EL FUERTE DE BUENOS AIRES (16/2/1595)

La historia del Fuerte comienza en 1580, en el mismo momento en que Juan de GARAY plantaba el “rollo real en la ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires. Entonces, de acuerdo con las ordenanzas españolas, el fundador estableció que la fortaleza debía levantarse en la mitad este de la actual Plaza de Mayo. En el documento público correspondiente, se confirmó la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay, ocurrida el 11 de junio de 1580 y se dejó constancia de la construcción de una obra muy precaria para que oficiara de Fuerte y que no era más que un cerco de forma cuadrada, con cuatro bastiones y un foso inundable, situado más al este del lugar elegido por Garay. El antigüo Fuerte. Así, el Fuerte porteño fue por algunos años, apenas una defensa de tierra apisonada, con cercos y bastiones de madera, muy diferente de los fuertes de otras ciudades costeras españolas, donde se levantaron enormes murallones de piedra. Probablemente la causa fue que Buenos Aires no se utilizó como salida de oro y plata hacia Europa y por lo tanto, no era el sitio más codiciado por los piratas. Sin embargo, las andanzas de corsarios y piratas en las cercanías de la isla Martín García, obligaron a varios gobernadores a pedir al rey el dinero necesario para fortificar la ciudad. El 19 de mayo de 1592 el gobernador de Buenos Aires RAMIRO DE VELAZCO se dirigió al Consejo de Indias, expresando la necesidad de erigir un Fuerte más apropiado que el existente en esos territorios, sin obtener respuesta. En 1593, El Gobernador FERNANDO DE ZÁRATE, siendo primer alcalde y castellano de la ciudad, BARTOLOMÉ DE SANDOVAL, teniente de Zárate, dispone la construcción de un nuevo Fuerte para la ciudad de Buenos Aires, al que llamó Real Fortaleza de San Juan Baltasar de Austria y el 16 de febrero de 1595, sobre los mismos cimientos colocados en 1580 por GARAY, cuando fundó Buenos Aires por segunda vez, se comenzó a construir el Fuerte de Buenos Aires, el primer edificio público que se levantaba en la ciudad. A pesar de estos trabajos, el Fuerte que debía servir para defender a la ciudad de Buenos Aires, siguió siendo una construcción miserable, a la que el gobernador Diego RODRÍGUEZ VALDEZ Y LA BANDA lo encontró casi derrumbado y describió lo que quedaba como un corral de tapias, con algunas piezas de artillería hundidas. En 1610 el Cabildo ordenó la colocación de nuevos bastiones en ese antigüo Fuerte y en 1617, cuando HERNANDARIAS asumió la gobernación, lo remodeló. Lo dotó de un mirador, imprescindible para la vigilancia de la costa y ordenó la construcción de habitaciones para el gobernador y dependencias para la Aduana. Trabajó personalmente en la obra, ayudado por sus hijas y allí se trasladó luego con todas ellas y su esposa. Para hacer estos trabajos utilizó a los negros depositados en el depósito general y a nueve aborígenes con sus mujeres, logrando con estos trabajos que el Fuerte, ahora estuviera rodeado por murallas con terraplenes y baluartes, costruídos con piedras que fueron traídas desde la Isla Martín García y maderas del norte misionero. En 1631 el Gobernador Pedro ESTEBAN DÁVILA decidió rehacer el Fuerte y lo que hizo resultó tan pobre y endeble como lo habían sido los anteriores, por lo que la situación no varió y la defensa de la ciudad continuó dependiendo de la escasa profundidad de las aguas del Río de la Plata, que impedía a los barcos acercarse a la costa. Recién en 1667, el nuevo gobernador JOSÉ MARTÍNEZ SALAZAR, ordenó contruír un tablestacado sobre la costa, con el objeto de impedir el desmoronamiento de la barranca, con el consiguiente peligro de derrumbe de los muros del Fuerte. Hizo construír un foso de 12 metros de ancho que lo circumbalaba en todo su perímetro, construyó una galería para utilizarla como armería, mejoró el estado de los baluartes, construyó un almacén, hornos y silos para depositar alimentos y reservas de agua y finalmente lo rebautizó, con el nombre de Fuerte Real de San Miguel de Buenos Aires En 1674, el gobernador ANDRÉS DE ROBLES, disconforme con el estado del foso que decía había quedado incompleto e impedía el movimiento de la caballería, ordenó completarlo, ampliando el espacio que quedaba entre el foso y los muros del Fuerte, reforzó la empalizada con 300 trocos de madera dura alquitranada y afianzó sólidamente, en lugares estratégicos, los ocho cañones de bronce que disponía. El nuevo Fuerte. Influídos por las nuevas técnicas constructivas y normas para la defensa que venían de Europa, el 4 de abril de 1713, durante la gobernación de MANUEL DE VELAZCO, bajo la dirección de los ingenieros JOSÉ BERMÚDEZ y DOMINGO PETRARCA, se