ADOLFO SALDÍAS


Dr. Adolfo Saldías (1849-1914)

Nació en Buenos Aires el 6 de setiembre de 1849, en el seno de una tradicional familia de colonial arraigo, cuyo origen se remonta al pequeño pueblo del mismo nombre, ubicado en los Altos Pirineos, en Navarra. Hijo primogénito del escribano Adolfo Saldías y de Carmen Castellote, fue bautizado el 28 de diciembre en la parroquia de San Ignacio. Fue su abuelo paterno José Antonio de Saldías, nacido en El Olivar, Chile, el 7 de abril de 1791, descendiente de Pedro I, quien participó en la guerra de la Independencia y después del desastre de Rancagua, (setiembre de 1814) cruzó la cordillera con O´Higgins y otros oficiales. Por la parte materna, fueron sus abuelos Francisco Castellote, aragonés, que combatió en las Invasiones Inglesas como oficial del regimiento de Arribeños y luego de Patricios de Buenos Aires; y Antonia Estefanía Palacios, que fue una de las damas porteñas que junto a sus esclavos ayudó a defender la ciudad de Buenos Aires, contra el invasor ingles. Habían contraído matrimonio el 8 de octubre de 1805, en la parroquia de San Nicolás de Bari. Una de las hijas del matrimonio Castellote-Palacios, Antonia, casó con el distinguido coronel Martiniano Chilavert y después de la cruel e injusta muerte de su marido, ordenada por Urquiza después de Caseros, se radicó en Montevideo con sus hijos y no volvió nunca más a Buenos Aires.

El matrimonio Saldías-Castellote instaló su hogar en la amplia casona de la calle Esmeralda 286 (hoy 848). En esa espaciosa casa trajinaba la numerosa servidumbre, a la que Saldías recordó siempre con afecto: “Pobres negras las que nos criaron en la casa de nuestros padres, hijas o hermanas o esposas de los famosos abnegados negros que formaron la mejor infantería de los ejércitos que nos dieron independencia, si pensarían que después del tiempo, había de ser necesario ponerlas al escarnio público en castigo por sus adhesiones políticas…”. (1)

En ese hogar paterno, impregnado con las ideas unitarias de su familia, nació y se formó Adolfo Saldías. Pocas son las anécdotas de infancia que nos ha dejado en sus numerosos libros.

Cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires. El 12 de febrero de 1870, “La Discusión” publicó la introducción de un trabajo de Adolfo Saldías, titulado “La República y el Catolicismo”, bajo el seudónimo de “Fausto” que dedicó, entre otros, a Leandro N. Alem, que con sus 27 años ya se perfilaba como el futuro caudillo político. Ese fue el comienzo de una amistad que duró hasta la muerte de Alem en 1896.

La familia Saldías solía pasar largas temporadas estivales en la estancia de Lobos, pero en la primavera de año 1872, el padre de esa prole unida y feliz, enfermó gravemente. Con fecha 6 de enero redactó su testamento por el que “declara por sus únicos y universales herederos a los tres hijos: Adolfo, María Isabel y María Antonia Saldías y Castellote y a su esposa Carmen Castellote de Saldías”. Falleció el 8 de enero de 1873, a los 47 años de edad.

A pesar del espíritu inquieto que caracterizaba a Saldías, que desde la adolescencia le hizo sentir como algo propio los sucesos que conmovían al país y a la ciudad de Buenos Aires, escenario de tantos acontecimientos que absorbían el tiempo y la mente, el 14 de julio de 1873, a los 23 años, culminó sus estudios universitarios exponiendo ante la Universidad de Buenos Aires su “Tesis” sobre el “Matrimonio civil, estudios de los capítulos III, IV y V, del Título 14. Sección 2da., Libro 1º del Código Civil”. Este trabajo fue presentado 16 años antes de que el Congreso Nacional sancionara la ley sobre esta materia. Fue su padrino de tesis el doctor Carlos Tejedor. Recibió el diploma de honor de manos del doctor Juan María Gutiérrez, rector de la Universidad.

