OTRO RANKING, OTRA VEZ TOCANDO FONDO

En la era K se consumió infraestructura valiosa sin reponerla. Y mucha de la que se deterioró, no fue reparada.

Todo está a la vista y a la vista todo el tiempo. Salta en la calidad de los servicios públicos cuando no en su ausencia; en el estado de los caminos y las rutas; en la falta de coberturas básicas; en el transporte, las telecomunicaciones y en unos cuantos etcéteras. El paquete completo se llama deterioro y atraso considerables de la infraestructura económico y social.
Una muestra de cómo estamos ahí aparece en datos del Foro Económico Mundial o Foro de Davos incluidos en un informe de la Fundación Capital. Y no tiene nada de positiva, por cierto.
El registro más fuerte surge, justamente, al medir y comparar la calidad de la infraestructura: dice que sobre 137 países analizados, la Argentina ocupa el puesto N° 106, o sea, bastante cerca del fondo de la tabla. Próximos y a la vez distantes, Chile está 40, Uruguay 46 y Brasil 73.
China encabeza el ranking, seguida por los Países Bajos y Japón. Entre los diez primeros, Corea del Sur va octava, Estados Unidos noveno y Alemania décima.
Sólo por si alguien quiere saberlo, último, en el escalón 137, se ubica Malawi, una república del Africa ecuatorial. Y penúltimo, el acá más conocido Haití.
Siempre lejos del resto, si el mismo metro cuadra para la electricidad, las rutas, la red ferroviaria y los puertos nos tocan lugares también decepcionantes: en la secuencia, van desde el N° 113 al 80.
El Foro de Davos reúne a la elite del mundo de los negocios y de la política internacional, a presidentes, intelectuales y artistas notorios aunque a veces poco vinculados a esos mundos. Con independencia de la opinión que sus informes puedan merecerles a quienes no comparten sus puntos de vista o los comparten parcialmente, lo cierto es que son muy considerados en la toma de decisiones.
Por lo demás, nada hay en el muestrario sobre el estado y la calidad de la infraestructura argentina que no pueda ser percibido, ni que no pegue sobre la economía bajo las formas de productividad y competitividad muy limitadas. Y todo junto pinta un horizonte oscuro que urge cambiar más pronto que tarde.
Mucho de esto que hay brota nítido en un precedente bien cercano: durante la última década la inversión en infraestructura cayó a la mitad y, dentro de ella, la privada se desplomó. Así se consumió capital valioso sin reponerlo, buena parte del que se deterioró no fue reparado y poco si no directamente nada de innovar y modernizar. Añadidos, otra vez unos cuantos etcéteras.
Todo pasó en el reino de corto plazo, de los subsidios insuperables, de tarifas que ni mínimamente cubrían los costos y de un gasto público tan grande como gobernado por la corrupción. Evidente: gran parte del atraso acumulado está pagándose hoy, aunque siempre será central que el peso de la carga sea repartido equitatativamente, lo cual equivale a decir adecuado a las posibilidades de cada cual.
Hay más para este boletín y surge de un trabajo del Cipecc, una organización dedicada a evaluar y proponer políticas públicas: ○ Según estadísticas recientes, cerca del 50% de los hogares carece de cloacas y alrededor del 16% ni siquiera tiene agua potable. Es lo que se define como necesidades básicas insatisfechas, e insatisfechas sobre todo en el ancho espacio de los sectores empobrecidos.
○ El 90% de la producción es transportada por camiones. La última información conocida dice 93%, apenas 5,4% por ferrocarril y el resto a través de barcazas. El camión es bastante más caro que el tren, solo que esta alternativa descarriló hace tiempo pese a ser además menos contaminante.
○ El problema que sigue es la congestión, pues alrededor del 80% de la carga sale por los puertos de Rosario. No sólo está hiper concentrada en un lugar sino que, por su magnitud, también entorpece el tránsito y encima presenta un agravante costoso: el tiempo que se gasta en el o los puertos, entre descargarla y volver a cargarla dentro los barcos que la llevan fuera del país.
○ En el medio juegan unos cuantos kilómetros de redes nacionales y provinciales sin pavimentar: el 50% largo, según el Cippec.