comenzaron las obras del nuevo Fuerte. En 1718, se revistieron las murallas con piedras amalgamadas y ladrillos y en 1725, cuando BRUNO MAURICIO ZABALA era el gobernador, se convocó al maestro DOMINGO PETRARCA, experto en estos menesteres y bajo cuya dirección, se realizaron diversas obras para mejorar su funcionalidad, dando por resultado una estructura cuadrada irregular de cinco mil metros cuadrados de superficie, con una gran muralla de piedra sobre el río y otras tres de ladrillos en los restantes lados. Con cuatro bastiones (uno en cada esquina), troneras para los cañones, una garita para los centinelas, rodeado (salvo en el tramo de la costa), por un foso inundable con un puente levadizo frente a la entrada principal del Fuerte. En el interior del Fuerte, estaba la residencia y el despacho del Gobernador, oficinas de tesorería y una Capilla. Aunque mucho más modesto, el Fuerte tenía las características propias de las fortificaciones de la época, como la de Cartagena de Indias (Colombia) o San Juan de Puerto Rico. Tal vez el fuerte más parecido al de Buenos Aires fue el de Santa Teresa, en la costa atlántica del Uruguay, en el Departamento Rocha. Estas obras estuvieron a cargo de José García de Cáceres, nacido en Alicante, y que fuera quien más tarde, en 1892, describiera al Fuerte como: Un cuadrado de lados desiguales, fortificado con cuatro baluartes y sus correspondientes certinas, dentro del cual se encuentra el Palacio Real que en piso superior ocupan los Señores Virreyes y en el inferior la Real Academia, Escribanos, Secretarios y Capilla Real y Reales Cajas, encima de estas, la Sala de Armas, capilla antigua para presidiarios, cuerpos de guardia, almacenes, maestranzas, etc. Este fuerte tiene un foso sin contraescarpa revestida y únicamente lo está una porción que corresponde a la puerta principal que tiene puente levadizo y está cubierta por un pequeño tambor, en el frente que mira al río está la puerta del socorro, los muelles de dicho frente están en muy mal estado, especialmente a la entrada por ser la piedra tosca de malísima calidad. Todos los edificios que contiene están construidos de ladrillo y barro, excepto la Capilla Real, almacenes y cajas Reales, que lo están de ladrillo en mezcla de cal y arena. Con el tiempo los arcos cedieron y los pilares amenazaban moverse, por lo que en 1757 hubo que arreglarlos. En 1761 se concluyó una nueva residencia para los gobernadores, que había sido diseñada 10 años antes por Diego Cardoso. En 1766 se arreglaron las calles que bajaban hacia el río, en 1768 Bartolomé Howell realizó el murallón de la costa y en 1784 el Comandante de ingenieros Carlos Cabrer adicionó una Capilla. Un año después, Cabrer diseñó el edificio de la Real Audiencia de dos plantas, En el último cuarto del siglo XVIII, se lo reconstruyó, conforme a datos aportados por el arquitecto R. DE LAFUENTE MACHAIN. En ese Fuerte, funcionaban también las Oficinas de la Casa de Gobierno y en él, residieron por varios años los gobernadores de Buenos Aires, como lo habían hecho anteriormente los Virreyes. En 1787, once años después de que el rey Carlos III elevara a Buenos Aires al rango de ciudad a capital del Virreinato del Río de la Plata, se le construyó un nuevo Palacio de los virreyes, junto al de Maestranza o “Palacio Viejo” que permitió situar a las nuevas autoridades en suntuosos salones con balcón esquinero de cajón, como se acostumbraba en Lima y se renovaron partes de la fortaleza. En 1803 se reforzaron las defensas que daban al puerto y del lado de la plaza se construyó, sobre el foso, una pared de ladrillos. Para este entonces el fuerte ya era inútil, pues el puerto se defendía naturalmente por sí solo, debido a que el río era de escasa hondura y los bancos de arena obligaban a que los buques fondearan a kilómetros de la costa y era imposible el desembarco inmediato de sus tripulantes, en caso de que quisieran tomar la ciudad. Pese a que el fuerte era ya técnicamente inútil, continuaba siendo el símbolo del poder, y sirvió de residencia a los virreyes hasta 1810. A partir de ese año fue utilizado como vivienda y despacho por los titulares de los distintos gobiernos nacionales y durante la Reconquista de Buenos Aires en 1806, al ser ocupado por los británicos, los patriotas intentaron volarlo comandados por el matemático Sentenach y una vez que los porteños se apoderaron del resto de la ciudad, fue una posición inútil para los británicos, ya que de continuar en él habrían sido fácilmente sitiados. Este edificio siniestro y sombrío, sobre cuyos muros se destacaban varias bocas de cañón, tenía por entrada un enorme portón de hierro con un puente levadizo a través de un ancho foso que