenario, en términos económicos y en términos de la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, es el de una gestión en acción.
El gobierno y, porque no, toda la sociedad celebra el retorno al nivel de actividad económica de 2015. Y también una reducción de la pobreza que se encuentra ahora a los niveles heredados por esta gestión. Retorno.
También, si bien con aclaraciones que modifican el entusiasmo, mejoraron, pero en rigor retornaron a los meses previos, las cifras de empleo.
El gobierno celebra el retorno económico y social a 2015. Después de tantos anuncios de brotes verdes dispersos y de segundos semestres frustros, finalmente puede exhibir que ha logrado retornar al pico económico y social, de la última etapa del gobierno anterior.
Puede decirse que el gobierno se encuentra en un nuevo punto de partida económico.
Había marchado en reversa y ahora logró retornar al punto de partida.
Para el pensamiento del gobierno retorna pero con condiciones mejores a las de partida: ha terminado con el cepo cambiario, unificado el tipo de cambio – salvo en el caso de la soja -, acomodado precios relativos – aunque para el set imaginado por el gobierno faltan muchos cambios en transporte y energía.
Es decir retornamos en nivel de actividad pero con condiciones que el gobierno entiende más apropiadas.
Sin apuntar todas las críticas que sería latoso, no podemos dejar de mencionar el atraso del tipo de cambio, el impacto estructural de la eliminación de retenciones y las difícilmente justificables transferencias al sector energético vía reconocimientos de precios sin consideraciones de costos apropiados. Pero es otro tema.
Los que no simpatizan con el gobierno (60 por ciento del electorado en las PASO) más allá de las opiniones críticas no pueden evitar, aunque lo nieguen, percibir el retorno de una sensación presente más holgada. Ni tampoco negar la sensación que brinda esta última etapa que es una en ascenso después del descenso experimentado en la primera etapa del gobierno PRO.
Pero recordemos que el nivel de actividad que “sentimos” no es el del índice – cualquiera sea este – sino ese mismo índice pero en relación, entre otras cosas, a la población.
Somos más que en 2015 con lo que, el mismo nivel de actividad, es concretamente uno de menos nivel por habitante.
Y si le agregamos el largo período previo de descenso, la llegada a aquel punto de partida, claramente dista de ser un éxito.
Un volver no es poco cuando hemos estado cayendo hace un largo tiempo.
Resumen, primera etapa de descenso; y ahora la parte ascendente del viaje en forma de U hasta el pico anterior.
Un nuevo punto de partida que, paradójicamente, está en el mismo nivel desde donde partió este gobierno.
¿Marca el comienzo de la segunda etapa económica del gobierno Mauricio Macri? ¿Qué nos habrá de deparar?
Después de la primera etapa de descenso el gobierno ilusiona y anuncia un camino ascendente e ininterrumpido por los próximos 20 años. Promesa lanzada en territorio fértil.
Es que esta segunda etapa comienza con una clara recuperación tanto del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) como en el de Confianza del Consumidor (ICC), basados en encuestas ad hoc de la Universidad Di Tella.
Y además los anuncios económicos y sociales del INDEC, que comentamos, han venido acompañados de dos procesos judiciales de alto impacto en materia de corrupción. Julio de Vido sentado frente a un Tribunal Oral y Juan “pata” Medina detenido junto a toda su familia.
Los procesos judiciales – que lo queremos creer independientes – han puesto sobre la mesa la eventual condena de conductas mafiosas en ex funcionarios y en dirigentes sindicales.
El inició de una segunda etapa aparece, entonces, como alumbrado por algunas concreciones.
Después de muchos anuncios la economía da señales de estar viva, de haber abandonado el camino de descenso y después de muchas denuncias la justicia lleva al banquillo a personajes de peso.
Esta claro que ambas cosas favorecen las probabilidades electorales de Cambiemos a nivel nacional y en particular en la Provincia de Buenos Aires.
Si hay una segunda etapa esta, entonces, comienza con un gobierno mejor parado en la temática de la economía, lo social y la corrupción.
Los datos económicos y sociales mejoran y las causas dejan de ser denuncias y pasan a ser juicios.
Ahora bien que el EMAE haya retornado al más alto nivel anterior (2015) y que algunas causas judiciales alcancen a seres de carne y hueso, ¿implica acaso que, primero, la economía esté creciendo sana y por una vía estable; y que, segundo, ha comenzado en el país un proceso de “mani pulite” ordenado, honesto y en procura de la moralización de la vida pública?