El 24 de setiembre de 1874 estalló la revolución encabezada por Mitre. Faltaban sólo 18 días para que Sarmiento terminase su mandato presidencial y subiese a la primera magistratura el doctor Avellaneda. Dice Saldías: “Yo había contraído nupcias un mes antes del levantamiento y me preparaba para un corto viaje a Europa. Pero en virtud del decreto de las autoridades constituidas, que llamaba a la Guardia Nacional a las armas fui a servir en el 5º Regimiento. En clase de teniente se me confió un pelotón de ciudadanos, y a pocos una centena, otorgándoseme el grado de capitán de Compañía”.

Durante octubre y noviembre no hubieron encuentros importantes. El 26 de noviembre tuvo lugar la batalla de “La Verde” y el 7 de diciembre las fuerzas revolucionarias fueron vencidas en “Santa Rosa” por las tropas al mando del entonces coronel Julio A. Roca, terminando con esta batalla la revolución, que conmovió profundamente a todo el país.

Consecuente con la generosa actitud que tuvo a los 18 años al enrolarse en la Guardia Nacional, Saldías participó en estos acontecimientos, actuando en la ciudad de Buenos Aires y en la isla Martín García.

El 26 de setiembre de 1875, el gobernador Carlos Casares promulgó la ley de Educación común, y nombró director de la nueva repartición a Sarmiento, que hacía menos de un año que había concluido su mandato presidencial. Sarmiento, en esas nuevas funciones, llevó como secretario al joven abogado Adolfo Saldías. Seis meses después, el 26 de marzo de 1876 fue electo diputado a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Iniciaba así, a los 26 años su vida de estadista.

Fueron sus pares en aquella Legislatura, entre otros, Roque Sáenz Peña, condiscípulo del Colegio Nacional, Lucio V. López, Ataliva Roca, Ricardo Lavalle, Julio Fonrouge, Rafael Hernández y Enrique B. Moreno.

Paralelamente a su tarea como legislador, Saldías trabajaba en su nuevo libro: “Ensayo sobre la historia de la Constitución Argentina”, que llegó a la opinión pública en febrero de 1879.

Estallada la revolución de 1880, signada por la sucesión de Nicolás Avellaneda y la federalización del territorio de la ciudad de Buenos Aires, y después de dos meses de lucha en los que participó activamente en defensa de la autonomía provincial y de la integridad de su territorio, Saldías decidió viajar a Europa. Embarcó el 10 de marzo de 1881, en compañía de su primera esposa Irene Arruda y llegaron a Barcelona el 3 de abril.

Fueron prolíficos esos largos meses de estadía en Europa. Ello surge de la correspondencia que mantuvo y la publicación de dos libros editados en París. “Los Minotauros”, un libro de severa crítica política que le valió fuertes ataques de la prensa oficialista de Buenos Aires; y el primer tomo de la “Historia de Rozas y su época”, que en la segunda edición de 1892 llevaría el título definitivo de “Historia de la Confederación Argentina”. El segundo tomo vería la luz en 1884 y el tercero en 1887. Las inquietudes de la investigación sobre la época que meditaba, llevaron a Saldías a reunir gran cantidad de material, necesario para concretar la obra cuyo primer tomo publicó en 1881.

Bien conocida es la costumbre que tenía Juan Manuel de Rosas de hacer copia de cada documento. La documentación oficial de esa época, que se conserva en archivos nacionales, provinciales y privados, es cuantiosa. A ella recurrió Saldías, como a las publicaciones periodísticas y a los testimonios de numerosos protagonistas, según surge claramente de la lectura de este trabajo, desde su primera edición.

