CHINA Y ESTADOS UNIDEOS PACTARON UN PLAN A CINCO AÑOS

El presidente Donald Trump y Xi Jinping acordaron en Beijingen la visita de Estado de tres días del mandatario norteamericano formular y ejecutar un Plan de Cooperación Económica en los próximos 5 años, con el objetivo de resolver (eliminar) el superávit comercial chino con EE.UU. que ascendió a US$340.000 millones en 2016, en un intercambio bilateral de US$560.000 millones, el mayor del mundo.
Para eso los líderes dispusieron utilizar dos vías: aumentar de manera inmediata las importaciones chinas de EE.UU. con una multiplicación de las compras de gas líquido (LNG) en el mercado norteamericano. Las importaciones de shale gas estadounidense alcanzarían a US$50.000 millones por año en 2020, lo que implicaría una reducción de 30% en el superávit comercial.
En los últimos cinco años, Xi Jinping ha modificado la matriz energética de la República Popular y ha disminuido en más de 30% el consumo de carbón como fuente energética principal, sustituyéndolo por las importaciones de gas natural, sobre todo con las provenientes de EE.UU. a partir de este año.
China es el país más polucionado del mundo, y la razón de esta caracterización es que más de 70% de su producción energética se realiza a través de la utilización del carbón, el combustible más contaminante del sistema mundial.
El Fondo de Inversiones en Energía de la República Popular(CEIC) invertirá US$83.700 millones en la producción de shale en EE.UU. y destinará más de la mitad de ese monto al establecimiento de plantas de la industria química en West Virginia, uno de los estados más empobrecidos de la Unión y el más afectado por la política contra el carbón desarrollada por el ex presidente Barack Obama. En West Virginia, Donald Trump fue elegido presidente de EE.UU. el 8 de noviembre de 2016 por más de 60% de los votos.
El jueves pasado firmaron en Beijing un acuerdo por US$43.000 millones (dentro de un total pactado de US$250.000 millones) Sinopec, el Banco de China y el Fondo Soberano de la República Popular (US$870.000 millones), y el estado de Alaska, para construir un gasoducto de 1.300 km entre los yacimientos de North Cole —equiparables a los de shale de Dakota del Norte y Texas— y la terminal de Cook Inlet, sobre el Pacífico, desde donde serían transportados en forma de LNG a China continental.
La otra vía pactada es la multiplicación de las inversiones de las transnacionales estadounidenses en sectores hasta ahora restringidos de la República Popular, como los mercados financieros, bursátiles y de seguros.
El ritmo de apertura en estos sectores está directamente vinculado con la inminente sanción de la nueva ley de inversiones extranjeras (IED) de China, que ocurriría este año. El nuevo régimen generaliza a todo el país la experiencia realizada en los últimos tres años por las once zonas de libre comercio encabezadas por Shanghai, que eliminaron todas las restricciones a las compañías transnacionales y crearon un sistema semejante al de Hong Kong.
Hong Kong, reincorporado a la soberanía china en 1997, es una de las economías más abiertas del mundo —la tercera, según la UNCTAD—, y la sede de más de 40% de las compañías transnacionales que han invertido en la República Popular en las ultimas tres décadas.
Se establece también una “lista negativa” de 15 sectores (eran 93 hasta 2016) en los que queda excluida la inversión extranjera, centrada en la industria militar y en los medios de comunicación. El resto se abre sin limitaciones, sin necesidad de autorización previa, y en igualdad de condiciones con las empresas chinas.
Lo fundamental es que se elimina el tope de 50% de la IED en las industrias automotriz y de telecomunicaciones a ejecutar en un plazo de entre cinco a ocho años. El máximo de IED en la banca comercial es hoy 20% y 50% en los seguros de vida, en tanto alcanza a 49% en los fondos bursátiles.
Lograr una presencia plena de 100% de capital en los mercados bursátiles chinos significa participar de las segundas bolsas del mundo —Shenzen y Shanghai—, que poseen un stock accionario de US$7,7 billones, cuando todavía estos mercados son ajenos al sistema financiero internacional.
La integración plena de los mercados bursátiles chinos al mercado mundial, que corre paralela al proceso de internacionalización del renminbi, se completaría en 5/8 años y atraería del exterior más de US$660.000 millones en ese periodo.
A partir del Plan de Cooperación Económica establecido por las dos superpotencias de la época, cuyo producto bruto sumado equivale a la mitad del PBI mundial (EE.UU, US$18,4 billones/China, US$12 billones/PBI global, US$67 billones), el sistema global ha fijado un rumbo estratégico definitivo para los próximos cinco a 10 años.
Esta dirección consolida la emergencia de una sociedad global creada por la revolución de la técnica y sustentada en una nueva revolución industrial encabezada por EE.UU. y la República Popular, convertidos en la punta de lanza del capitalismo avanzado.

Jorge Castro

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