Comencemos por lo segundo. La moralización de la vida pública es mucho más que el procesamiento a un dirigente sindical, a dos o a diez; y que el procesamiento a funcionarios públicos, sea a dos o a diez.
Lo central es la venda en los ojos de la justicia. Y esa venda es la que no sólo no permite elegir culpables o inocentes, sino la que asegura que los crímenes, delitos, pecados, de mayor consecuencia social, serán penados como una manera pedagógica de decir que la justicia es la administración de la verdad sin mirar a quién.
Es cierto que es la Justicia, los jueces, la responsable de esa tarea. Y es cierto que estos jueces no han sido designados a instancias de este Poder Ejecutivo.
Los designados son jueces que juraron en las administraciones anteriores. Y la lentitud, la celeridad en el otorgamiento de falta de mérito, no es producto de las propuestas de esta gestión sino de las anteriores. Lo sabemos.
Pero el Ejecutivo – respecto de los delitos o corruptelas asociadas a la Administración Pública o con involucramiento de los recursos públicos – tiene la posibilidad y la responsabilidad de analizar y transparentar la información de todos aquellos actos en los que exista la posibilidad de distracción de los recursos públicos.
En el país o en el exterior hay denuncias, investigaciones, dudas acerca de concesiones mineras, energéticas, de obras públicas en las que están involucrados funcionarios y también empresas nacionales o extranjeras y en las que, se sospecha, se han violado normas; y en las que la violación de la norma podría estar asociada a intereses económicos non santos.
Un proceso de “mani pulite”, serio, ponderado, no escandaloso, es absolutamente necesario para un proceso de moralización de la vida pública. Necesario aunque insuficiente.
Pero lo necesario es el paso inevitable en la dirección correcta.
Hay demasiados casos bajo sospecha. La sociedad necesita una clarificación ponderada.
Todos los procesos de concesión o de otorgamientos de obra, otorgados por las gestiones anteriores y la actual, deberían ser auditados con ayuda, por ejemplo, de las Universidades, es decir auditorías independientes y autónomas, para poner en blanco y negro lo que ha sido hecho correctamente y lo que ha implicado perjuicios no accidentales para el patrimonio público.
Si realmente queremos construir ese escenario de moralización pública no puede limitarse el escrutinio a cuestiones de alto impacto mediático y político, sino que debe barrer sistemáticamente todas las decisiones públicas que nos han afectado patrimonialmente en el erario público o en el patrimonio natural.
Los logros de estos días, los casos De Vido y Medina, sin duda responden a causas justas y también resultan en carambola electoral: le mejoran la imagen al gobierno y se la empeoran a la principal oposición bonaerense.
Pero el país – en el proceso de moralización pública – necesita revisar cuestiones de mucho peso en todas las áreas de la concesión y de la obra pública. No alcanza con casos emblemáticos.
Revisar todas, incluso – y tal vez especialmente – aquellas que rozan a empresas o personas vinculadas social o familiarmente a funcionarios de este gobierno. No se puede ignorar que el kirchnerismo está realizando denuncias que bien puede ser levantar barreras para impedir que los pecados propios sean castigados o mantengan la notoriedad, pero de cualquier manera todas esas denuncias deben ser puestas bajo escrutinio por el propio gobierno.
La falsedad de las acusaciones, en este caso, debe ser demostrada lo que implica obligar a la investigación meticulosa de todos los casos que se mencionan. No son pocas. Ni irrelevantes.
Esa actitud de investigación es el precio que debe pagarse para reconstruir la moralidad pública. Sabemos que la mujer del César no sólo debe ser honesta sino aparentarlo.
Y tal como algunas golondrinas no hacen verano, tampoco algunos juicios o algunas condenas, no conforman un proceso de moralización pública que sin duda es urgente y necesario.
Hay demasiadas cosas bajo sospecha para dejarlas sin considerar. Decisiones del gobierno anterior y de este gobierno. “La paja en el ojo ajeno y la viga en el propio”
Iniciamos esta nota con la recuperación del nivel de actividad económica al pico de 2015, el retorno a las cifras de pobreza y de empleo.