○ Es de una especie parecida, ya en los centros urbanos, el desplazamiento del transporte automotor público por el privado. De nuevo un contrasentido caro, que en varios sentidos circula a contramano de lo que mandan el ordenamiento y la planificación del tránsito.
○ Números del año 2012 cuentan que aquí la inversión por habitante en telecomunicaciones representa la quinta parte de la existente en países de la OCDE, o sea, entre naciones de desarrollo alto y medio. Comparada con los líderes de América latina, la desventaja anda por el tercio.
Falta agregar un dato no menos potente, engendrado claramente durante la era kirchnerista: la caída de la producción y de las reservas de gas y petróleo. Sus parientes directas, las importaciones energéticas, llevan acumulados US$ 55.000 millones desde 2011. El colapso que jamás fue reconocido.
Aún incompleto, el panorama muestra de punta a punta los agujeros en los cuatro pilares de la infraestructura. Desde la pérdida del autoabastecimiento energético, a las comunicaciones en sus más variados formatos. Del déficit en servicios básicos como cloacas y agua potable, hasta la red vial, los ferrocarriles, los puertos y los aeropuertos.
Existe un dato adicional aparentemente ajeno al cuadro, salvo que está conectado directamente con el sistema productivo y revela otra cara del país. Muy relegada respecto por ejemplo de Chile, México, Colombia y Uruguay, la tasa de graduados en Ingeniería y Tecnología no llega al 10% del total de egresados. Abundan, en cambio, los abogados.
El Gobierno busca salir del pozo al que ha caído la infraestructura con una apuesta ambiciosa a la inversión privada, apoyada, además, por garantías que aporta el Estado. Son los llamados Programas de Participación Público-Privada, conocidos en el mundillo empresario como los PPP.
Inversiones al principio concentradas en obras viales, la hoja de ruta oficial anota alrededor de $ 30.000 millones para 2018. Y nada menos que US$ 26.000 millones durante los tres años siguientes.
Dentro de la lista entran autopistas, líneas de alta tensión, cárceles, escuelas y proyectos hidráulicos. El financiamiento será compartido por los privados y el Estado, que para muchos casos también será garante y pagará las obras cuando estén terminadas.
Pero la mayoría de los costos que enfrenten las empresas irá a la cuenta de los usuarios, a través del cobro de peajes, de cargos tarifarios y de otras maneras recuperar la plata. El próximo fin de la Ley de Emergencia le abrirá las puertas a la indexación.
Ya en un plano más general, corren algunos estímulos previstos en la reforma tributaria. Entre ellos, la rebaja de Ganancias para quienes reinviertan sus utilidades, la devolución anticipada de los créditos fiscales originados en el IVA y el pago a cuenta, también de Ganancias, del impuesto al cheque.
Pero a menos que sean incluidas en la reglamentación de la ley, en el paquete fiscal no se advierten regulaciones capaces deasegurar que el destino efectivo de los fondos irá a la inversión. Esto es, el resarcimiento de los ingresos que perderá el Estado y de la deuda que asumirá por los emprendimientos.
No es un punto menor. Ensayos similares a éste fueron hechos en el pasado, más concretamente en tiempos de Domingo Cavallo, sin que se notaran sus efectos ni sobre la economía ni sobre el empleo.
Primero y principal, el gran atributo de la inversión es apuntalar un crecimiento sostenido y sustentable de la economía. Otro, que crea empleo de calidad a condición, claro está, de que haya mano de obra calificada disponible. Pero entre sus atributos no figura garantizar un reparto equitativo de la riqueza que genere; eso depende de las políticas oficiales.
Los datos de este año cuentan que después de un largo sueño las inversiones han empezado a despertar. En la construcción, siempre apoyada por la obra pública y cada vez más por el crédito hipotecario. También asoma en maquinaria y equipos, los llamados “fierros”, aunque aquí casi todo es importado.
Quedan en cualquier caso varias zonas oscuras que el Gobierno deberá despejar, como el imán de la inversión financiera, el atraso cambiario y los fuertes déficits fiscal y comercial combinados. Nada que tampoco sea demasiado desconocido.

Alcadio Oña
Clarín.

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