AJEDREZ A PIE DE IMPRENTA

La historia de la divulgación escrita del ajedrez en nuestro país comienza en el siglo XIX por influencia del exterior. Entre un conjunto de libros europeos que importa Marcos Sastre en 1833 encontramos un Manuel des Jeux de hazard; no se indica autor. Por la misma época, el experto en litografía Gregorio Ibarra presenta una traducción manuscrita de una obra sobre ajedrez (colección Celesia del AGN) y Laureano Acevedo traduce del inglés el primer libro editado aquí en 1881: Aperturas de ajedrez de Henry Bird (Imprenta Especial para Obras). Pocos años después, aparece el primer aporte local: Julián Balbín publica en 1890 el Reglamento del Club de Ajedrez Buenos Aires. A medida que el ajedrez va adquiriendo mayor protagonismo social comienzan a aparecer las primeras revistas y libros especializados: la Revista del Club Argentino de Ajedrez (1905), 100 Problemas de Arnoldo Ellerman, pionero texto técnico de 1913, el pequeño Tratado de ajedrez de D. Arly, de 1915 (Editorial Nocira), el portentoso El ajedrez en la Argentina de Pérez Mendoza, de 1920 (Imprenta Tixi y Schaffner), en el que se recopilan los antecedentes y el estado de situación del juego en todo el país. El mismo año en el que se funda la Federación Argentina de Ajedrez (FADA), 1923, comienza a publicarse la revista El Ajedrez Argentino, que en sus pocos años de duración —dejó de salir tres años después— tuvo como directores a los campeones nacionales Damián Reca y Roberto Grau, y columnistas de la talla de Ezequiel Martínez Estrada, Ellerman y el jugador checo Richard Réti; este último brindó también una serie de conferencias en 1924 que fueron compiladas por L. Lerner en Curso superior de ajedrez (Edición Boero y Llinás). El match por el título mundial de 1927 disputado en Buenos Aires entre Capablanca y Alekhine impulsó un gran interés por el espacio escaqueado. Ante la inexplicable caída de la revista del Club Argentino, y previendo la difusión del acontecimiento, ese mismo año Roberto Grau pasó a dirigir la revista mensual El Ajedrez Americano en sociedad con Enrique Boero hasta 1934, y entre los dos fundaron a su vez la editorial Grabo —apócope de sus apellidos—, prolífica productora de libros de autores nacionales y extranjeros. En 1929 se presenta Trebejos del distinguido ajedrecista y notable literato don Mariano Viaña, que incluye problemas de fantasía dedicados al presidente Yrigoyen, al boxeador Firpo y a Alekhine, y el trabajo de Luis Palau, Combinaciones y celadas en las aperturas. También en ese año, en el Hospicio de las Mercedes, aparece La neurosis de los ajedrecistas argentinos de Ernesto Andía, que caracteriza a jugadores locales conforme perfiles lombrosianos. Claro que, en materia bibliográfica, hay un antes y un después a partir de la primera edición del Tratado general de ajedrez de Grau, de 1930, el gran libro didáctico del país. Generaciones completas de jugadores de naciones de habla hispana se formaron con este “curso completo del juego-ciencia”. Recibió elogios unánimes, entre los que se contaban integrantes de la escuela soviética y del mismo “Bobby” Fischer. Grau inicia en 1935 la segunda época de El Ajedrez Americano, esta vez en compañía de Palau. Por su parte, la editorial Grabo, ya sin Grau, le presenta competencia, a partir de 1937, con su revista Caissa (activa hasta 1955), bajo dirección de Ellerman, y publica los libros Caro-Kann estudio razonado de las aperturas de Reca y Aperturas, el gambito de la dama de Palau, entre otros, al tiempo que ofrece en su librería especializada relojes, tableros, juegos, planillas, medallas y toda clase de objetos relacionados con la práctica ajedrecística. Por su parte, las editoriales Sudamericana y Piatti publican en 1941 y 1946, respectivamente, libros de la alemana Sonja Graf, los primeros escritos ajedrecísticos publicados por una mujer en castellano: Así juega una mujer! y la dramática autobiografía Yo soy Susann. En 1947, la FADA decide inaugurar la segunda época de la revista El Ajedrez Argentino, ahora comandada por Karel Skalička, Ellerman y Luis Marini. A lo largo de una década, que coincide con la que es considerada la época dorada del ajedrez nacional, y desde su redacción ubicada en la sede de la AFA, en una extraña asociación con el fútbol, la publicación cubre las gloriosas actuaciones olímpicas del país (triple subcampeón en los años cincuenta), los encuentros Reshevsky vs. Najdorf y Unión Soviética vs. Argentina, y los torneos nacionales y los internacionales de Mar del Plata. Esta añorada era asiste también al surgimiento de la mítica revista Ajedrez, en 1954, con dirección de Palau, primero, y de Normando Ivaldi, después, un clásico que dejará de aparecer en 1981 tras el cierre de la Editorial Sopena. Esta casa editora, nacida en 1925, tuvo un