El 4 de junio de 1881 Manuelita Rosas le escribió (2) a Saldías, a Génova, y de esa carta surge que no se conocían personalmente y que éste aún no había viajado a Londres. Cuando Saldías viajó a Europa en marzo de 1881 ya llevaba redactado el tomo que publicó en París en agosto de ese año, ya que no es fácil improvisar en poco tiempo, 369 páginas de texto y 46 de apéndices documentales.

Saldías y su esposa visitaron a Manuelita en Londres en el mes de julio y ahí tuvo el historiador oportunidad de ver algunos papeles del archivo, como él mismo lo expresa en la Introducción (3) de los “Papeles de Rozas”, que publicó en 1904. “….todo este archivo cuidadosamente lo conservó en su casa de Londres la señora Manuela Rozas de Terrero, a quien su padre lo legó y hasta el año 1881, cuando después de haberlo yo compulsado dicha señora gentilmente me dio la parte de él que necesité…”.

Hasta abril de 1887, cuando Saldías ya había terminado, en Buenos Aires, la redacción del tercer tomo, éste no disponía del archivo que poseía Manuelita Rosas. De acuerdo a la correspondencia que intercambió el matrimonio Terrero con Saldías, Manuelita puso todo el archivo a su disposición tiempo después.

Para la segunda edición de esta obra en 1892, corregida y aumentada, Saldías contó con numerosa documentación que le había sido enviada en baúles desde Londres. Dos años después de la muerte de Manuelita, acaecida en 1898, Máximo Terrero y sus hijos continuaron (4) enviándole documentos del archivo.

Después de un año de estadía en Europa, Saldías regresó a Buenos Aires en marzo de 1882. A la ciudad que siempre amó y a la que le dedicó sus más fervientes desvelos.

Le compró al Dr. Manuel Bilbao su parte del diario “La Libertad”, que compartió con Edelmiro Mayer y Juan José Lanusse y se hizo cargo de la Redacción, desde el 12 de julio. Desde allí y durante casi dos años, día a día, llevó una oposición tenaz y constructiva al gobierno de Roca.

Paralela a la actividad política, que desde muy joven fue otra de sus pasiones, Saldías produjo una extraordinaria obra intelectual, reflejando también su pensamiento y su ideario político en varios periódicos a los que estuvo vinculado desde los veinte años: “El Fénix” (1870), “El Nacional”, junto a Sarmiento; “La Libertad” (1882/3) y “El Argentino” (1890/93). Fue uno de los periodistas más combativos de su tiempo sin caer en la injuria.

El 23 de setiembre fue proclamado con mayoría de votos para diputado a la Convención Constituyente. En tal carácter asistió al banquete que se realizó el 9 de noviembre de 1882 para festejar la colocación de la piedra fundamental del puerto de La Plata, la nueva capital de la provincia, siendo gobernador el Dr. Dardo Rocha.

El 8 de febrero de 1883 comienza la publicación del Capítulo XX “Conquista del Desierto 1833-1834”, del Tomo II de la “Historia de Rozas y su época”, volumen que sería editado al año siguiente.

Algunos trabajos que Saldías publicó en “La Libertad” los reimprimió en su libro “Civilia”, en 1888. Renunció a la redacción del periódico en diciembre de 1883, quedando el diario a cargo del general Edelmiro Mayer.

La cautivante actividad periodística que desplegó en los primeros años del gobierno de Roca, no le impidió continuar con sus trabajos históricos. En 1884 publicó el segundo tomo de la “Historia de la Confederación Argentina”.

En esa época el matrimonio Saldías se instaló en su quinta de Belgrano, ubicada en la calle Pavón 55 (hoy Mendoza), a pocos metros de la estación Belgrano “C”. Hasta allí llegaban los amigos, también los últimos libros que se recibían en Buenos Aires y gran cantidad de correspondencia, que en esos años era el modo de comunicarse.

