ESE DÍA DE OCTUBRE…

Ese día fue distinto, lo hicieron los que eran todos, marcaron el inicio de una época. Pasaron más de setenta años y todavía hay quienes se niegan a entenderlo. Era un día donde la conciencia colectiva hija de la revolución industrial dijo presente y las minorías dominantes hicieron silencio.
Fue el ingreso de los que estaban afuera, como con Mandela o con Gandhi, como con Evo Morales o con Obama. Desde ese día fuimos todos, aun cuando algunos siguieron explicando la realidad desde su ombligo. El pueblo gobernaría diez años, luego los golpes lo expulsarían en nombre de la democracia, de esa que los llevó a derrocar después a Frondizi y a Illia. Y Perón volvería al país en signo de paz, de una paz que no supieron entender ni los jóvenes revolucionarios ni las fuerzas armadas asesinas. Setenta años y sólo quedan los que comercian con su memoria, la que hizo feliz a su pueblo y que luego de su muerte les sirvió a tantos para hacerse ricos.
Gobernadores y sindicalistas, intendentes y funcionarios de todo tipo, se enriquecieron con la memoria del General a la par que se empobrecía el pueblo que era su seguidor. Más de setenta años habiendo aprendido poco o nada. Un gobierno pragmático uso su memoria en su desmedro, ahora por suerte no sucede pero tampoco se asume la sabiduría que había en su mensaje.
Fue reivindicación de una identidad nacional, defensa del trabajo y la producción, dejando en claro que “quien no produce lo que consume no tiene derecho a vivir”. Era lo nacional sobre lo importado, el trabajo sobre las finanzas, los productores sobre los intermediarios. Nunca se ocupó de agrandar el tamaño del Estado, si el poder del mismo. Con planes quinquenales, política a largo plazo, fuimos -durante su vigencia, en el gobierno o en el llano, votando o proscriptos- la sociedad más integrada del continente.
De aquel peronismo profuso en ideas y debates, en reivindicaciones y cuestionamientos, de aquella riqueza conceptual y política no queda casi nada. Nacimos “ni yanquis ni marxistas”, Menem no traicionó primero y los Kirchner lo hicieron después. Le pidieron prestadas las ideas a nuestros enemigos y destruyeron lo esencial de nuestra obra. Ni siquiera nuestros dignos antecesores en el proceso de construcción de la conciencia nacional, los radicales, salieron bien parados de esta dura decadencia.
Aquel día nacía el recuerdo que se volvería permanente, nada pudo después igualar su vigencia. Algunos lo intentan exorcizar condenándolo como un “populismo”, término tan equivoco y sin sentido como la identidad del que lo expresa. Un enemigo los vio como “un aluvión zoológico” y el poeta los definió como “el subsuelo de la patria sublevada”. Fue un momento que podemos respetar o cuestionar, sólo no es posible de ignorar. Es demasiado vigente y en su larga permanencia no tuvo la suerte de cruzarse con virtuosos que lo superaran. Para eso sería necesario comprenderlo, y hasta el momento no surgió quien lo haga.”Después de ese día no volví a bajar la vista frente al patrón o al policía” me dijo hace años un humilde obrero. Era la vigencia de los trabajadores, de esos que la modernidad deja al borde del sin destino.Pasaron muchos años, démosle más valor al papel de aquella fecha, después de ella ya nada volvería a ser igual.

Julio Bárbaro
Clarín,

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