IRÁN AMPLÍA SU INFLUENCIA REGIONAL

El ahora ex primer ministro libanés, Saad Hariri, acaba de renunciar -por sorpresa- a su cargo. Lo hizo a través de un tenso discurso televisado desde Arabia Saudita, denunciando que se había preparado un atentado criminal contra su vida y atribuyendo esa contingencia al creciente intervencionismo y expansionismo de Irán en su país.
La explicación era casi innecesaria. Ocurre que en Líbano hoy se vive un momento peligroso y lleno de ansiedad, con fuertes parecidos a lo allí sucedido en el caótico 2005, cuando un grupo shiita asesinara a su padre que a la sazón se desempeñaba como premier del Líbano: hablamos de Rafic Hariri.
Hoy, una vez más, la belicosa agrupación libanesa pro-iraní Hezbollah aparece como una clara amenaza regional. Más allá del sur del Líbano, que domina desde hace rato.
Armada y entrenada por Irán y fogueada -y hasta envalentonada- por su triunfal actuación armada en la reciente guerra civil siria, la mencionada organización (todavía calificada de terrorista por los Estados Unidos) tiene una presencia política decisiva en Siria, donde -con el constante apoyo aéreo de Rusia- sostiene al hasta no hace mucho jaqueado presidente, Bachar al-Assad. Lo que, en los hechos, ha contribuido fundamentalmente a la supervivencia del asediado presidente sirio, que muchos no creían factible.
La dimisión del premier libanés Saad Hariri abre, de pronto, un serio interrogante sobre el futuro inmediato de la actual coalición de gobierno de ese país. Aquella que también integra el propio Hezbollah. La que ha sido una de las principales responsables de haber podido construir la frágil paz interna que aún se mantiene en el Líbano, aunque esté nuevamente en estado de alta ansiedad.
Irán, ante ello, se lava las manos. Y asegura públicamente “no tener nada que ver” con la política interna libanesa. Pero las cosas no lucen, ni parecen ser necesariamente así.
Después de la dura derrota del Estado Islámico -que hoy sólo domina una cada vez más pequeña franja desértica emplazada cerca en la frontera de Siria con Irak- la presencia geopolítica y militar de Irán se está expandiendo muy fuertemente en toda su región inmediata.
No sólo en el Líbano, entonces. También en Irak, Siria y Yemen.
En Irak, las milicias armadas iraníes hoy deambulan sin mayores problemas por buena parte del país. Es más, son uno de los pilares de poder que sostienen al actual primer ministro iraquí, Haider al-Abadi. Tan es así, que ellas acaban de ser sorprendentemente definidas por el propio al-Abadi como formando “parte de las instituciones iraquíes”.
Ocurre que las milicias iraníes ayudan militarmente al gobierno central de Irak a recuperar algunos territorios en su noroeste que hasta no hace mucho estaban en manos de las milicias kurdas locales. Con la participación decisiva de los Guardias Revolucionarios iraníes, que están constantemente actuando de su lado, de mil distintas maneras.
Irán pareciera estar ahora replicando el “modelo” de Hezbollah en Siria y en Irak.
Creando y sosteniendo a distintas milicias armadas que apoyan a los gobiernos locales con los que están aliadas. Con ese patológico mecanismo paramilitar, la influencia regional iraní ha crecido y sigue creciendo vigorosamente.
Los Estados Unidos, que han desplegado ya unos 5.200 efectivos militares en Irak y unos 500 efectivos adicionales en Siria, contemplan preocupados la expansión iraní. Ocurre que las milicias iraníes que hoy actúan en su derredor contra lo que aún queda del llamado “Estado Islámico” están bien armadas y entrenadas. Y, en rigor, son bastante más numerosas que las tropas norteamericanas. Además, cuentan con aliados religiosos locales, casi incondicionales.
Por el momento, la presencia miliciana iraní no confronta con las fuerzas norteamericanas desplegadas en Medio Oriente. Pero, con ellas, conforma una mezcla preocupante que hasta luce combustible y que, de pronto, podría generar conflictos.
Si éstos aparecen, para los norteamericanos la situación podría no ser nada fácil. Desde que hasta podría empujar a buena parte de la región a quedar políticamente en manos de Irán o a generar confrontaciones armadas. Esto último supone un riesgo de proporciones y toda suerte de complejas consecuencias geopolíticas que comienzan a percibirse en el horizonte. Irán es un riesgo que no puede dejar de tenerse en cuenta y seguirse de cerca. Las dos banderas que lo mueven son, primero, el predominio regional y, segundo, la expansión de la variante del Islam que Irán, firmemente liderado por su poderosa oligarquía clerical, ha abrazado: la del “shiismo”.

Emilio Cárdenas
LA NACION

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