UN ANALISTA FAMOSO AL SERVICIO DE LA DISTRACCIÓN Y DE LA INJUSTICIA

La fama que tiene Vicente Massot como analista político no se debe a la profundidad ni a la agudeza de sus comentarios, como puede fácilmente verse por su nota publicada en la página que edita junto con Agustín Monteverde titulada, simplemente, “El análisis político y económico de los doctores Vicente Massot y Agustín Monteverde”, nro. 773 del 14/11/2017. Lo leí y me pareció casi una composición de colegio que podría haberse titulado: “Cómo decir algo sobre política sin decir nada”. En cambio lo llamó: “La hora de las negociaciones” porque lo que dice, en apretada síntesis, es que en este momento la banda de Macri negocia con los peronistas con cargos públicos, con la Unión Industrial y con el sindicalismo, acerca de la reforma tributaria que proyecta el gobierno y qué partes de ella aceptan los otros negociadores.

Con inesperada cursilería dice: “El eje meridiano alrededor del cual giran todas las negociaciones —tanto en el amor como en los negocios y la política— es dable resumirlo en la frase de origen latino que reza así: do ut des. Traducido quiere decir doy para que me des.” O sea, la más cruda conveniencia de los interlocutores sería la regla del “negocio amatorio” que se desarrolla en estos días en los ambientes malolientes de la política.

Además de ese tema, el comentario de Massot es una exaltación de Macri como “el hombre de la negociación”, ajeno a cualquier forma de autoridad, quien con una personalidad dulce y contemporizadora ha logrado que los peronistas se asocien con él en una especie de co-gobierno en el que prima la conveniencia mutua, es decir, la conveniencia de “Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto, María Eugenia Vidal y Sergio Massa, Mario Negri y Omar Perotti, Miguel Acevedo y Guillermo Pereyra —para citar sólo a algunos de los que hoy ocupan cargos de la mayor importancia entre nosotros”, dice Massot paladinamente, no la de los 40.000.000 de argentinos, verdaderos convidados de piedra en este festín dialoguista de los políticos profesionales. Sin embargo, “la mayor presión tributaria… recaerá esta vez sobre… las personas físicas” -dice Massot-, es decir sobre los silenciosos y silenciados 40.000.000 de súbditos de la raza privilegiada de los que “negocian”, “hacen números y sacan cuentas”, en las que ellos son siempre acreedores y nosotros, los “hijos de la pavota”, somos los deudores.

Es inútil esperar en la pluma de Massot algún argumento de Justicia. Por ejemplo, haberse preguntado si la recaudación y el gasto público no son exageradamente abultados y si no están siendo descaradamente malversados los fondos del Estado en favor de las carreras políticas de los “negociadores” o simplemente robados en cantidades siderales de diversas maneras, incluyendo sueldos astronómicos, negocios (en los que los empresarios negociadores entran a saco en íntima asociación con los funcionarios), en pagos a los sindicatos sin justificación legítima alguna y si ese desmadre de millones no es la causa de que pretendan aumentar los impuestos.

Tampoco se pregunta si el crecimiento exponencial de la deuda, adoptado como política permanente por Macri según su propia confesión en un discurso de fines de Octubre, no está comprometiendo no sólo a los actuales habitantes del país sino también a sus hijos y nietos. Massot no parece acordarse que el gobierno ha llegado hasta proponerse tomar un préstamo a 100 años que con sus intereses se deberá pagar por más de diez veces el monto del desembolso inicial.

Tampoco dice nada sobre el caos social, el desorden creado por agitadores, piqueteros mapuches y demás personeros de la subversión, ni parece notar su total ausencia como Autoridad en su deber de poner coto a esa desalentadora y agobiante situación.

Tampoco dice nada sobre los 442 secuestrados políticos muertos por homicidio de Estado en las cárceles del país, ni sobre los otros casi 2.000 que esperan la muerte tras las rejas, víctimas todos de la misma política de “derechos humanos” del kirchnerismo continuada por Macri, en violación de su promesa preelectoral, y de las resoluciones de jueces prevaricadores que siguen en sus cargos.

Y podría seguir la lista de las lacras políticas que están convirtiendo el país en una selva donde prevalece el más fuerte y el más malo. Pero nada de eso parece advertir el Sr. Massot. Sin embargo, es considerado un “analista estrella” admirado por este “establishment” idiotizado.

¡Qué fácil se construyen los falsos prestigios y qué rápido se olvidan las tachas vergonzosas de los “famosos” cuando el beneficiado no tiene amor a la Justicia ni hace ascos al oportunismo!

 

Cosme Beccar Varela

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