HÉROES E IDEALES

Así exalta a un puñado de grandes hombres como los constructores de la Argentina, entre los cuales se destacan: Bernardino Rivadavia, Domingo Faustino
Sarmiento y el propio Bartolomé Mitre.
En ese panteón aparecen también, pero previamente deformados y vaciados de su auténtico contenido: José de San Martín, Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan Bautista Alberdi.

La iconografía oficial junta los retratos de unos y otros como si hubiesen compartido proyectos y amistad. No fue así. San Martín y Rivadavia se odiaban. También Moreno era anti-rivadaviano. Y el mismo sentimiento de odio existía entre Mitre y Alberdi.
Los grandes hombres habrían hecho la historia argentina. Fueron artífices de
una Argentina blanca, europeizada, desvinculada del resto de América latina, construida a través de un proceso resistido por las masas “bárbaras” y sus caudillos, quienes no comprendieron la necesidad del “progreso y la civilización” que permitiría asemejarnos a los grandes países del mundo (el lema de Sarmiento: “civilización o barbarie”).

En esta línea, son paradigmas los políticos y gobernantes amigos de los ingleses Rivadavia y Mitre- mientras, resultan representantes del atraso histórico
aquellos que se les opusieron -los caudillos federales en sus diversas expresiones: Juan Manuel de Rosas, Juan Facundo Quiroga, José Gervasio Artigas, Angel Vicente Peñaloza y Felipe Varela.
Los primeros, pasarán a los cuadernos escolares, con las figuritas recortadas de la revista “Billiken” y vestirán las paredes de las aulas. Los segundos execrados -Rosas y Quiroga- despreciados -Artigas-, u ocultados -Varela-.

De esta forma, el pueblo, los caudillos, las “chusmas” resultan el antiprogreso,
lo irracional, lo ignorante, lo reaccionario, lo antidemocrático.

Así, la historia se hace política, instrumento fundamental en la lucha de la clase oligárquica contra las clase
Norberto Galasso

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