Volcó sus inquietudes hacia el fomento de la educación y ello se reflejó en su designación, primero como miembro de la Comisión de la Biblioteca Popular de Belgrano, en abril de 1885; y luego miembro del Consejo Escolar del Distrito, y presidente del mismo. “En todas estas labores Saldías reveló su vocación por la cultura popular como instrumento de la democracia”. (5)

A la quinta de Belgrano llegó a mediados de diciembre de 1885, un mensaje urgente. Su madre había enfermado repentinamente y su estado era muy delicado. “Mamá Carmen”, como la llaman hasta hoy los descendientes de sus sobrinos, falleció el día 18. Fue aquella mujer que en el primer aniversario de la revolución del 80, apoyando los ideales de su hijo, no dudó, con un grupo de señoras, enfrentar a la policía en la Plaza de Mayo ante la prohibición de la misa que se iba a rezar en la catedral por las víctimas de aquel grave desencuentro.

El 20 de noviembre de 1886, “El Diario”, del doctor Manuel Láinez, como un recuerdo del combate de la “Vuelta de Obligado”, publicó una página inédita de Adolfo Saldías sobre el general Lucio Norberto Mansilla. Era un adelanto del tercer tomo de la “Historia de Rozas y su época”, editado al año siguiente.

En mayo de 1888 Saldías parte nuevamente hacia Europa, mientras tanto la salud de su esposa Irene se fue agravando. Luego de visitar el Santuario de la Virgen de Lourdes, escribe: “Mi compañera pedía salud, como si presintiera que la brevedad de su vida no le permitiría hacer todo el bien de que era capaz”. Irene Arruda de Saldías falleció en París, el 27 de febrero de 1889. La muerte de su compañera lo devolvió al país y a la política, de la que se había alejado casi completamente desde su renuncia a “La Libertad”, cinco años antes. Regresó a Buenos Aires en el mes de junio, a su amada Buenos Aires, su ciudad natal, de la que nunca realmente se alejó.

Saldías participó desde el primer momento de su regreso, de todas las actividades de la oposición. Allí se encontró con compañeros de las luchas del 80 y con amigos de toda la vida. En el gobierno de Juárez Celman la especulación fue creando un peligroso desequilibrio. Se encaminaba directamente hacia la bancarrota política y financiera; y al derrumbe moral, que era mucho más grave. Esa fue la realidad que encontró Saldías al volver de Europa. En esos momentos el doctor Manuel Gorostiaga ante los hechos que iban a desencadenar problemas aún mayores, tuvo la iniciativa de hablar con hombres prominentes de la oposición para acercarlos. Y tuvo éxito. De esas conversaciones surgió el banquete del mes de junio de 1889, en el Café de París. Pocos días después se volvían a reunir en la casa de Aristóbulo del Valle, donde concurrieron, además de Adolfo Saldías, Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López, Bernardo de Irigoyen, Luis Sáenz Peña, Leandro N. Alem, Delfín Gallo, Pedro Goyena, José Manuel Estrada, Miguel Navarro Viola, Lucio Vicente López, José María Cantilo y Mariano Demaría.

Había nacido una nueva fuerza, formada por hombres de diversas tendencias políticas: liberales, autonomistas y católicos. Y así fue como el domingo 15 de abril de 1890, quedó constituida la Unión Cívica, en la asamblea del Frontón Buenos Aires, ubicado en la calle Córdoba 1130.

Los periódicos apoyaron la política de la oposición. A “La Nación” se unió “La Prensa” y el 1º de julio apareció “El Argentino”, órgano oficial de la Unión Cívica. Sus redactores fueron Joaquín Castellanos, Adolfo Saldías, Francisco Barroetaveña, Lisandro de la Torre, Emilio Gouchón, entre otros.

Y llegó el 26 de julio de 1890. La Junta Revolucionaria se concentró en el Parque de Artillería y se fueron formando muchos cantones. Varios regimientos se plegaron a la revolución. Alem era el Jefe político y el general Luis María Campos el responsable de la acción militar. “Cerrados todos los caminos para el derecho –escribió Saldías- Alem, con ser una fuerza por su ascendiente entre el pueblo, no podía ejercitarla en otro terreno que en el de la revolución”.

