FORMOSA: NO AL SALVAJISMO..!

“A un Soldado: -Por el coraje macho de la raza/ que estalló en tu carne ensangrentada/ gritaste no me rindo..!/ y en ese instante/ fuiste hijo dilecto de la Patria.” (del poema que hizo el entonces Tte. Luis Daniel de Urquiza (RIMte.30 –Misiones) al día siguiente del ataque al RIMte29 de Formosa).
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La prensa estuvo en el Regimiento de Monte (Formosa) al día siguiente del ataque de una partida de “montoneros” contra el cuartel. O sea contra uno de los exponentes reales y simbólicos de la autoridad del Estado. Que de eso se trató cuando un grupo irregular, al margen de la ley, en verdad como delincuentes, arremetió violentamente y usando armas letales, se empeñó en asesinar alevosamente al personal militar.

Con excepción de un subteniente y dos suboficiales, la mayoría de las víctimas fatales –conscriptos que cumplían con el “servicio”– fueron sorprendidos a la ho ra del descanso (era poco después del mediodía) y atacados con armas blancas. En miembros de la población civil –algunos familiares de los muertos y heridos– hubo coincidencia en que el grupo subversivo había actuado alevosamente con una asombrosa crueldad en las acciones.

En el interior del acantonamiento se libró entretanto, un furioso enfrentamiento. Allí la prensa recogió el testimonio de personal militar y de pobladores de la zona. Por la resistencia tenaz y heroida que se le opuso, la guerrilla no logró tomar el cuartel y se dieron a la fuga dejando sus muertos y heridos. Se destacó, junto a los otros, el conscripto Hermindo Luna que desde el vamos luchó eficaz mente y sin titubeos hasta perder la vida.
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El tiempo no pasó en vano. Desde octubre de 1975 –incluso antes y después, los llamados “Años 70”– la población soportó una etapa de cuasi guerra civil que llenó el espacio socio-político de violencia, odios y crímenes. Todo se volvió más grave y extendido cuando la subversión recibió la bendición de los curas “tercer mundistas” y especialmente de los políticos más representativos de entonces: jóvenes “idealistas” (Alfonsín) y juventud “maravillosa” (Perón). Pese a lo cual los sectores principales de la UCR, del Peronismo y de los Conservadores, no convalidaron ese coqueteo con el desastre, único saldo inexcusable del experi mento proto-marxista. Una “revolución” que se dio de patadas con la estructura sociocultural del país.

La otra cara la pusieron las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Primero en el Operativo Independencia que, por decreto, dispuso la entonces presidente Isabel Martínez para la provincia de Tucumán. Luego el ucase del Pte. Provisional Italo Lúder extendiendo a todo el país dicho procedimiento y disponiendo el “aniquilamíento” de los subversivos, una calificación de la acción represiva que luego negó ante el tribunal que juzgó a los Comandantes: “Yo ordené aniquilar pero dentro de la ley”.

Antes de un año, el 24 de marzo de 1976, los comandos de las tres Armas instalaron una dictadura con plenos poderes que, en verdad fueron ejercidos por el titular del Ejército, general Videla, sin perjuicio que los otros dos (Marina y Aeronáutica) integraran”la Junta” a manera de triunvirato. Lo que implicó que asumían el “poder total” del Estado.

Esto les impuso el deber de explicarle a la población cuál era la entidad profunda del fenómeno subversivo y sobre qué relación tenía con la larga y compleja crisis de la política argentina. La permanente frustración de las experiencias –de derecho y fácticos– que venían protagonizando y soportando las sucesivas generaciones argentinas, por lo menos desde el derrocamiento de Arturo Frondi zi (1962). Fue cuando, por la fuerza y la complicidad de ciertos partidismos, de lo cual fue parte activa el sindicalismo y las logias militares, quedó a la vera del camino el programa de “integración y desarrollo”. Algo que admitía perfecciona miento pero no su destrucción.

Sin computar dicho itinerario de las frustraciones argentinas y su acumulación en el “inconsciente colectivo”, es muy difícil entender que miles de jóvenes y algunos vejestorios, aceptaran renegar de los valores republicanos y democrá ticos para lanzarse a una empresa de violencia y crímenes. Como también fue inexplicable que los comandos militares, poseedores del poder total del Estado desde 1976, se lanzaran al combate con una concepción exclusivamente “policial” del problema. Con olvido de que toda guerra –y especialmente la de índole “revolucionaria”– implica un “conflicto social”. Lo recordó y explicitó el talentoso español Manuel Fraga Iribarne en una obra dedicada a la cuestión.

Las cosas, como se dieron, en esos años, esclarecen cómo y por qué el “proyecto revolucionario” fracasó. Y también, a la vez, el estamento militar, cuya gestión arrancó con buen espacio en la opinión pública,”con muchos amigos”, según alguien dijo, llegó al final de su ciclo (PRN) con sólo, salvo excepciones, sus enemigos. Ni para bien ni para mal, en el fondo, no ganó el país; puesto que siguió dando tumbos con la reconstrucción, a partir de 1983, de la democracia.

Por José Antonio Riesco

Historiador
Instituto de Teoría del Estado

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