nutrido vínculo con el juego desde que reeditó en 1939 el primer tomo del compendio de Grau y emprendió luego la edición de los tres tomos restantes. Bajo su égida, y dentro de una extensísima nómina, vieron la luz El ajedrez como yo lo juego de Paul Keres, Partidas clásicas de Capablanca de Paulino Alles Monasterio y Gideon Ståhlberg, además de decenas de otros títulos, de setenta y ocho cuadernos teóricos y treinta y ocho suplementos de competencias, incluida la cobertura del match por el título mundial de 1927. Otro gran proyecto editorial fue el del argentino Milcíades Lachaga, quien publicó vocacionalmente, entre 1946 y 1990, unos ciento cincuenta trabajos y libros de torneos, entre ellos los referidos a las Olimpíadas de Buenos Aires de 1939 y 1978. En los años 1953 y 1954 salieron publicados los dos tomos de 15 aspirantes al título mundial, una joya de Miguel Najdorf (El Ateneo) que incluía las partidas comentadas del gran certamen de Zúrich en 1953. Su redactor, un por entonces joven ignoto llamado Zoilo Caputto, publicaría años más tarde dos obras extraordinarias: El torneo del siglo (Píder, 1970) y el monumental El arte del estudio (edición del autor, 1990), cinco tomos en los que recopiló, en un trabajo que se prolongó durante veinte años, composiciones artísticas de todos los tiempos del ajedrez y del shatranj, su antecesor árabe. Este texto y el de Grau pueden y deben ser considerados las cumbres nacionales en materia de divulgación, tanto por su calidad como por su proyección internacional. Si bien hubo y probablemente habrá otras revistas especializadas, en la capital y en otros puntos del país, la última gran revista longeva que resta mencionar es Ajedrez de estilo, publicada entre los años 1982 y 1997. ¿Es posible trazar una correlación entre una divulgación potenciada y la fortaleza del ajedrez competitivo de un país? En una mirada retrospectiva podemos advertir que la pujanza de la bibliografía técnica es coincidente con los mejores años deportivos del ajedrez argentino. Más aún si se suma al análisis lo sucedido en cuanto al tratamiento en los diarios de circulación nacional. En épocas de auge, los medios masivos más importantes, La Nación, Crítica, La Razón, La Prensa y Noticias Gráficas tenían columnas de ajedrez; en ellas se llegó a contratar a figuras internacionales de la talla de Alekhine, Capablanca y Tartakower. En La Nación, la columna “Frente al tablero”, dirigida por Grau, Carlos Portela y Julio Bolbochán, obtuvo en ocasiones hasta una página completa; las coloridas crónicas de Najdorf en Clarín son recordadas con fervor. En cambio, hoy en día las coberturas en diarios nacionales son más bien esporádicas o marginales. Las revistas internacionales especializadas ya no pueden conseguirse en kioscos, como otrora, y las argentinas impresas tampoco existen: han sido reemplazadas por sitios web generalmente dependientes de esfuerzos no siempre sistemáticos. En materia de libros se produjo en los últimos tiempos, sin embargo, una explosión; han surgido obras biográficas —como Najdorf x Najdorf, escrito por su hija Liliana y La primera vida de Miguel Najdorf de Gabriel Siegel, Panno magistral, de Enrique Arguiñariz, Erich Eliskases, caballero del ajedrez, de Guillermo Soppe y Raúl Grosso—. El aspecto histórico también ha sido abordado en varias obras, como Historia del ajedrez argentino, gigantesco esfuerzo de recopilación de José Copié, Historia del ajedrez, de Gabriel Gómez, la colección olímpica editada por el Senado de la Nación o la obra histórica de Juan S. Morgado. También se aprecian textos pedagógicos y escolares (Mis primeros pasos en ajedrez de Marina Rizzo; los de Gustavo Águila y Marcelo Reides, entre otros) y esfuerzos informativos sobre el presente en la red, con publicaciones de inevitable consulta, como la del recordado Roberto Pagura. Es importante señalar el caso de meritorios mecenas editores, como Miguel Pintos y Eugenio Píder, y la esforzada colección de pequeños tratados de Héctor Álvarez Castillo. Grandes ajedrecistas o amantes del juego, de ayer y de hoy, asumieron también el rol de escritores: Oscar Panno —con su gran obra didáctica Ajedrez con Panno—, Carlos Guimard, Jaime Culleré, Guillermo Puiggrós, Aníbal Aparicio, Sergio Slipak, Diego Valerga, Alejo de Dovitis, Gustavo Perednik, Tito Gurbanov, Pablo Barrionuevo, Miguel Soutullo, Jorge L. Fernández, Moisés Studenetzky, Nicolás Capeika… Las resonancias del ajedrez en el mundo editorial y periodístico han contribuido a la formación de jugadores, aficionados y curiosos, a partir del esfuerzo personal de sus animadores por sistematizar y difundir la disciplina. Un impulso que, confiamos, aún tiene capítulos por venir.

Por Sergio Ernesto Negri y Juan Sebastián Morgado

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