Luego de algunas acciones militares, finalmente solo quedó la salida de un armisticio. Francisco Wright y Adolfo Saldías fueron comisionados para negociarlo. Carlos Pellegrini y Aristóbulo del Valle se entrevistaron y acordaron un armisticio por veinticuatro horas, para enterrar los muertos; armisticio que se prolongó unas horas, pero todos sintieron que la revolución había terminado. Así fue que llegó la capitulación en términos honrosos para civiles y militares.

Julio A. Roca líder del oficialista Partido Autonomista Nacional, pactó con Bartolomé Mitre una fórmula de unión entre los dos partidos, encabezada por el propio Mitre. El acuerdo se formalizó el 16 de abril de 1891, y al oponerse Alem, provocó la ruptura de la Unión Cívica. Sus seguidores crearon la Unión Cívica Antiacuerdista, que luego se convirtió en la Unión Cívica Radical. Por su parte los seguidores de Mitre formaron la Unión Cívica Nacional.

El 20 de diciembre se realizó un mitin radical en el frontón de Buenos Aires que reunió una multitud y pocos días después “El Nacional” anunciaba: “Vuelen a circular rumores revolucionarios”.

El 2 de abril de 1892, el presiente Pellegrini declaró el estado de sitio y ese mismo día fueron detenidos Alem y Victor M. Molina, sin ser respetados sus fueros parlamentarios, y también Martín M. Torino, Guillermo Leguizamón, Adolfo Saldías, el coronel Martín Irigoyen, Francisco Barroetaveña, Joaquín Castellanos, entre otros, y luego detenidos e incomunicados a bordo de la corbeta de guerra “La Argentina”. Bernardo de Irigoyen quedó confinado en su campo “La Choza”, cerca de Luján. Los políticos encarcelados fueron deportados a Montevideo. El 23 de mayo el presidente de la República dispone se levante la orden de extrañamiento y el 27 del mismo mes regresaban a Buenos Aires.

A pesar de la prisión y el destierro, ese mismo año de 1882, en el mes de agosto, Adolfo Saldías publicó la segunda edición de la “Historia de la Confederación Argentina”, corregida y aumentada con gran parte del archivo personal de Rosas, que ya le habían enviado desde Londres. En mayo de 1893 publicó un estudio crítico sobre “El Quijote”.

La revolución de 1893 lo encontró a Saldías junto a Alem y el 21 de setiembre fue detenido con otros dirigentes radicales, recluidos primero en el pontón “Ushuaia” y luego en el hospital flotante, más conocido como el lazareto “Rossetti”, donde permanecieron casi un mes.

El exilio del año 1893, que se prolongó hasta febrero del 94, le deparó a Saldías una feliz realidad que cambió completamente su vida, tan solitaria en afectos en los últimos años. En la capital oriental conoció a Sara Guillot y Conde, la bella joven que pertenecía a tradicionales familias del Uruguay, con la que contrajo matrimonio el 14 de junio de ese año.

En 1896, le compró a Santiago Cazadilla, la casa quinta que éste había mandado construir cuarenta años antes en el “Tigre”, sobre la calle Liniers y el río Reconquista, con lujos inusitados para mediados del siglo XIX. Los antiguos pobladores aún la nombran como “Villa Saldías” y a poca distancia una calle lleva el nombre del historiador y político. Esa fue su casa de veraneo.

Mucho se ha escrito sobre el legado que de su sable hiciera el general José de San Martín a Juan Manuel de Rosas. También se ha escrito, aunque no tanto, sobre el generoso gesto de Manuela Rosas de Terrero y su esposo Máximo Terrero, al donar el histórico sable a la Nación Argentina. Son conocidas las cartas que intercambiaron en 1896 y 1897 con el Dr. Adolfo P. Carranza, entonces director del Museo Histórico Nacional. Todo trámite tiene entretelones que muchas veces no trascienden.

