XI JINPING, LA VISIÓN ESTRATÉGICA DEL LÍDER CHINO

Un texto reciente detalla los puntos centrales del pensamiento del premier chino y generador de China como potencia.

Un reciente libro, La Gobernación y Administración de China, escrito por el premier chino Xi Jinping (Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 2014) explica los ejes del pensamiento del jefe político de China. De allí surge que el núcleo decisivo del pensamiento de Xi Jinping es el siguiente: todo depende para el desarrollo económico y la inserción de China en el mundo del camino elegido en 1978, el rumbo estratégico de la República Popular fijado por Deng Xiaoping entonces. El camino es todo.
Ese camino es también una teoría: “la prioridad absoluta es el desarrollo de las fuerzas productivas” y un sistema de gobernabilidad (el papel decisivo del sistema político y de la conducción del Partido Comunista en la Nación y en el Estado).
Este es el “socialismo de peculiaridades chinas”, constituido por tres componentes, según Deng Xiaoping: desplegar todo el potencial de productividad de la economía del país; evitar la polarización social y regional; y mantener y consolidar la unidad de la Nación y del Estado.
El pensamiento que guía la construcción del camino chino es el marxismo, que afirma que en todos los casos hay que buscar la verdad en los hechos y a través de ellos, sobre la premisa de que la realidad tiene siempre razón. El pensamiento chino no es pragmático, sino hiperrealista.
La concepción de Xi Jinping es eminentemente político–estratégica, como era la de Mao. Significa que lo primero es el “juicio de importancia” (Max Weber): hay que distinguir en todos los casos lo esencial de lo accesorio y concentrarse en lo principal, desechando lo irrelevante. Definir una estrategia es fijar prioridades: “Taiwán es un problema menor, la gran cuestión es el mundo”, le dice Mao a Nixon en 1972.
Para Xi Jinping, el pueblo chino es el protagonista de la historia, no el Partido ni el Estado; y el pueblo es la Nación china, “… que es una gran Nación con más de 5.000 años de historia y el resultado de la evolución de una de las grandes civilizaciones de la humanidad”. Esto implica que “…la historia china es una continuidad de pasado, presente, y futuro, en la que el camino encontrado a partir de 1978 con el liderazgo de Deng Xiaoping permite revertir el destino y afirmar el sueño del rejuvenecimiento de la Nación china”.
La Nación china es una historia ininterrumpida de más de 5.000 años de civilización, que ha hecho contribuciones indelebles al progreso humano; y el camino chino —descubierto en 1978— es la síntesis de 5.000 años de historia con los últimos 170 años de evolución, que son los que han transcurrido desde que China experimentara el impacto de la modernidad capitalista a través del fuego de las cañoneras británicas en la Guerra del Opio (1839/1842).
Por eso la identidad china (Nación /Pueblo) es inseparable de los cruciales 68 años vividos desde la fundación de la República Popular por Mao Tse Tung el 1º de octubre de 1949.
Asegurar la gobernabilidad Al llegar la época moderna (siglo XVIII), y en especial la 1ª Revolución Industrial (1780/1840), la Nación china sufrió una crisis constante de carácter estructural, que llegó al extremo de la desintegración entre 1840 y 1911 (caída del Imperio y colapso de la dinastía Qing). A partir de entonces, comenzó una lucha constante, plena de heroicidades y fracasos, por revitalizar la Nación china, y dentro de esta historia, con un signo profundamente nacional, surgió el Partido Comunista de China (1921).
El problema principal de China hoy es asegurar la gobernabilidad del sistema, porque es la que hace posible el desarrollo económico y la integración al mundo. Sin gobernabilidad —estabilidad/consenso/unidad— es imposible el desarrollo económico sostenido, que es la razón de ser del Partido y el Estado en el siglo XXI.
La gobernabilidad tiene un sentido estrictamente histórico; y su eficacia (su legitimidad) depende de las condiciones de la época y de las expectativas de los sectores populares (“las masas”), y en primer lugar de los 770 millones de usuarios de Internet, la nueva y poderosa opinión pública.
Todo esto en el contexto de una extraordinaria acentuación de la competencia internacional, que se exacerba en la medida en que la sociedad global creada por la revolución de la técnica se integra cada vez más.
Carácter “decisivo” de la acumulación capitalista En esta etapa histórica la gobernabilidad del sistema responde a una exigencia cualitativamente superior, y satisfacerla es la responsabilidad específica de Xi Jinping y de la 5ª generación de líderes. Por eso, en el Tercer Plenario del 18 Comité Central del PCCh (diciembre de 2013), Xi Jinping señaló que el sistema capitalista privado tenía en adelante en China un carácter “decisivo” en el proceso de acumulación, sobre todo en la asignación de los recursos de capital (antes de 2013 el mercado capitalista sólo era reconocido como una fuerza “fundamental”). Para Xi Jinping esta afirmación implica que es “…el cimiento real del que surge la superestructura legal y política de la República Popular”, y a la que corresponden formas definidas de la conciencia social, según señaló Karl Marx en el Prólogo de una Contribución a la Crítica de la Economía Política.
El pensamiento de Marx “La base económica —subraya Xi Jinping citando a Marx— es la que determina la superestructura, y fija también el ritmo del progreso de las principales reformas económicas, desempeñando, por lo tanto, un papel decisivo en la situación general”.
La asignación del capital por el mercado —“la inversión”— es la esencia y el factor crucial de la economía capitalista. “Hay que acatar esta ley—dice Xi Jinping—, y por eso hay que terminar con la excesiva intervención del Estado y establecer la vigencia plena de la ley y el Estado de derecho”.
Lo fundamental del pensamiento de Xi Jinping surge de esta aseveración: “La época actual se caracteriza—dice el secretario general del PCCh— por la emergencia de una nueva revolución industrial y tecnológica”; y frente a ella “…no es admisible ni en China ni en el mundo la modalidad del desarrollo económico extensivo, impulsado por el aumento cuantitativo de los factores (capital y trabajo)”. Sin la nueva Revolución Industrial, el crecimiento económico de los últimos 20 años en China y en el mundo lleva a un “… callejón sin salida”.
Se requiere un cambio de civilización en el sistema mundial. “No es difícil imaginar —sostiene Xi Jinping— que si China consume tantos recursos de la producción y la vida cotidiana como lo hace la población del mundo avanzado, todos los recursos existentes en el planeta serán insuficientes para abastecernos a nosotros los chinos”. (…) “se necesita un nuevo camino (una nueva civilización), que establezca un nuevo vínculo entre el hombre y la naturaleza. Por eso se impone innovar”.
Para este giro estratégico de 180 grados el tiempo y la decisión son vitales. “Las oportunidades históricas son efímeras. Hay que actuar ahora”.
“El mundo se ha convertido al integrarse en una pequeña aldea global, y hay ahora una demanda objetiva de trabajar juntos”, le dijo Xi Jinping a Donald Trump en la cumbre de Palm Beach, Florida, el 6 y 7 de abril de este año.
Es el imperativo geopolítico de la globalización el que impone el acuerdo estratégico entre EE.UU. y la República Popular.

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