¡SOLO SE LE PUEDE OCURRIR A UN INCAPAZ! LA FUERZA AÉREA Y LA ARMADA SE ¿PELEAN? POR LOS AVIONES FRANCESES QUE COMPRÓ MACRI

Quieren quedarse con el control de las aeronaves, que tendrán una función decisiva en el operativo de seguridad que rodeará al G-20. FUERZA AÉREA CONCENTRA LAS ALAS. No sólo la Armada se quedaría sin aviones (ojo Gendarmería). Según el ministro de Defensa, Oscar Aguad, alias “Milico”, “la compra de aviones Super Étendard para custodiar la cumbre del G20 no habilita a la Armada a quedarse con las unidades porque todos los aviones pasarán a la Fuerza Aérea (?). También Ejército perderá sus aviones”, y la idea de Aguad es intentar arrebatarle a Gendarmería sus aviones, aunque en este caso deberá acordar con Patricia Bullrich, ministra de Defensa.

Un avión de combate Super Étendard. Foto: Archivo

La reciente compra de cinco aviones Super Étendard modernizados a Francia desencadenó una inesperada e intensa disputa entre la Fuerza Aérea y la Armada, que buscan quedarse con las aeronaves.
El Gobierno pagará 2,5 millones de euros por los aviones cazabombarderos, a los que sumará US$ 2 millones por los gastos de traslado, con la decisión de fortalecer la seguridad en la Cumbre del G-20, que se hará a fines del año próximo en la Argentina.
El ministro de Defensa, Oscar Aguad , zanjará la insólita disputa, que no es otra cosa que una pelea por la escasez, en momentos en que la Fuerza Aérea y la Armada atraviesan desde hace tiempo una crisis en su equipamiento militar.
En esta reyerta, los jefes de la Armada, almirante Marcelo Eduardo Hipólito Srur, y de la Fuerza Aérea, brigadier general Enrique Víctor Amrein, intentan sumar argumentos para quedarse con los aviones.
En la disputa sobresalen dos interpretaciones doctrinarias. Una indica que los medios aéreos se utilizan en la Fuerza Aérea con una función estratégica y sólo se justifican para la Armada como un medio complementario y de apoyo logístico a otras misiones.
La otra doctrina defiende el concepto de poder naval integral, que permite a la Armada nutrirse de todos los medios posibles (submarinos, aéreos y de superficie) para sus operaciones navales. Ese criterio se aplicó, indican algunos, en la Guerra de Malvinas.
La compra a Francia de 5 aviones Super Étendard modernizados provocó un debate entre uniformados. Hasta ahora los Super Étendard eran aviones de la Armada. Fueron Super Étendard de los marinos los que dispararon misiles Exocet en la Guerra de Malvinas.
Pero el ministro Oscar Aguad, que viene de la Provincia de Córdoba que no tiene mar ni hidrovía y sí instalaciones de la Fuerza Aérea y del Ejército, decidió que los Super Étendard vayan a la FA, aun cuando los pilotos que conocen ese avión sean de la Armada.
La Armada conserva, desde los tiempos de la Guerra de Malvinas, 9 unidades Super Étendard, no operativas ni en condiciones de volar.
Es más: “Aguad quiere que todos los aviones de las fuerzas militares se concentren en la Fuerza Aérea. Esto quiere decir que la Armada y el Ejército le cedan sus aviones a la FAA”. En un grado de desconocimiento inconcebible en un Ministro, o en su defecto, en una operación de desmembramiento total de las FF AA de la Nación, como sólo se vio en los períodos de mayor ataque de los “progres” hacia nuestras fuerzas de la defensa nacional.
Pero la Fuerza Aérea afirma que “la conducción de los Super Étendard no tienen muchas diferencias respecto de los Mirage desprogramados en 2015: ambos fueron diseñados por la compañía francesa Dassault”, sin darse cuenta de que a ellos hasta ayer apenas lo que les habían adquirido eran “avionetas fumigadoras”, y no aviones de entrenamiento básico, que podrían haber sido completados mediante la refacción y modernización de los I-58 Pucará en servicio con la construcción por la misma cifra de lo comprado de al menos 15 unidades nuevas de dicho avión, y con la reestructuración (militarización-armamento) de los futuros y/o existentes IA-63 Pampa, los mismos que están siendo evaluados por la aviación boliviana y que podrían ser vendidos a fuerzas del tercer mundo o como ahora gustan llamarlos a: “países en vías de desarrollo”, por su enorme potencial.
La Fuerza Aérea aún vuela algún vetusto cazabombardero A4 AR, de los que llegaron a contarse 35 y hoy día sobran los dedos de una mano.
Y más aún: “Aguad quiere que la Gendarmería Nacional también le ceda sus aviones a la Fuerza Aérea, algo que luce muy complicado porque se trata de funciones diferentes y, además, Aguad haría bien en presentarle sus ideas a Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, de quien depende Gendarmería, antes de andar ventilando sus planes a los periodistas que lo visitan.”
Aguad consiguió que, por el G20 y la necesidad de contar con aviones que hoy día no existen en condiciones operativas, el Gobierno pague 2,5 millones de euros por los aviones cazabombarderos, a los que sumará US$ 2 millones por los gasto s de traslado, una cifra irrisoria –según se lo vea- o excesiva si lo que se va a realizar es poner en el aire aviones vetustos mejorados y en manos de la fuerza militar inadecuada, por ser, una fuerza que debería contar con aviones supersónicos y no subsónicos como son estos Etandart.
Deberá mencionarse que, previamente, Aguad intentó ¿alquilar? aviones a Brasil, pero no lo consiguió, por suerte. Y la alternativa luego evaluada por este ministro, era pedirle aviones a Chile (?), terrible de no ser casi tragicómico.
Podría afirmarse que el derrotado fue el almirante Marcelo Eduardo Hipólito Srur, y el ganador fue el brigadier general Enrique Víctor Amrein, en una victoria absolutamente “pírrica” y de consecuencias a futuro impredecibles.
Pero, entonces, Aguad hizo algo más, y que es muy polémico: le prometió a Hipólito Srur que intercederá para que la Armada absorba a la Prefectura Naval (?), una ambición antigua de los marinos, no de todos ellos por cierto. Es bastante complicado lo que pretende Aguad para resolver su interna, a expensas, otra vez, de Bullrich.
Decidido avanzar en sus ideas, Aguad “operó” vía el diario La Nación, al menos estaba más que satisfecho con la nota que firmó Mariano De Vedia que, para el ministro apodado ‘Milico’, refleja el pensamiento de Defensa, pero sin explicar ese periodista que era un pensamiento absurdo e incoherente por demás.