Varios años antes, en 1892, el doctor Adolfo Saldías ya le había escrito a Terrero sobre este tema. En la época que nos ocupa, Manuelita le envió varias cartas a Saldías, cuyo sereno y patriótico consejo fue uno de los factores decisivos para que la hija del Restaurador tomase tan importante actitud.

La trágica muerte de Alem ahondó aún más el distanciamiento que se había agudizado entre las dos tendencias que seguían al caudillo radical y a su sobrino Hipólito. Roca, indiscutido personaje de la política nacional, continuaba dirigiendo desde el Senado de la Nación los hilos que lo llevarían nuevamente a la presidencia, como sucesor de Uriburu, desde el 12 de octubre de 1898. Meses antes de asumir el general Roca, llegaba a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, el 1º de mayo de 1898, el doctor Bernardo de Irigoyen, quien ofreció a Saldías la cartera de Obras Públicas, cargo que éste desempeñó durante tres años.

El perito Francisco P. Moreno, que venía desarrollando un estudio exhaustivo en numerosos puntos limítrofes de la Cordillera de los Andes y al hacerse cargo Saldías del ministerio de Obras Públicas era director del Museo de La Plata, encontró en el nuevo ministro un gran apoyo para sus obras.

En setiembre de 1904 Saldías representó al gobierno de la provincia de Buenos Aires, en los actos que se realizaron en Tucumán al ser inaugurada la estatua de Juan Bautista Alberdi, obra de la escultora Lola Mora.

En el invierno de 1905, por estar en refacción su casa de la calle Suipacha, alquiló la de Charcas 634, el solar natal de Rafael Obligado, donde el intelectual escribió el “Santos Vega”, lugar de innumerables reuniones culturales, cuna de la Academia Argentina. La casa de Obligado fue demolida en setiembre de 1959. En esa hermosa casona, ubicada frente a la Plaza San Martín, nació el 27 de agosto, la hija menor del matrimonio Saldías.

En 1906 se incorporó a la Cámara de Diputados de la Nación, que aún funcionaba en el antiguo recinto del Congreso Nacional. Pocos meses después el Poder Legislativo se trasladó al nuevo e imponente edificio. Ese mismo año, no obstante la intensa actividad política, había publicado “La evolución republicana en la Revolución Argentina”. También, paralelamente a su función de legislador escribió la “Vida y obra del Padre Castañeda”.

Concluido su mandato como diputado nacional, Saldías pudo volver a sus libros y a la gran colección de documentos que había logrado reunir durante muchos años. En la casona de la calle Suipacha y la hermosa quinta del Tigre, concluyó la segunda edición de “Los Números de línea del Ejército Argentino”, cuya primera edición había visto la luz en el año 1888.

En el año 1910, el Gobierno Nacional designa como Interventor de La Rioja al Dr. Adolfo Saldías.

El 5 de noviembre de 1811 la Junta de Historia y Numismática Americana lo incorporó como miembro activo, haciéndole saber que su ingreso “… fue aceptado por todos los presentes…” (6). En agosto de 1912 fue designado Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Bolivia, pero en los años que estuvo al frente de la legación, en los dos viajes que realizó a Buenos Aires siempre asistió a las sesiones de la Junta.

Su hija mayor, de 16 años lo acompañó a La Paz, los varones permanecieron en Buenos Aires, por sus estudios y las cinco niñas viajaron a Montevideo con la abuela materna Sara Conde de Guillot, quien falleció al poco tiempo.

En 1911 sale, impresa en Barcelona, la tercera edición de la Historia de la Confederación Argentina, en la que fueron incluidas las cartas incorporadas a la segunda y lleva un extenso y erudito prólogo del eminente historiador y ensayista español Rafael Altamira, que había estado en Argentina dos años antes.