Estas noticias, junto con las dos judiciales antes mencionadas, son un buen marco para confirmar la recuperación de confianza pública en esta gestión y por lo tanto buenas referencias para lo que parece será la ratificación y mejora de los resultados de Cambiemos respecto de las PASO y – como mencionamos – el probable inicio de una segunda etapa a partir de la recuperación.
La recuperación es económicamente poca. Y poco cuando un gobierno, más allá de las muy difíciles condiciones iniciales, ha consumido ya la mitad de su gestión.
El PBI per cápita todavía no ha alcanzado niveles de años anteriores. Esa es una mala noticia que no hay manera de traducirla en buenos términos.
Pero además el gobierno transita un escenario de muy importante déficit fiscal al que le suma un muy importante déficit de las cuentas externas.
La estrategia elegida para navegar en esas aguas turbulentas es el financiamiento del presente apostando a la capacidad de endeudarse en el mercado financiero internacional.
Un oficial de Moody´s dijo “la relación deuda/PBI del Gobierno llegará al 53 por ciento este año y al 56 por ciento el próximo año” (La Nación, 30 de septiembre)
Es que la deuda externa sostiene el déficit fiscal, financia el externo y mantiene el tipo de cambio deprimido, lo que le aporta la calidad de ancla para morigerar la presión inflacionaria, mientras las tasas de interés, extremadamente positivas en términos de las metas de inflación, garantizan un pedal financiero extraordinario. En ese marco, además, cada punto de porcentaje de crecimiento del PBI significa un incremento de 3 puntos de porcentaje en las importaciones.
La recuperación del nivel de actividad de 2015 está asociada a un incremento sustantivo de la deuda externa y genera un déficit comercial.
Sin deuda, con este programa, seguramente no habría habido reactivación. Esta es una señal de fragilidad estructural de las ideas PRO.
Y así como las dos noticias judiciales de la semana, a pesar de lo importante que son, no implican que estemos realizando lo necesario para un proceso de moralización de la vida pública; tampoco retornar al nivel de 2015, con todas las limitaciones anotadas, no significa que sea realmente la manifestación de una economía saludable.
Recuperar el nivel de actividad del pico previo es una buena señal. Simplemente no haberlo logrado antes era una mala señal.
Pero, como la economía es un sistema, el PBI puede aumentar como consecuencia de decisiones que, más adelante, pueden tener efectos perniciosos.
Esta bien que el gobierno celebre, estaría mal que los críticos niegan el hecho cierto que el EMAE volvió al pico más alto anterior.
Pero los que administran el proceso deberían repasar la cantidad de veces que, en los últimos 40 años, se habló del “milagro argentino” y la cantidad de veces que, cuando ese milagro se alimentó de deuda externa, inexorablemente terminó con el descubrimiento tardío que no era un milagro, sino un truco.
En ese marco, al igual que el kirchnerismo, el gobierno se ufana de la enormidad de fondos que dispone para paliar la situación social.
Dijo el ministro Rogelio Frigerio “puedo decir con orgullo que es el gobierno de la historia que más destina al gasto social en su presupuesto” (La Nación, 30/9/2017).
Es legítimo reivindicar el carácter solidario de ese gasto. Pero – en rigor – es una prueba estadística de lo mal que funciona la economía.
Si todas las familias pudieran vivir dignamente del trabajo de los adultos, que es la condición básica de funcionamiento saludable de la sociedad, ningún gasto social como el que se menciona sería necesario.
Y todo el presupuesto podría estar destinado a la inversión social que es el eje del desarrollo de la vida colectiva.
Todavía es imprescindible el gasto social esencialmente porque está economía vive en desequilibrio productivo medido por la falta de inversión y de empleo.
Y en esas condiciones las “soluciones” surgen del endeudamiento. Y bien sabido es que nada hay más parecido a un ilusionista que un financista bien informado.
Y como la moralización de la vida pública exige el trabajo de investigación sobre las decisiones públicas comprometedoras del patrimonio, también la recuperación del bienestar económico colectivo exige más trabajo profesional y político que simplemente pedir prestado.
¿Cómo será la segunda etapa? Tal vez el dilema sea entre ilusiones y consenso. Las ilusiones, en la historia, han llevado a la imaginación de una realidad inexistente.
El consenso es descarnado, difícil, pero es el único camino que refleja la realidad. Y es difícil modificar lo que no se conoce.

Carlos Leyba

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