circundaba todo el edificio. En este foso, depósito eterno de inmundicias, se veían jugando a la baraja o tirando la taba, o echados al sol en invierno, algunos soldados de los que formaban la guarnición, bastante mal vestidos, muchas veces descalzos, con el pelo largo y desgreñado. Por añadidura, nunca faltaba un buen número de muchachos holgazanes, de los que en todas épocas abundan y que hacían una rabona muy cómoda, tirados en el zanjón. Entre 1826 y 1827 Bernardino Rivadavia, siendo Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, mandó cegar el foso, eliminar el puente levadizo y reemplazar el rastrillo por un portón de hierro. El nuevo pórtico de entrada era de un estilo neoclásico en forma de arco de triunfo, con un gorro frigio esculpido en lo alto, del que solo se sabe que en 1910 se encontraba abandonado en un caserón del barrio de Constitución.. Además, Rivadavia introdujo lujosos muebles que había comprado en Europa. En 1835, ya en la época de la gobernación de Juan Manuel de Rosas, se lo utilizó para albergar tropas ya que Rosas trasladó la sede de su gobierno a la casa que había mandado construí en Palermo. Este Fuerte mantuvo luego su presencia, vigilante y atento en una virtual y no efectiva función de custodio de nuestra soberanía, hasta que en 1853, durante el gobierno de PASTOR OBLIGADO, se dispuso su demolición, para instalar allí el edificio de la nueva Aduana de la ciudad de Buenos Aires: Ese gran monumento que encerraba en el recinto de sus murallas la historia viva, palpitante, de los primeros días de un pueblo hasta su organización política y social, que había sido la mansión de los adelantados, los gobernadores, los capitanes generales y los virreyes de España, que conservaba en sus baluartes los cañones que habían repelido a dos invasiones inglesas, que había enarbolado el pabellón argentino, que había sido el asiento de la Primera Junta de gobierno proclamada el 25 de Mayo de 1810, Ese Fuerte, que simbolizaba la conquista y la emancipación política del Plata, cae destruido para levantar sobre sus venerables cimientos una Aduana, un depósito de mercaderías Desapareció así esa reliquia de la colonia y de los primeros años de la vida independiente. Sólo se preservó el portón que había servido para el puente y un cuerpo del edificio sobre la esquina de las actuales calles Rivadavia y Balcarce, donde continuó funcionando la Casa de Gobierno. Leamos ahora un artículo referido a este Fuerte, que se publicó por aquella época en el periódico Buenos Aires Herald que comenzaba diciendo: “Es una defensa miserable para ciudad tan importante. Los cañones (treinta y cinco) estaban picados y sus cureñas podridas, las murallas bajas y parcialmente demolidas” . Y algo más adelante: “que no estaba calculado para defender a Buenos Aires, ni para repeler agresión o ultraje marítimo, pues el agua, dentro del alcance de sus cañones, es demasiado escasa para que los barcos se aproximen”. Y como lo había ya dicho un inglés unos cuarenta y tantos años antes, después de las invasiones inglesas cuando se refería al antigüo Fuerte de la ciudad de Buenos Aires, continúa diciendo: es de forma semicircular con las curvas frente al río. Consta de sótano y de dos pisos principales y de un muelle de madera para facilitar las operaciones de embarco y desembarco El gobernador Pastor S. Obligado, ya decretó su ejecución. Hay quien dice que más que una “destrucción” será una “reducción”, ya que dejarán el gran arco de entrada y un cuerpo de edificio situado hacia el ángulo Noroeste, que previos algunos arreglos será sede del gobierno nacional”. Sobre ella se alzará el faro de Buenos Aires” y la nueva Aduana que piensan comenzar a construir para el 55, más o menos Puede ser. Pero no será lo mismo. Piensa, el autor de la nota, con el fatalismo de algunos viejos, que ya vivió lo suyo. Si hasta se diría que vive el cosquilleo de- los primeros picos como una liberación. En realidad, hay cosas que llaman más la atención a los habitantes de Buenos Air res, que la destrucción de un viejo Fuerte: Es la construcción de un hemisferio extraño en los alrededores del Retiro. Lo llaman “gasómetro” y pertenece a la recién fundada ¿Compañía Primitiva de Gas”, un hecho que adelantamos, en nuestras ediciones anteriores”. DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO mejoró lo que quedaba de la construcción y la hizo pintar de color rosado. Se originó así la denominación popular de la Casa Rosada que se le da a la Casa de Gobierno. Por decreto del 21 de mayo de 1942 fue declarada monumento histórico, pero ya era tarde para preservar la parte principal del viejo fuerte.
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