Después de permanecer Saldías más de seis meses ininterrumpidos en la ciudad de La Paz, el ministro Bosch recibió el siguiente telegrama: “Esta altura me ha vencido. No lo he manifestado antes a V. E. porque creía que era útil a mi país. Ahora puedo asegurar a V. E. que nuestras relaciones están completamente cordiales. Las comunicaciones de V. E. me dejan ver que no es indispensable mi presencia aquí. Por tales motivos pido a V. E. una licencia para pasar inmediatamente a la ciudad de Buenos Aires a consultar a mi médico el senador Güemes…” (7). Regresó al país, llegando a Buenos Aires el 6 de mayo, el mismo día que el presidente Sáenz Peña inauguraba, con gran expectativa, el período legislativo.

En esta primera licencia, Saldías pudo disfrutar de la nueva casa de la calle Rodríguez Peña.

A comienzos de octubre de 1913 vuelve a La Paz con su hija, reanudando las conversaciones con las autoridades bolivianas y la correspondencia con nuestro ministro de Relaciones Exteriores, en relación con un conflicto estallado por cuestiones de límites.

Para alejarse del crudo invierno de La Paz, en 1914 vuelve a Buenos Aires en uso de licencia, reanudando enseguida las actividades culturales.

En agosto del mismo año, cinco días después de la declaración de guerra de Gran Bretaña a Alemania, moría en Buenos Aires el presidente Roque Sáenz Peña. El Dr. De la Plaza asumió la primera magistratura hasta el 12 de octubre de 1916, día en que el triunfo radical llevó a tan alto cargo a don Hipólito Yrigoyen, que continuó la política de neutralidad de su antecesor, en la guerra mundial que se había desatado.

Ya avanzado el mes de setiembre, en el que era de esperar que los crudos fríos del altiplano se suavizarían un poco, Saldías regresó con su familia a La Paz, falleciendo en dicha ciudad el 17 de octubre a la edad de sesenta y cinco años.

Una vez llegados sus restos a la ciudad de Buenos Aires, de acuerdo al decreto de honores del gobierno nacional, el cortejo fúnebre fue escoltado desde la estación Retiro por el Regimiento 6º de Caballería y “…presidido por los ministros de Relaciones Exteriores y Guerra, representantes del cuerpo diplomático, intendente municipal, altos funcionarios, amigos del extinto, miembros de su familia y público. El acompañamiento se dirigió por el Paseo de Julio y siguió por las calles Juncal, Avda. Alvear, Callao y Av. Quintana, hasta a iglesia del Pilar, en donde se ofreció una misa de cuerpo presente. Desde ese templo, y en todo el frente de la Recoleta, las tropas de línea de ordenanza estaban formadas para rendir honores. Por en medio de la formación desfiló el acompañamiento que, al llegar a las puertas de la necrópolis, se había aumentado con numeroso público”. (8)

Referencias

(1) Saldías, Adolfo – “Rosas y su tiempo, por el Dr. José M. Ramos Mejía, Páginas Históricas, edición 1911, página 173.

(2) Archivo General de la Nación, 7-3-6-2, Fº 74/75

(3) Adolfo Saldías . “Papeles de Rozas” – Tomos I y II, La Plata (1904).

(4) Archivo General de la Nación, 7-3-6-5, Fº 265/380 y 7-3-6-6, Fº 127.

(5) Rojas, Ricardo – “Historia de la literatura argentina. Los modernos I”, página 136.

(6) Archivo General de la Nación, 7-3-6-11, Fº 161.

(7) Archivo General de la Nación, 7-3-6-12, Fº 325.

(8) Diario La Prensa, 19 de diciembre de 1914.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Gorostiaga Saldías, Leonor – Adolfo Saldías, leal servidor de la República, Ed. Corregidor, Buenos Aires (1999).

Portal www.revisionistas.com.ar

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