Argumentos y más falacias. “Lo natural es que los aviones estén en la Fuerza Aérea y que todos los medios aéreos estén concentrados en un solo lugar”, razonó con lógica un oficial aeronáutico.


Oscar Aguad quiere aprovechar la reunión del G20 para rediseñar (?) las FF.AA.

La Armada, en tanto, pretende quedarse con los aviones que llegarán antes de fin de año desde Francia porque conserva, desde los tiempos de la Guerra de Malvinas, nueve unidades Super Étendard. Si bien no están operativos ni en condiciones de volar, se encuentran sometidos a un proceso de modernización.
“¿Para qué quiere la Armada sumar aviones si carece de portaaviones?”, replican en la Fuerza Aérea con un grado de hipocresía inconcebible desde el pensamiento militar, en una disputa que hasta ahora no pasó de lo retórico.
Cerca del ministro Aguad estiman que lo más probable es que los aviones sean destinados finalmente a una base aeronáutica, por razones de ejecución práctica. “Con el operativo de prevención de la seguridad del espacio aéreo durante el G-20, es mejor tener las unidades aéreas en una base cercana, como El Palomar, que en la Base Naval de Puerto Belgrano, cerca de Bahía Blanca”.
“El manejo del Super Étendard no reviste grandes diferencias respecto de lo que requerían los Mirage, cuyas unidades fueron desprogramadas en la Argentina en 2015. Ambos, incluso, fueron diseñados por la compañía francesa Dassault”, explicaron fuentes castrenses de la aeronáutica, creyendo en aquello del “sálvese quien pueda”.
Como informó el oficialista diario LA NACION, las unidades adquiridas ahora a Francia fueron construidas entre 1978 y 1982. Las negociaciones entre ambos países comprendían la entrega de motores, repuestos y un simulador de vuelo, entre otras piezas adicionales. Por eso se especulaba con que podrían sumarse a las aeronaves que ya tiene la Armada.
En fuentes aeronáuticas, en tanto, entienden que si la balanza se inclina finalmente por el destino naval, la Armada tendría una capacidad de aviones de combate mayor del que la propia Fuerza Aérea carece.
“Nosotros tenemos los cazabombarderos A4 AR, que pueden cumplir funciones operativas similares a los Super Étendard. Pero es muy probable que a fines de febrero queden fuera de servicio y desafectados, porque no hay una cadena de suministros y de repuestos”, explicó una fuente aeronáutica.
Como muestra del deterioro del poderío aéreo, en los años 90 se incorporaron a la fuerza unas 35 aeronaves A4 AR, pero ahora, con mucho esfuerzo y las restricciones presupuestarias, en días excepcionales se llega a tener tres aviones en plataforma.

FUENTE: LUNES 13 DE NOVIEMBRE DE 2017
Mariano De Vedia – LA NACION

BUENOS AIRES, 14 DE NOVIEMBRE DE 2017
ARQ. JOSÉ MARCELINO GARCÍA ROZADO
EX SUBSECRETARIO DE ESTADO
1973/1976 Y 1989/1993

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