LA ECONOMÍA GLOBAL CRECE CON BAJA PRODUCTIVIDAD

La economía mundial ha vuelto a crecer en 2017 a una tasa de 4,2% por año, que sería 3,9% en 2018, tras experimentar 6 años de estancamiento en que el nivel de expansión fue sólo 3% anual (2,6% en 2016); y lo ha hecho en forma coordinada, en todas las regiones al mismo tiempo, como un sistema integrado y autónomo que funciona según la misma lógica y de acuerdo a un impulso necesario y endógeno.
Más de 40% del crecimiento de este año es obra de China, y 19% de India (EE.UU., 15%), lo que indica que China/Asia arrastra la expansión mundial. Pero el aumento de la productividad continúa débil (+1,5% anual en el nivel global/0,5% por año en los países avanzados); y esto sucede porque el auge de la economía china con un PBI de US$11,4 billones y una expansión de 6,9% anual en los primeros 6 meses de 2017, a pesar de realizarse a través de un extraordinario cambio estructural de tipo cualitativo (el consumo doméstico responde por 64% de la expansión, y la economía digital cubre ya 32% del PBI), es aún insuficiente para aumentar la productividad del conjunto, cuya debilidad responde al agotamiento de la revolución tecnológica del procesamiento de la información (IT) que ocurrió en 2004.
Todo indica que la recuperación de la productividad global depende del otro gran protagonista del proceso de globalización: EE.UU./US$ 18,4 billones, el país-frontera del sistema.
La recuperación en gran escala de la productividad depende del pleno despliegue de una nueva revolución industrial; y esto está condicionado en EE.UU. por un aumento significativo de la tasa de inversión (12,4% del PBI en 2016) en 2 o 3 puntos del producto en un plazo históricamente breve de no más de 2 o 3 años.
La tasa corporativa pasa en la reforma Trump de 35% a 20%, y este drástico recorte de 15 puntos puede desatar una ola inversora en EE.UU. y en el mundo que impulse y profundice la recuperación de la economía mundial, que esta vez ocurriría sobre la base de un alto nivel de incremento de la productividad, nítidamente superior al promedio histórico.
Esa ola inversora en EE.UU. podría ser el punto de inflexión de un nuevo ciclo en la historia del capitalismo, sustentado en la sinonimia producción/productividad/poder, que se asimile por su magnitud a una nueva onda larga de expansión coordinada y global, de alto y generalizado nivel de productividad, que podría durar —en la perspectiva de Kondratieff— 50 años o más.
Este novedoso sistema de acumulación global, históricamente superior, debería tener por necesidad un carácter esencialmente inclusivo, donde puede haber desequilibrios y retrasos, pero no perdedores. Lo que se aproxima carece de vuelo utópico. Descree del “deber ser” y apuesta a un “ser” más rico y densamente productivo.
EE.UU. decide la suerte del conjunto. La concentración de la riqueza en el 1% de arriba (recibe más del 40% del total), y el estancamiento de los ingresos de más del 80% de la clase media en los últimos 15 años que lo caracteriza, no es obra del bajo crecimiento económico entre 2010 y 2016 (+2,1% anual), sino del desplome de la productividad (+0,5% anual en ese período), y al consiguiente hundimiento del ingreso per cápita, o productividad de todos los factores (PTF). Por eso la nación americana y los trabajadores industriales estadounidenses han sido los grandes perdedores de la globalización.
Lo importante de China ahora no es que crezca a la tasa más elevada de los últimos 6 años (+6,9% anual), sino que el ingreso per cápita (+8,5% por año) se expande por encima del PBI nominal. Esto hace que se apreste a terminar con la pobreza en los próximos 3 años (restan 40 millones de pobres en los términos del Banco Mundial, y eran 810 millones en 1980).
El instrumento de la República Popular para realizar este extraordinario logro de inclusividad ha sido el aumento sistemático del ingreso per cápita (ingreso por habitante =alza de la productividad), que ha crecido 8,5% anual entre 1978 y 2016 (se ha duplicado cada 8 años) y ha aumentado en tamaño 2100%.
Esta es la base de la reducción sistemática de la pobreza en China, responsable de más de 75% de la disminución mundial, y causa directa del hecho asombroso de que se disponga a eliminarla en 2020.
La pobreza es baja o nula productividad; y el aumento del ingreso per cápita/alza de la productividad es el que fija el nivel que en fases sucesivas alcanza su disminución. Es el que establece el marco de lo imposible y también el que amplía el de la posibilidad.
El resultado de esta puja de tendencias es que la nueva fase de la globalización, con eje en EE.UU., a medida que aumenta la productividad como consecuencia de la nueva revolución industrial, también impulsa la inclusión en el planeta.
Esto es lo que está en juego en el nuevo sistema integrado y global, que ha vuelto a crecer en 2017, centrado en sus 2 grandes protagonistas, que son EE.UU. y China.

Jorge Castro
Clarín,

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